Andrea Revuelta salió del Augusta National con los ojos húmedos, la voz tomada y una certeza muy clara. Ningún reproche al segundo puesto, ni siquiera al ‘robo’ que le hizo el hoyo 12. Las emociones que vivió en la última ronda del ANWA están muy por encima de cualquier otra cosa. Es un día que recordará toda su vida. “Estoy muy orgullosa de mí”, resumió la madrileña, todavía con la tensión de una semana que se puede hacer muy dura.
Revuelta no le prestó demasiada atención al segundo puesto. No hubo lamentos por ese lado. En ningún caso quiso medir su torneo únicamente por el resultado. Su lectura fue otra. Más profunda. Más pegada a lo vivido. “Esta semana ha sido de diez y medio; once habría sido ganar, pero ha sido un diez y medio”, explicó. No lo dijo por decir. Lo sostuvo con argumentos muy concretos: “Cómo lo he vivido, cómo me he preparado, cómo he salido al campo y he dado lo mejor de mí, he seguido luchando hasta el último momento…”. Pues eso, orgullo.
La vuelta final le dejó una secuencia que ya queda grabada en su cabeza y que podrá contar a sus nietos. Después de un bogey en el hoyo 10, cuando parecía que ya decía adiós al torneo, Andrea se coronó como la reina del Amen Corner. Reaccionó con tres birdies seguidos. Embocó un gran putt en el 11, se quedó a una fatídica corbata del hoyo en uno en el 12 y remató con otro birdie en el 13. Más allá de lo que pasara después, la madrileña ya había conquistado Augusta.
Especialmente lo que pasó en el 12. El golpe del día y a punto de ser el golpe de toda una vida. “La bola salió de la cara del palo y pensé: es perfecta, va, va, se va a meter, se va a meter, no me lo puedo creer… y luego hace corbata”, relató emocionada como si lo estuviera viviendo de nuevo. Se le escapó por nada. Por milímetros. Por uno de esos caprichos del golf. Tocó el borde izquierda y giró 90 grados a la derecha.
Y precisamente por eso, porque lo vivido pesó más que el dato frío del marcador, Andrea dejó una de las frases del día. “No pienso en el segundo puesto. Si me dices que he quedado quinta, estoy igual, o décima”, señaló. Y remató con una idea que define muy bien lo que se lleva de esta semana: “Cuando mire atrás dentro de cinco años no voy a decir: ‘Uy, quedé segunda’. No. Voy a decir: ‘Me hizo corbata en el doce y logré un birdie en el once’. Voy a recordar esas cosas, no voy a decir que he quedado segunda”.
Revuelta le pedía magia a Augusta y vaya si la tuvo. La vivió en sus propias carnes. “Hoy he jugado con escalofríos en el cuerpo los 18 hoyos”. El primer tee, el ambiente, los golpes buenos, la reacción del público… iba casi en una nube. “La gente te eleva, vive el momento contigo y eso es una pasada. El público aquí es casi un jugador más”.
De hecho, una parte importante de su emoción viene también de ahí. Del sentido que le da a semanas como esta. Es increíble que aún no haya terminado la carrera y ya esté pensando en el legado, pero así funciona las maduras cabezas de esta espectacular generación de golfistas españolas. “Me ilusiona muchísimo que una niña me vea y diga: ‘Jo, yo quiero estar ahí algún día’”, dijo. Revuelta puso en valor el torneo, el apoyo de Augusta National y de los patrocinadores y la dimensión que tiene para el crecimiento del golf femenino. No habló solo de ella. Habló de lo que viene detrás.
También dejó claro que esta experiencia no cambia su hoja de ruta. Le da energía, sí. Muchísima. Pero no le altera los planes. Seguirá en Stanford y terminará la carrera. “Para mí la educación es súper importante”, subrayó. Antes, eso sí, quiere seguir aprovechando el impulso de Augusta. “Me da mucha energía para seguir luchando y seguir dándome estas oportunidades para poder vivir estos momentos más veces”.
Revuelta no salió de Augusta con el gesto de quien lamenta una ocasión perdida, sino con el de quien ha entendido que está donde quería estar y que puede volver. “Me da esperanza y confianza en que lo que estoy haciendo es lo correcto”, admitió. Ganar, recordó, exige mucho y también “un poco de magia”. Esta vez, sintió la magia de otra manera. Ya le tocará a ella. Dos años seguidos jugando el último día con la ganadora del ANWA sólo le da más hambre para el futuro.



