Masashi “Jumbo” Ozaki, considerado durante décadas el gran rostro del golf japonés, ha fallecido esta semana a los 78 años, víctima de un cáncer de colon. El Japan Tour (JGTO) confirmó la noticia y, posteriormente, la familia lo comunicó de manera oficial.
Hablar de Ozaki es hablar del auge del golf masculino en Japón. Fue el jugador que convirtió el circuito doméstico en un fenómeno de masas, el campeón que ganó tanto y durante tanto tiempo que su palmarés acabó funcionando como una frontera: antes y después de Jumbo. Su figura trascendió los resultados; era potencia, carácter y espectáculo. El apodo no era casual: con más de 1,80 de estatura y un driver que parecía hecho a su medida, el “Jumbo” simbolizaba una forma de jugar y de entender este deporte.
Del béisbol al golf: el giro que lo cambió todo
Su historia, además, tiene un punto casi novelesco. Antes de ser el dominador del Japan Tour, Ozaki fue pitcher. Brilló como lanzador en categoría escolar y llegó a firmar como profesional con los Nishitetsu Lions. A finales de los 60 dejó el béisbol y, todavía joven, decidió apostar por un camino que entonces no tenía ni de lejos la dimensión actual en su país: el golf.
Se hizo profesional en 1970 y el éxito no tardó en aparecer. A partir de ahí, su carrera se transformó en una sucesión de temporadas imposibles de igualar, con una regularidad propia de otra época: ganar, ganar y volver a ganar. Ya ven, se adelantó a Luis Aragonés.
El récord que define una era: 94 victorias en el Japan Golf Tour
En el Japan Tour dejó un registro que sigue siendo el tope histórico del circuito: 94 títulos, más que ningún otro jugador. A lo largo de casi tres décadas acumuló triunfos en todo tipo de escenarios, con una relación especial con los campeonatos grandes del calendario japonés: cinco Japan Open y seis Japan PGA Championship.
Pero quizá el dato que mejor define su dominio sea el de la lista de ganancias: Ozaki terminó 12 veces como número uno del money list. Y lo hizo, además, demostrando una longevidad que asombra incluso hoy: siguió siendo una referencia competitiva cuando muchos rivales ya habían bajado el ritmo o cambiado de objetivos.
Fuera de Japón: respeto y momentos grandes
Aunque su leyenda se construyó sobre todo en casa, Ozaki también dejó su huella internacional. Jugó más de 80 torneos del PGA Tour y participó en 49 grandes, con varios resultados que explican por qué siempre fue respetado fuera de Japón pese a no levantar títulos en Estados Unidos.
En majors firmó top 10 en tres de los cuatro: Masters, US Open y The Open. Su mejor resultado en un grande llegó en el U.S. Open de 1989, donde terminó muy cerca del campeón. En 1996, ya con 49 años, alcanzó el Número 5 del ranking mundial, una cifra que habla de su dimensión real en el panorama global. Ese mismo año formó parte del equipo Internacional en la Presidents Cup.
La “AON” y el legado: el golf japonés no se entiende sin él
En Japón, Ozaki formó parte del trío que marcó una época: junto a Isao Aoki y Tsuneyuki Nakajima, construyó el relato de la gran edad dorada del golf masculino del país. Rivalidades, campos llenos, una cultura popular alrededor del golf y una generación completa que creció con sus nombres como referencia.
Su influencia fue mucho más allá de su propia carrera. El JGTO lo definió como una figura “irreemplazable” para entender el golf japonés presente y futuro, y esa frase resume bien el sentimiento general: Ozaki fue pionero, icono y espejo. Años después, cuando Japón celebró conquistas históricas como la victoria de Hideki Matsuyama en el Masters, el propio ecosistema del golf japonés volvió a mirar hacia atrás para recordar quién abrió el camino del sueño internacional.
Ozaki ingresó en el World Golf Hall of Fame en 2011, un cierre simbólico para una trayectoria que, en términos de impacto local y continuidad competitiva, resulta difícil de comparar.



