Inicio Grandes Circuitos La lluvia en Sevilla no es una maravilla… Y menos sin caddie

La lluvia en Sevilla no es una maravilla… Y menos sin caddie

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La jornada de hoy de la Final del Peugeot Tour en el club Zaudín sevillano ha resultado algo así como un cursillo acelerado de cómo jugar en condiciones muy complicadas de lluvia y viento. Agua, sobre todo agua. A las 9,30 ya estaba cayendo, y así durante más de seis horas. Sin parar. Y aún peor:  por momentos, llegaba a jarrear…

La única tregua que ha dado la jornada ha sido una temperatura estable y más bien templada dentro de la 'tempestad'. Dicho de otro modo: las manos no han llegado a quedarse tiesas, aunque todas acabaran algo entumecidas.

Antes de nada conviene aclarar que buena parte de los 52 jugadores están en Sevilla sin caddie. Y en días como éste, más que nunca, supone una desventaja no contar con semejante ayuda. Ya se sabe: se trata de organizar un pequeño vivac para el profesional antes de cada golpe. Una vez y otra, y así hasta setenta, o los golpes que se tercien. Un pequeño refugio en el que cuidar que el grip de los palos permanezca seco, igual que los guantes.

Al final todo se reduce a una ecuación muy sencilla que nos exponía el líder del torneo, Carlos del Moral (-9), que sí ha contado con el apoyo de Barry Cornwell, su caddie inglés: "cuatro manos secan y protegen del agua más que dos… Si tienes que estar aguantando el paraguas mientras secas los palos y te pones el guante… Al final falla algo".

Son jornadas muy interesantes, precisamente por el estrés que provocan en los jugadores.  "Hoy estoy más que encantado porque se ha comportado como un guerrero, que es lo que buscamos", nos decía sonriente y orgulloso Javier Otaegui, el padre de Adrían (además de su entrenador mental y su caddie en el Zaudín), una vez que el joven amateur (mañana cumple 18 años) entregaba una tarjeta de 70 golpes, una menos en el día. Como un guerrero: no es una mala filosofía de trabajo…

"Mi caddie ha llegado cuando estábamos en el hoyo 5. Y ya me parecía un mundo… Después todo me ha ido mucho mejor", señalaba Pablo Menjíbar (-6), otro de los que mañana puede asaltar el triunfo. Aclaremos que quien le está haciendo las veces de caddie es un empleado del club que tenía que atender sus obligaciones… No, no se había quedado dormido. Así son las cosas para muchos en el circuito nacional, magnífica academia de golf en bruto. La vida real.

Iñigo Urquizu (-6), sin embargo, se ha mantenido arriba, incólume, sin la ayuda de caddie. Estaba roto una vez entregó la tarjeta. Pero feliz.  "Las dos toallas que llevaba han llegado caladas al final. Menos mal que en los últimos hoyos ya ha parado la lluvia. Me he llegado a poner el guante de 'rain grip', que a mí no me gusta demasiado… Curiosamente, ese guante necesita estar mojado para agarrar bien, y justo cuando me lo he puesto ha dejado de llover. Ya no sabía qué ponerme…"  Él también ha salvado el día con nota (70 golpes).  "En días así siempre fallas más golpes de lo normal, así que lo importante es hacer las recuperaciones. Me he hartado de hacer approach y putt… Todo ha salido bien".

Juan Antonio Bragulat (-7) aguardaba sonriente (67 golpes, magnífica ronda de golf) antes de atender a los medios, mientras una cortinilla de agua le resbalaba por la espalda desde un toldo que tenía justo encima… "Da igual, más no me puedo mojar hoy", sentenciaba.

El viento también se las traía… Potente y muy cambiante. Hubo quien pegó driver y hierro 3 en los hoyos 13 y 14, por ejemplo, y quienes pegaron driver-sand wedge en los mismos hoyos. Casi nada. El 18 se puso por momentos monstruoso. Que se lo pregunten a Raúl Quirós: driver perfecto y madera 3 desde 190 metros, para dejar la bola a tres metros de bandera. El gaditano ha dado hoy un clínic portentoso de cómo jugar con lluvia (y sin caddie) de tee a green, pero nada puede hacerse si rondas los 40 putts por vuelta. Terrorífico. "No hay nada peor en golf que eso: coger todos los greenes y hacer dos putts siempre y hasta tres cuando la has dejado un poco más lejos. Para pegarse un tiro…", comentaba durante el desarrollo mismo de la vuelta. No era para menos.