
El TPC Blue Monster desaparece. Al menos, tal y como lo conocemos hoy. El año que viene volverá a este escenario el WGC Cadillac Championship.
La ubicación será la misma, pero el campo se parecerá bien poco. El multimillonario Donald Trump, que adquirió la propiedad el año pasado, va a ejecutar algo más que una remodelación.
El lunes se levanta Doral y comenzará una reconstrucción a contrarreloj de la mano del arquitecto Gil Hanse, el mismo que ganó el concurso para construir el campo de los Juegos Olímpicos de Brasil y que aquí tendrá una gran prueba de fuego.
El objetivo de Trump es que el viejo Blue Monster, aquel que desafió a propios y extraños la primera vez que acogió un torneo del PGA Tour a mediados del siglo XX, con un parcial de 108 sobre el par sólo en el hoyo 18 durante los cuatro días de competición, vuelva a enseñar los dientes.
Las condiciones del campo, pese a todo, son espectaculares. No se crean que por ser el último año se ha escatimado en su preparación. Los greenes están sensacionales. Parece increíble que esto el lunes ya no vuelva a existir. Y más increíble aún resulta pensar que puedan llegar a tiempo para el próximo año.
En cualquier caso, el señor Donald Trump, que compró el complejo de Miami por una quinta parte de lo que le costó al anterior dueño, Morgan Stanley, apenas cinco años antes, ha puesto encima de la mesa una nuevo aliciente para todos los jugadores que están en Doral: ganar el último torneo en el viejo Monstruo Azul.


