Adriana García Terol es la jugadora más pequeña del Andalucía Costa del Sol Open de España. Apenas tiene 16 años, aunque aparenta alguno más por su madurez. Está jugando en Guadalhorce con una invitación más que merecida como campeona de España en 2025. Es de Barcelona y, más concretamente, de Sant Cugat. Allí, bajo la tutela de Marc Pérez Gelma, su caddie esta semana, lleva años modelando un swing que recuerda en cierto modo al de Hideki Matsuyama. Hace la paradiña y suelta el latigazo como un resorte a una velocidad endiablada.
Adriana sonríe cuando se le comenta el parecido. «Muchas gracias por la comparación, lo primero. Sí, es verdad que trato de centrarme mucho en el ritmo cuando pienso en el swing y busco esa sensación de casi pararme en lo más alto», asegura a Ten Golf al acabar la segunda ronda este viernes. Obviamente no se detiene del todo, como Matsuyama, pero lo parece. Es como el microsegundo de calma antes de desatar la tormenta. Dos días en el Open han sido suficientes para demostrarse que este es su mundo y que no está tan lejos de las profesionales. «De juego creo que estoy ahí más o menos, quizá la principal diferencia está en la toma de decisiones. Las profesionales son más seguras, fallan muy poco y cuando apuestan por un tiro se comprometen con él al máximo», asegura.
El golf corre a borbotones por sus venas. Sus padres, Alejandro y Susana, son golfistas… y muy buenos. Llegaron a estar en los equipos nacionales. En su casa se respira golf. Adriana tiene muy claro que quiere ser profesional. Las universidades americanas se la han rifado. No es para menos. Pedigrí español y encima campeona de España. Ha podido elegir entre Arizona State, Florida University, Florida State y Texas. Finalmente, se ha decantado por la última, cuna de Tom Kite, Ben Crenshaw, Jordan Spieth o Scottie Scheffler. Casi nada. Entre ellas tampoco han ido mal las cosechas, con jugadoras como Sherri Steinhauer o Besty Rawls, ganadoras de Grandes y miembros del Salón de la Fama.
La Universidad de Texas, los Longhorns, son una garantía de éxito. De golf van sobrados, pero académicamente también tiene mucho prestigio. Adriana se decidió casi más por lo segundo, ya que le gusta estudiar y quiere hacer la carrera de Business. Se incorporará tras el verano de 2027.
Las cosas no le han salido demasiado bien en las dos primeras rondas. No ha sido un desastre, ni mucho menos, pero ella se exige más. Es ambiciosa y le gusta competir con el cuchillo entre los dientes. En carácter ha salido a Jon Rahm. «Sí, es verdad, cuando las cosas no me salen bien o fallo un golpe me enfado. También tengo que ir puliendo esto, pero realmente me sirve, ese enfado me ayuda a reconcentrame y volver a sacar lo mejor», señala. Pues eso, lo mismo que le pasaba a Rahm… y aún le sigue pasando, aunque mucho más moderado.
Un ejemplo de este carácter fue lo que le ocurrió el jueves en la primera jornada. Estaba jugando el hoyo 8. Su tiro a green no fue el mejor y se le quedó un approach complicado. El árbitro le impuso un golpe de penalidad por juego lento (¡qué fácil es penalizar a los/las amateurs!). Terminó haciendo un cruel y doloroso triple bogey. Se enfadó y lejos de hundirse reaccionó como una jabata. Le dijo a Marc que iba a terminar la vuelta con varios birdies… y firmó cuatro, el primero en el hoyo 9, por si había alguna duda de lo bien que digiere también las dificultades a pesar de su juventud.
La paradiña de Matsuyama, el carácter de Rahm y la universidad de Scheffler. No tan mal para poner en el curriculum.



