Hace algo más de 22 años, María Hernández jugó su primer torneo como profesional. Fue el Open de España, tenía 17 años y acabó en el puesto 31º. Seis años más tarde, en 2009, se proclamó campeona individual de la NCAA. Era la segunda española de la historia en conseguirlo después de Azahara Muñoz. Ese mismo año jugó el US Open, su primer Grande. En 2010 ganó su primer y único torneo en el Ladies European Tour, en Eslovaquia. Ha competido durante cinco años en el LPGA Tour y ha disputado un total de 15 Grandes. Ahora tiene 39 años, está jugando el Andalucía Costa del Sol Open de España y anuncia mediante Ten Golf que ha llegado el momento de dar un paso al lado.
El palmarés, y alguna que otra cosa nos dejamos por no aburrir, es excepcional, aunque nadie duda de que hubiera sido aún mejor de no cruzarse en su camino en 2014 una devastadora bacteria china que consumió su cuerpo. Desde entonces, la golfista de Pamplona, culé por los cuatro costados y dueña de Rossi, una maravillosa pastora suiza, ha emprendido una lucha estajanovista por recuperar su mejor nivel. Se ha dejado hasta el último gramo de su ser en el intento. No ha escamoteado ni una hora de trabajo. Es conocida como la José María Olazábal del golf femenino. Bolas, bolas y más bolas. Sesiones eternas en el putting green y de juego corto. Siempre la primera en llegar al campo de prácticas y la última en irse.
María Hernández se ha ganado el derecho a decidir y su decisión es que ha llegado el momento de dar un paso al lado en el golf profesional. No salta del barco, la seguirán viendo en torneos, pero lo va a afrontar de otra manera y, sobre todo, da por cerrada una etapa. Va a jugar lo que pueda, le apetezca y con mucha calma, sin salir de Europa. «Sé que el dinero está en Australia, Sudáfrica y demás, pero se acabaron los viajes. No me apetece. Yo nunca he jugado al golf por dinero. Lo he hecho porque lo disfruto y porque me encanta la competición. Por suerte, estoy en un momento de mi vida que no necesito el dinero y eso me permite hacer lo que me apetece. No voy a dejar de jugar, pero se acabó eso de jugar 20 torneos o más por año. Esa etapa está cerrada», asegura.
La navarra ha tomado la decisión con todas las de la ley. De hecho, este año va a perder los derechos completos del Ladies European Tour y no se va a presentar a la Escuela para recuperarlos. Se conforma con la categoría que tiene más los torneos que pueda jugar por la lista histórica de ganancias. «No sé ni cuántos campeonatos van a ser. Me da igual. Mucha calma. Si son dos, bien. Si son diez, bien. Tranquilidad. Ahora necesito parar. ¿El Santander Tour? Ya veré, sobre la marcha, si me apetece jugar lo haré y si no, no. Quiero que llegue mañana, colgar los palos, descansar, estar en casa y tener calma. Lo necesito para volver y seguir entrenando», afirma a Ten Golf.
María está en paz y con la conciencia muy tranquila. «Yo ya he hecho mi carrera deportiva y ahora me toca disfrutar de donde estoy, de mi casa, de la calma. Ni siquiera una victoria me cambiaría mi forma de ver las cosas. Yo ya estoy a lo que estoy, disfrutando de mi casa y haciendo lo que me apetece», apunta. María no puede reprocharse nada. Simplemente, el tanque ya no está repleto de energía como antes. «Hay un momento en el que hay que decir ya está, hasta aquí hemos llegado. Creo que lo he dado todo. He tenido una carrera larga con altibajos, problemas de salud, pero lo he disfrutado. Ha pasado de todo. Días en que me he cagado en todo y diciendo qué hago yo jugando, pegando bola, pero lo he disfrutado», asegura con la emoción vislumbrándose en si mirada.
Eso sí, cuidado, es María Hernández y no va a cambiar su manera de ser ni de entender el golf y el deporte. «Yo voy a seguir trabajando a tope. Lo voy a dar todo. Lo que juegue lo quiero jugar bien y quiero competir. Aún tengo golf para jugar y disfrutar». De hecho, tiene perfectamente identificado lo que ha fallado este año y en cuanto pasen unas semanas de necesario reseteo, se va a poner manos a la obra. «El problema de este año (en 2024 fue octava en el orden de mérito) ha estado en el juego corto. Cien por cien. Siento que no puedo fallar green porque empiezo a hacer algunas barbaridades, números altos, número que yo no hago. Todo eso ha metido mucha presión al juego largo y ahí ha venido todo. He tratado de arreglarlo, pero no he encontrado la manera. Seguiré buscando la solución», explica.
No hay plan B a la vista. Se lo puede permitir. Se lo ha ganado. «Sólo haré otra cosa si me apetece mucho». Pues claro que sí, María, te has ganado la libertad de poder hacer lo que te dé la gana. «Me toca», termina la charla. Óle.



