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Declaraciones completas de Anthony Kim tras lograr el regreso a LIV por la Escuela

Orgullo, ambición y recados: «Me alegra poder restregar esto, pronto volveré a ganar torneos»

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Anthony Kim ya tiene lo que venía a buscar. Un espaldarazo a su largo y complejo viaje de regreso. Una nueva oportunidad para volver a jugar en LIV Golf tras superar el exigente filtro de las LIV Golf Promotions disputadas en Black Diamond Ranch (Florida). Esta oportunidad se la ha ganado,. No ha sido a dedo. Es otra historia.

El estadounidense, de 40 años, certificó su vuelta con una semana de máxima tensión y una rueda de prensa posterior cargada de sinceridad, orgullo y un punto de desafío: “Hay mucha gente negativa ahí fuera… me encanta escucharlo. Me alegra poder restregárselo. Volveré pronto y volveré a ganar torneos de golf”.

“Hay mucha gente negativa ahí fuera… me encanta escucharlo. Me alegra poder restregárselo»

Kim se ha ganado la plaza, lo cual, obviamente le hace rebosar orgullo: “Hay una satisfacción enorme. Seguro que lo asimilaré más tarde, quizá esta noche mientras me tomo un té helado. Pero significa muchísimo para mí”.

Las LIV Golf Promotions son una especie de prueba de supervivencia, con dos cortes, puntuaciones que se reinician y tres plazas a repartir. Kim se aseguró una y, con ello, mantiene viva una historia que parece escrita a base de increíbles giros de guion: doce años fuera del golf profesional, coqueteando con la muerta, su reaparición, sus vueltas muy altas y la pérdida de los derechos al final del curso… Ahora llega el regreso por la vía más dura.

“En 36 hoyos necesitas que la suerte te acompañe un poco”

Al estadounidense no le va a resultar fácil procesar lo que acaba de conseguir. Así lo admitía él mismo. «Me siento genial. Aún no sé muy bien lo que supone todo esto porque aunque jugué más o menos bien, en un formato de 36 hoyos también necesitas que la suerte te acompañe un poco”, explicó. “Estoy contento de haberme puesto en la posición correcta y de haber tenido margen al final”.

Esa referencia al “margen” conecta con lo que ya había vivido durante la semana: el viernes, sin ir más lejos, tuvo que meter un putt en el hoyo 18 para seguir vivo y alcanzar el fin de semana. Una muestra más de que la Escuela de LIV no perdona. Eso le confiere aún más mérito.

El hoyo 14 y el golpe que “no se puede practicar”

El momento que simbolizó el pulso mental que libró en la última jornada, Anthony lo situó en el hoyo 14, en una posición extraña y comprometida, con la bola en una posición fea. “Mi caddie dijo que estaba como a dos palmos del búnker. Yo esperaba al menos tener postura y, por desgracia, no pude”, relató.

A partir de ahí llegó la improvisación. Dudó entre varios palos y tipos golpes. Incluso valoró chipear con una madera 5. Hasta que se obligó a decidir: “Me dije: deja de pensarlo tanto, sé atlético, resuélvelo… Cogí el hierro 8 y listo”. El resultado no fue bueno —la bola golpeó un rastrillo y se quedó bastante corta—, pero el detalle importante llegó después: “Sentí que si metía ese putt, podía cambiar totalmente la inercia. Me concentré y lo embocé”. La salvada de la semana.

Sobre ese tipo de situaciones, dejó una gran reflexión. Divertida. “No hay manera de practicar ese golpe. Si estás practicando ese golpe, tienes que dejarlo”. Risas en la sala. Puro instinto.

“No hay ‘momentos destacados’ todavía. Quiero ganar”

Pese a lo simbólico del regreso, Kim se negó a celebrarlo como si hubiera llegado a una meta. Al preguntarle si era el punto culminante de su vuelta a la élite, fue tajante: “No diría que haya momentos destacados todavía. Estoy trabajando para eso”.

¿Y qué sería un momento destacado para él? “Ganar torneos. Para eso estoy aquí. Por eso entreno. No estaría aquí intentando mejorar un 1% cada día para acabar tercero o décimo. Ese no es mi objetivo”. Y remató con una mentalidad competitiva que explica su insistencia: “¿Qué tengo que perder?”.

«Si hiciera esto por diversión, quizá tendría que volver a un centro de rehabilitación”

Incluso, cuando le plantearon si habría retomado el golf por puro entretenimiento, su respuesta fue contundente: “No. Este juego es muy difícil si no practicas y me cansé de hacer números grandes. Si hiciera esto por diversión, quizá tendría que volver a un centro de rehabilitación”.

Fe, sobriedad y una frase que lo explica todo

La parte más personal de su comparecencia llegó cuando habló de la vida fuera del campo. Kim explicó que encontró fe durante la rehabilitación y mientras se ha mantenido sobrio. Ese camino lo ayudó a reencontrarse con el golf de otra manera: “Parte de mi rehabilitación era salir fuera, disfrutar del tiempo y estar en la naturaleza. Pasar tiempo con mi mujer y mi hija fue clave para volver al juego”.

“Hace tres años los médicos me dijeron que potencialmente me quedaban dos semanas de vida. Así que estar aquí, delante de vosotros, es una bendición”

Lo ha dicho en otras ocasiones, pero no deja de sonar con fuerza su historia más reciente. “Hace tres años los médicos me dijeron que potencialmente me quedaban dos semanas de vida. Así que estar aquí, delante de vosotros, es una bendición”. Y volvió a la ambición: “Estoy muy agradecido por esta oportunidad de mostrar en lo que soy mejor… y ojalá pronto esté levantando un trofeo”.

“Pego parecido, pero ahora todos pegan más”

También hubo espacio para lo puramente deportivo y técnico. Preguntado por la distancia, Kim aseguró que golpea “más o menos lo mismo” que hace 15 años, pero admitió el cambio de época: “Los otros han ganado distancia por la tecnología”. Su ventaja histórica, explicó, era “pegarla en el centro de la cara”, algo que hoy pesa menos: “La tecnología ha hecho que muchos no tengan que pegarla tan centrada… y eso significa que estoy más atrás que los demás”.

Eso sí, dejó claro dónde cree que compite con quien haga falta: “Chipeo y pateo tan bien como casi cualquiera. Si llego al green, tengo una oportunidad”.

Un regreso ganado a pulso

El regreso de Anthony Kim a LIV Golf no llega esta vez por invitación ni por marketing: llega por clasificación, por aguantar el formato, por sobrevivir al corte y por cerrar el trabajo cuando tocaba. Él lo resumió sin maquillaje y, fiel a su estilo, con el último dardo reservado para quienes lo dieron por terminado: “A los que no creen que pertenezco aquí… ahora se lo pueden comer”.