Bryson DeChambeau ya mira de frente al Masters de Augusta. El estadounidense llega a esta fase de la temporada en un momento de crecimiento, reforzado además por su reciente victoria en Singapur, pero con la sensación de que todavía tiene margen de mejora en un aspecto muy concreto de su juego: los wedges. Ahí está ahora mismo buena parte de su obsesión competitiva, de su trabajo diario y también de su esperanza de presentarse en el primer major del año con una versión aún más completa de sí mismo.
El capitán de Crushers GC habló largo y tendido en la previa del LIV Golf de Sudáfrica sobre Augusta, sobre cómo está preparando el asalto a la Chaqueta Verde, sobre el minucioso proceso de ajuste de su material y hasta sobre su visión del calendario internacional y del futuro del golf. Y, como casi siempre ocurre con DeChambeau, dejó titulares, reflexiones y una buena dosis de profundidad técnica.
De entrada, Bryson no escondió cuál es el gran punto de atención en estas semanas previas al Masters. El driver está respondiendo, los hierros van por buen camino y el putt también le transmite confianza. Por eso, su foco está ahora en esa parcela intermedia del juego que tantas veces decide un major: «Sí, sé que tengo que afinar mis wedges. Eso va a ser algo muy importante para mí. Estoy empezando a pegar bien con el driver, empezando a pegar bien los hierros, pateando realmente bien…».
«La última clave para mí son los wedges, y esta semana he estado probando una bolsa entera de wedges, distintos suelos, distintos pesos, distintas varillas, distintas longitudes, de todo, haciendo un poco lo que hice en 2023 cuando estaba probando un montón de drivers a final de ese año y luego encontré el driver que sigo usando hoy. Espero encontrar lo que funciona y que siga funcionando. Ayudó la semana pasada, pero esta semana las condiciones son un poco diferentes también. Está blando, como la semana pasada, pero distinto. Augusta va a ser diferente. Estoy realmente centrado en dejar bien ajustado mi material», detalló
No es una frase menor. En el caso de DeChambeau, hablar de material no significa solo cambiar un palo o probar una sensación distinta. Significa entrar en un laboratorio permanente donde analiza peso, rebote, longitud, varilla, fricción, formas y comportamiento del césped en el impacto. Todo orientado a una misma meta: llegar a Augusta con la herramienta exacta para ejecutar los golpes que exige un campo tan especial.
Su explicación sobre ese trabajo con los wedges fue una auténtica radiografía de cómo procesa el golf desde dentro. Muy pocos jugadores verbalizan con tanta transparencia y tanto detalle su relación con el material y con la técnica: «Es una gran pregunta. Tiene mucho que ver con el punto de impacto y con cuánta hierba se mete entre la cara del palo y la bola, y con mitigar eso, gestionar ese impacto. Y la forma en la que gestionas ese impacto depende de lo blando que esté el suelo. Si se hunde mucho en el terreno, si no, si rebota en el suelo como en Australia, donde el terreno estaba muy duro, así que rebotaba rápido. Entonces podía dejarlo bastante detrás de la bola y golpear bajo en la cara. Si aquí está blando, golpeas justo en el mismo sitio y se mete por debajo; golpeas alto en la cara y sale con más spin y más corta y más muerta».
«Así que intento encontrar un ‘bounce’ que me funcione, en primer lugar, que juegue como en condiciones firmes, porque siempre he jugado bastante bien en condiciones firmes. Estoy aprendiendo de estos chicos. Veo cómo golpean, veo lo que hacen y estoy aprendiendo mucho de mi equipo, aunque no necesariamente les pregunte porque están cansados de que les pregunte por los wedges. Simplemente me dicen: vete a wedges más cortos y a palos normales, lo cual he probado, y aun así sigo siendo malo con eso», detalló.
«Pero te diré que es bueno ver cómo golpean la bola, la inclinación hacia delante de la varilla y dónde impactan en la cara, porque eso es importante. Así que creo que la altura del borde de ataque respecto al ‘bounce’ es muy, muy importante dependiendo de lo blando que esté el césped. Creo que la fricción de la superficie de la cara es realmente importante, lo rugosa que puede llegar a ser. Curiosamente, cuando la cara se vuelve más rugosa, en realidad empieza a girar menos a partir de cierto punto, hasta el límite legal. Y luego, una vez que pasas el límite legal, empieza a girar más y más. Hay como una curva de campana con eso. Es bastante salvaje», profundizó Bryson.
«Luego puedes tener escenarios en los que la cara está súper lisa y entonces se moja y resbala y no gira nada, y tiene que girar. Por desgracia, fallo bastante los wedges, quizá porque no tengo la configuración correcta de ‘bounce’. Quizá la forma del ‘grind’ es un poco diferente. Estoy probando unos wedges nuevos. Tienen casi una especie de burbuja en la suela y me ha estado ayudando bastante. Me ayudó la semana pasada. Tenemos un poco más de peso en la cabeza de los wedges. Estamos eliminando cosas que no me han funcionado, ya sea una varilla más blanda, wedges más cortos, un tipo de ‘torque’ diferente en la cabeza para el contacto, distintos tipos de ‘grind’, cabezas más ligeras, sin estrías a con estrías, fricción en las estrías… Estamos repasando todo lo posible e intentando aislar los mayores problemas de mi juego de wedges y eliminarlos tanto como podamos para que yo pueda ser… demonios, si soy un 5 por ciento más consistente, tengo mejores opciones de las que tuve el año pasado en el Masters«, concluyó sobre su análisis.
«Tomé el último Masters como una oportunidad para aprender a convertirme en un mejor jugador de hierros y de wedges. Siento que casi todo estaba ahí. Solo un par de ajustes finos y seguir golpeando la bola como lo he hecho, y ojalá me dé una buena oportunidad», resumió. Es decir, DeChambeau no está rehaciendo su juego. Está puliéndolo. Está buscando pequeños márgenes de mejora que, en un campo como Augusta National, pueden marcar la diferencia entre quedarse cerca o ponerse realmente en disposición de ganar. Y ese matiz es importante: él siente que gran parte de la base ya está construida.
Su discurso sobre el Masters también incluyó una reflexión más amplia sobre el proceso competitivo. En su caso, cada victoria no es un punto de llegada, sino casi una excusa para seguir buscando respuestas. El estadounidense explicó cómo transforma cada torneo en aprendizaje útil de cara a los grandes objetivos de la temporada: «Es brutal ir cambiando de zona horaria en zona horaria, pero como profesionales eso es lo que tenemos que hacer. A veces tenemos que aguantarnos y pasar por momentos de cansancio y de que el cuerpo no se sienta bien. Eso forma parte del trabajo. Estamos llamados a hacer eso».
«¿Cómo me mantengo motivado cada semana? Es un viaje personal. Siempre estoy tratando de mejorar mi propio juego en cualquier faceta, ya sea un poco más en el putt, empezarla más en línea de forma más consistente, dejar los wedges más cerca, pegar mis hierros, iniciar la bola un poco mejor en mis líneas… Es simplemente un viaje personal en el que intento mejorar cada semana. Da igual que ganara la semana pasada, ya estoy pensando en la siguiente. Lo valoro, lo respeto, tengo grandes momentos que se han construido a partir de eso y aprendo de esa carga emocional bajando por el hoyo 18 y sintiendo esos momentos, y cómo controlarlo tanto como pueda; la angustia de tirarla al agua y pensar: mmm, igual no gano. Pero luego volver a establecer en mi cabeza que todavía puedo hacer el par. Superar esos bloqueos mentales a veces cuando te sientes incómodo en un golpe desde el tee. Todas esas son cosas que recojo y simplemente intento construir sobre ellas para las semanas que vienen, para la temporada de majors, para cualquier cosa que esté intentando crear, incluso si es para un vídeo de YouTube. Sigo intentando ser una mejor versión de mí mismo», profundizó.
«Creo que tener el objetivo de ser la mejor versión de mí mismo es realmente lo que me mantiene en marcha. Es curioso, en Hong Kong estaba tan frustrado después de jugar allí como lo hice. Dije: ‘ya basta, tengo que cambiar algo. Algo tiene que cambiar’. Y, efectivamente, la semana siguiente voy, juego bien y gano. A veces eso es justo lo que hace falta: una patada en el culo, concentrarte un poco más, ajustarte y exigirte a ti mismo a veces. No siempre es bonito, pero es una situación que a veces todos los profesionales experimentamos. Es como: vale, ha llegado el momento de meter una marcha más, ya basta. Así que creo que es más un viaje personal que cualquier otra cosa», se sinceró.
En esa misma línea de pensamiento, Bryson también dejó una reflexión muy interesante cuando le preguntaron cómo reorganizaría el golf internacional si estuviera en su mano. Su respuesta no fue tanto una propuesta de calendario cerrado como una declaración de principios sobre el tipo de producto que, a su juicio, puede hacer crecer de verdad este deporte. Para DeChambeau, el gran recorrido de futuro está en potenciar el golf por equipos y convertir esas rivalidades en un espectáculo reconocible y atractivo para públicos mucho más amplios: «¿Qué me gustaría implantar en el calendario del juego del golf? Sí creo que hay una oportunidad en el futuro para que el golf por equipos esté cerca de la primera línea del golf, junto con los majors y todo eso. Creo que en algún momento podemos acercarnos. Nunca será un major, obviamente, pero tener rivalidades de golf por equipos, ya sea solo Crushers contra Southern Guards o lo que sea, es genial, pero imagina un escenario en el que nos enfrentamos a Jupiter Links en un espectáculo de 18 hoyos, cuatro contra cuatro, enfrentándonos unos a otros en un show de Netflix o lo que sea, o quien quiera producirlo».
«Creo que hay muchas oportunidades para que equipos se enfrenten a equipos en el futuro, y eso podría ser un gran momento para hacer crecer el juego, con gente que nunca ha jugado viendo eso y enganchándose. Quizá nunca jueguen al golf, pero lo ven, igual que el fútbol americano. Oí una estadística la otra semana: el fútbol americano tiene alrededor de 2 millones de personas que lo juegan cada… esa es una gran pregunta, por cierto. No es fácil hacer esa pregunta. Es una gran pregunta. Solo juegan al fútbol americano unos 2 millones de personas, pero hay más de 50 millones que lo ven cada semana», aseguró.
«La Super Bowl la ven más de 100 millones de personas, un espectáculo de dos horas y media o tres. En el golf es casi al revés: tienes entre 3 y 5 millones de personas viéndolo cada semana en distintos circuitos, y puedes sumarlo todo y… no son cifras perfectas, pero ya me entiendes. Y luego probablemente hay entre 50 y 60 millones de personas jugando al golf. Así que es completamente lo opuesto al fútbol americano. No tenemos a gente viendo golf al azar y disfrutándolo. Creo que hay una oportunidad para que el mundo vea el juego por lo que podría ser, que es rivalidades y equipos contra equipos», analizó.
«Tenemos jugadores contra jugadores y hemos hecho exhibiciones, lo hemos intentado, es genial, pero imagina crear una cultura como la NFL, como la NBA, y entiendo que somos un deporte individual. Pero sí jugamos eventos por equipos. Tenemos la Ryder Cup. Tenemos la Presidents Cup. Debería haber algo más. ¿Por qué no?», se cuestionó.
Y, llevado al terreno concreto, no dudó en fantasear —o quizá lanzar un reto muy real— con enfrentamientos entre equipos de distintos formatos o competiciones: «¿Qué tal si los Crushers se enfrentan a Jupiter Links en un partido de 18 hoyos, 4 contra 4 stroke play?». Y fue incluso más allá: «Aquí mismo, ¿por qué no? A vosotros os encantaría enfrentaros a ellos, ¿verdad? ¿Por qué no? Sería divertido. Mostrar quién es el mejor, cuál es el mejor equipo del mundo, o cualquiera de ellos. Los Ángeles, da igual. Nos enfrentaríamos a ellos. Al equipo de Jon Rahm, nos enfrentaríamos a todos. ¿Y lo bueno que sería eso para el golf, además?».
Más allá del calendario, Bryson también se detuvo en una cuestión de fondo que considera clave para entender hacia dónde debe caminar este deporte: el eterno debate entre preservar la tradición o facilitar el crecimiento del golf. Ahí también conectó directamente con el material, con la potencia y con las decisiones que toman los organismos rectores: «Creo que hay un límite legal fijado para todo. Realmente no hay manera de esquivarlo. Si quieres decir que un driver de 2009 es peor que uno de ahora, en realidad estaría en desacuerdo contigo. Creo que son relativamente iguales y no ha cambiado mucho. No puedes cambiarlo tanto con las reglas siendo como son».
«Así que creo que tiene mucho más que ver con la capacidad atlética, y con no tener tanto miedo a ir a por los golpes o a hacer swings más fuertes o ser más agresivo. Yo advertiría a cualquiera que intente cambiar las reglas del juego porque ya están establecidas. Dejad que los atletas sean atletas y vayamos a divertirnos», dijo.
Y remató su idea con una reflexión que define muy bien su visión del golf contemporáneo: «Una última cosa, también creo que es muy importante fijar la base desde el punto de vista de la pregunta. ¿Qué están tratando de conseguir los organismos del golf? ¿Intentan preservar las tradiciones y la historia del juego, o intentan hacer crecer el juego? Porque esas son dos cosas diferentes. Pueden cruzarse en algunos aspectos, en cierto modo, pero cuando intentas preservar las tradiciones y la historia del juego, sí, vas a querer volver a una bola que vuele menos porque los jugadores son más atléticos. Sí, vas a querer hacer las cabezas más pequeñas. Vas a querer hacer esto o lo otro».
«Pero si quieres hacer crecer el juego, así no es como consigues que los niños peguen más lejos, lo disfruten y quieran formar parte de este juego. Están en una especie de cruce de caminos ahora mismo y tienen que responder a esas preguntas. ¿Qué quieren realmente estos organismos rectores? Si pueden responder a eso, entonces podremos empezar a movernos en esa dirección, pero ahora mismo tienen que responder esa pregunta antes de que nosotros, los jugadores, podamos involucrarnos, porque si ellos quieren una cosa distinta, bueno, puede que nosotros, los jugadores, queramos facilitarlo más para los demás, como me pasa a mí. Me gusta mostrar lo divertido que es jugar al golf, no lo difícil que es. Sí, hay momentos difíciles, pero quiero que la gente lo disfrute, que salga a la naturaleza», cuestionó el californiano.
«Mis objetivos son esos: quiero que la gente experimente más esto. Así que responder a esa pregunta es, creo, el primer paso para saber hacia dónde debe moverse el golf», aseveró. En definitiva, Bryson llega a Augusta con una victoria reciente, con una confianza creciente y con una misión muy concreta entre manos: convertir sus wedges en un arma fiable para competir por el Masters. Su discurso demuestra que está metido de lleno en ese proceso, afinando cada variable y tratando de convertir la ciencia del detalle en rendimiento real cuando llegue la hora de la verdad. Si lo consigue, volverá a ser uno de los nombres más temibles en Augusta National.


