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LIV Golf Sudáfrica | Dean Burmester desatado

Burmester y su locura en el hoyo 17: “He pensado en quitarme toda la ropa y salir corriendo”

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Dean Burmester está viviendo una semana especial en casa, delante de su gente, en un LIV Golf Sudáfrica que ha convertido Steyn City en una fiesta. Y este viernes, después de firmar 64 golpes y meterse de lleno en la pelea, dejó una de las frases del torneo al recordar lo que se le pasó por la cabeza en el espectacular hoyo 17.

Todo venía de uno de los grandes momentos del día. Burmester apareció en el conocido hoyo de fiesta con una camiseta de Bafana Bafana, el nombre con el que se conoce popularmente a la selección masculina de fútbol de Sudáfrica, un símbolo muy reconocible en el país y asociado a algunos de los momentos de mayor unión nacional en torno al deporte, especialmente desde el Mundial de 2010.

Con esa camiseta, y con el público completamente entregado, Burmester pegó uno de esos golpes que ponen un torneo patas arriba. La bola salió directa a bandera y durante unos segundos pareció que podía acabar dentro. No entró, pero el sudafricano reconoce que el instante fue puro voltaje emocional.

Llevo soñando con ese momento unos diez días. Cuando salió la bola y vi que iba a bandera pensé: por favor, que sea el palo correcto, que sea el palo correcto. Se veía perfecta todo el rato. Al final no cogió el spin suficiente”, explicó.

Aun así, para él fue uno de esos recuerdos que se quedan grabados. “Probablemente ha sido uno de los tres mejores momentos de mi carrera”, aseguró.

Y entonces llegó la frase que resume perfectamente el nivel de euforia que se respiraba en ese tee del 17. Le preguntaron qué habría pasado si la bola hubiese entrado para hoyo en uno y si habría tenido su particular “momento Tshabalala”, en referencia a la mítica celebración del primer gol de Sudáfrica en el Mundial de 2010. Burmester no se escondió: “Eso espero. Yo no habría hecho la misma celebración que él, porque la hizo con mucha clase. Creo que yo me habría quitado toda la ropa y habría salido corriendo por el hoyo. Habría hecho algo un poco más loco”.

La escena es algo extravagante, desconotrolada, consecuencia natural de un ambiente que ha desbordado incluso a los propios protagonistas. Burmester reconoció que nunca había vivido algo así durante una ronda. “Lo estoy pasando increíble. En cada tee, en cada calle, en cada green, todo el mundo está gritando mi nombre o algo con lo que me puedo reír. Es imposible no sonreír ahí fuera”, señaló.

El sudafricano, además, siente esta semana como algo más grande que un torneo. Quizá ahí radica el problema y donde claramente el sudafricano ha perdido el sentido de la medida. Habla de orgullo nacional, de identidad y de una conexión con el público que va mucho más allá del golf. “Es increíble ver a Sudáfrica unida así detrás del deporte. Traer el LIV aquí nos ha dado una pequeña muestra de lo que se sintió con el Mundial de rugby o con el Mundial de fútbol de 2010”, afirmó.

En lo estrictamente deportivo, Burmester está respondiendo. Explicó que la clave estuvo en colocar la bola desde el tee y aprovechar el buen momento de forma que arrastra. “Si me doy suficientes oportunidades, sé que voy a meter putts de birdie. Mi estrategia es bastante simple: intentar atacar todas las banderas y hacer todos los birdies que pueda”, resumió.

Eso sí, ni siquiera el gran 64 ni la pelea por el título parecen estar por encima de lo emocional. Lo suyo esta semana tiene algo de celebración colectiva, de acontecimiento compartido con el público, los amigos y la familia. Y por eso el hoyo 17, con la camiseta de Bafana Bafana y el delirio en la grada, ha adquirido ya una dimensión especial.

La bola no entró. No hubo hoyo en uno. Sudáfrica se quedó sin ver a Burmester desnudo corriendo por el green. Pero por un instante, todo estuvo cerca de explotar por los aires.