Bryson DeChambeau. No podía ser otro. Quién si no. El jugador más científico, meticuloso y singular del golf moderno encontró en Corea una solución inesperada para su swing: hablar con Gemini, la herramienta de inteligencia artificial de Google. No con un entrenador al uso. No sólo con el vídeo, el TrackMan o las sensaciones del campo de prácticas. Con una IA. Muy de Bryson. No sólo hacerlo, sino por supuesto después, contarlo.
La escena ocurrió después de la tercera ronda del LIV Golf Korea, disputado en el Asiad Country Club de Busan. DeChambeau había empezado el torneo como un tiro, con una primera vuelta de 65 golpes, seis bajo par en sus primeros diez hoyos, pero la llama se fue apagando. El sábado entregó una tarjeta de 71, uno sobre par, y salió del campo frustrado. Muy frustrado. Tanto que reconoció después que se quedó hasta tarde en la cancha de prácticas, ya de noche, golpeando el palo contra el suelo de pura frustración mientras intentaba entender qué estaba pasando.
El problema, explicado de forma sencilla, era que no conseguía que la cara del palo cerrara correctamente en el impacto. En golf, y especialmente en un jugador diestro como DeChambeau, si la cara del palo se queda demasiado abierta al llegar a la bola, el golpe tiende a salir hacia la derecha o a no tener la rotación deseada. Es decir, el cuerpo puede estar haciendo muchas cosas bien, la velocidad puede estar ahí, el plano puede parecer correcto, pero si la cara no llega en la posición adecuada, el golpe se falla.
DeChambeau lo explicó a su manera, claro. Habló de “alpha torque” y “gamma torque”, de principios físicos, de qué hace que el palo “turn over”, es decir, que rote, se libere y cierre en el momento correcto. Pero la traducción para todos los públicos sería esta: Bryson estaba buscando por qué sus manos se estaban adelantando demasiado y por qué el palo no terminaba de soltar la cabeza de manera natural.
La clave acabó apareciendo en una conversación nocturna con Gemini. Según contó el propio DeChambeau, empezó a preguntarle a la inteligencia artificial qué podía estar provocando ese bloqueo. La conversación derivó hacia la presión del grip y la tensión en las manos. Dicho aún más claro: si aprietas demasiado el palo, si hay demasiada tensión, el palo no se libera igual. Las manos mandan demasiado, la cabeza del palo se queda atrás y la cara no gira como debe.
La respuesta que encontró fue más simple de lo que parecía: aflojar la presión del grip, dejar las manos algo más libres y permitir que el palo se cerrara de manera natural. Menos fuerza. Menos bloqueo. Más libertad. Más release.
Y funcionó. Al menos, funcionó el domingo.
DeChambeau salió el último día y firmó una última vuelta de 65 golpes, cinco bajo par. Terminó tercero en solitario con -11, a un solo golpe del playoff que acabaría ganando Joaquín Niemann frente a Talor Gooch. El chileno y el estadounidense acabaron con -12 y Niemann se llevó la victoria en el primer hoyo de desempate.
Bryson no ganó, pero se marchó de Corea con una sensación mucho mejor que la que tenía veinticuatro horas antes. “Siento que estoy en el camino correcto”, vino a decir después de la vuelta. Había empezado bien el torneo, se había perdido en mitad de la semana y había encontrado una explicación antes de la jornada final. O, al menos, una pista.
También hubo premio por equipos. Crushers GC, el equipo capitaneado por DeChambeau, se impuso en la clasificación colectiva con -23 y sumó su décimo título de temporada regular en LIV Golf, más que ningún otro equipo. La victoria tuvo además un componente especial por la presencia de Travis Smyth como sustituto de Paul Casey, lesionado en la muñeca. Smyth respondió con una gran semana y fue pieza clave en el triunfo junto a DeChambeau, Charles Howell III y Anirban Lahiri.
La historia, en cualquier caso, deja una imagen muy reconocible de Bryson. Un jugador capaz de ganar dos U.S. Open, pegarle más largo que casi nadie y, al mismo tiempo, pasarse la noche preguntando a una inteligencia artificial por la biomecánica de sus manos, la tensión del grip y la manera en que se comporta la cara del palo en el impacto. Puede sonar extraño, pero en su mundo tiene todo el sentido.
Su próxima parada será España. Bryson DeChambeau jugará esta semana el LIV Golf Andalucía en el Real Club Valderrama, del 4 al 7 de junio, en uno de los campos más exigentes del calendario. Un escenario donde la precisión pesa mucho más que la potencia y donde no basta con pegar muy fuerte.
Veremos si Gemini también tiene respuesta para eso.



