Jon Rahm vuelve a estar ahí. Otra vez metido de lleno en la pelea por ganar en LIV Golf Singapur a falta de 36 hoyos. El golfista de Barrika firmó este viernes una vuelta de 68 golpes, tres bajo par, para colocarse con un total de siete menos, en el segundo puesto de la clasificación a tres golpes de Bryson DeChambeau, y lo hizo dejando un mensaje tan claro como potente: su juego está un poco mejor en todos los apartados que en los dos últimos años.
Rahm transmitió sensaciones muy positivas después de una ronda muy sólida, de mucho control y gran nivel de tee a green, aunque con la sensación de que incluso pudo haber sacado más rendimiento a su vuelta. “Me sentí muy bien. Empecé genial en los dos primeros hoyos. No hice muchos malos golpes, ni muchos malos swings hoy”, explicó. En realidad, apenas señaló tres errores claros en toda la jornada: “Los únicos realmente malos fueron el segundo golpe en el 3, el golpe de salida en el 7 y quizá también el segundo golpe en el 13”.
Más allá de esos detalles, el balance fue francamente bueno. “Fue un día en el que le pegué realmente bien, cogí muchas calles, pero en esa racha de pares no fui capaz de capitalizar”, resumió. Rahm enlazó once pares consecutivos, una secuencia que le impidió acercarse todavía más a la cabeza, pese a que generó ocasiones suficientes para hacerlo. “Tuve tres opciones muy buenas, en el 8, en el 14 y en el 16, y alguna otra quizá ya más lejos de la zona más clara de embocar, pero aun así putts metibles desde unos seis metros que no entraron. Podría haber sido mejor, pero jugué una vuelta de golf realmente buena”.
El birdie final en el hoyo 18 terminó de reforzar esa sensación de trabajo bien hecho y de confianza desbordante. “Terminar con un gran birdie en el 18 deja una buena sensación. Sigue siendo un golf muy bueno, jugué muy bien de tee a green, y espero poder repetirlo el fin de semana”, señaló.
Lo más interesante de su comparecencia, en cualquier caso, llegó cuando se le preguntó por su gran arranque de temporada y por si había algún aspecto concreto del juego que le estuviera sorprendiendo especialmente. Rahm fue muy claro. No habló de sorpresa, sino de recompensa al trabajo. “No diría que me haya sorprendido. Trabajé mucho en la pretemporada. Simplemente está siendo bonito ver que todo se está traduciendo tan bien en el campo”, afirmó.
Y remató con una frase que explica perfectamente el momento que atraviesa: “Diría, en general, que todo está un poco mejor que el año pasado, y quizá también que hace dos años”. No habló de una revolución, ni de cambios drásticos, sino de una mejora global, sutil pero decisiva. “Todo está un poco… no muchísimo, pero sí un poco mejor, y en uno o dos golpes por torneo, incluso por vuelta, eso marca una diferencia enorme”.
Rahm se siente muy fuerte de tee a green, cree que está generando más que suficiente y entiende que la diferencia puede estar simplemente en que entren algunos putts más. “Hoy he hecho tres bajo par y realmente no he metido apenas putts. Si sigo tirando buenos putts, haciendo buenos swings y dándome oportunidades, estoy haciendo más que suficiente para tener una gran opción”, advirtió.
Su discurso desprende optimismo, seguridad y calma. También una visión muy clara de lo que vale en este deporte. “Probablemente me siento siempre más cómodo sabiendo que he jugado bien a que no lo he hecho, pero he metido 60 metros de putts, porque eso no va a ocurrir todos los días. El buen golpeo de bola no se puede fingir”. Ese es precisamente el gran argumento de Rahm ahora mismo en Singapur: está jugando bien de verdad. Y eso, a falta de dos jornadas, siempre es una amenaza muy seria.
La gran incógnita en Singapur ahora mismo está en el cielo. El vasco dejó claro que buena parte de lo que ocurra el sábado y el domingo dependerá del tiempo. “Puede que entre una tormenta hoy, puede que mañana por la mañana. No sabemos qué va a pasar”, explicó.
Rahm recordó que Sentosa drena de maravilla, “probablemente mejor que el 99,9 por ciento de los campos”, pero también avisó de que una tormenta fuerte durante varias horas podría cambiar el torneo. “Si cae una tormenta de varias horas como puede pasar aquí, entonces todo se pondrá un poco más blando. Hacer los greenes algo más accesibles significaría, obviamente, más birdies”, señaló.
En cualquier caso, su plan no cambia demasiado. Si el campo se ablanda, tocará adaptarse. Y si no, seguirá por el mismo camino. Ese es el resumen perfecto de la situación de Jon Rahm en LIV Golf Singapur: está en la pelea, se siente fuerte, cree que su juego es mejor que en los dos últimos años y mira al fin de semana con optimismo. Falta por ver qué papel jugarán las tormentas. Lo que parece claro es que, con este nivel, Rahm vuelve a tener muy cerca una nueva oportunidad de ganar.


