Por tercer año consecutivo la filial de LIV Golf que se encarga de gestionar los torneos que se celebran fuera de Estados Unidos ha registrado pérdidas millonarias, que lejos de reducirse, han seguido aumentando a pesar de un incremento en los ingresos. Los datos publicados en el Reino Unido y analizados por The Athletic confirman que la división internacional del circuito —responsable de organizar la mitad de los 14 torneos de cada temporada— perdió 461,8 millones de dólares en 2024, frente a 395,9 millones en 2023 y 243,7 millones en 2022. En total, más de 1.100 millones de dólares en pérdidas acumuladas desde su fundación.
El dato llama especialmente la atención porque 2024 ha sido, sobre el papel, el año de mayor crecimiento comercial para LIV. Los ingresos aumentaron en varias líneas —patrocinios, venta de entradas, licencias y acuerdos locales—, pero el gasto total lo hizo aún más. Según cifras compartidas por Front Office Sports, LIV Golf Ltd. ingresó unos 64,9 millones de dólares, pero sus costes operativos ascendieron a 526,7 millones, lo que supone un margen negativo de casi ocho veces los ingresos. Es decir, la estructura de costes sigue totalmente desalineada con la capacidad de generar negocio propio.
Una parte sustancial de ese gasto proviene de los pagos a jugadores. Aunque los informes financieros no detallan cuánto se destina exactamente a contratos y bonus, se incluyen dentro del epígrafe de “coste de ventas”, que desde la creación de la liga suma 1.340 millones de dólares. Esa cifra equivale a once veces los ingresos acumulados por el negocio internacional hasta 2024, y explica por qué el modelo de crecimiento sigue siendo tan deficitario. En términos simples: LIV gana visibilidad, pero cada torneo le cuesta mucho más de lo que produce.
El contraste con el circuito estadounidense es evidente. Mientras el PGA Tour percibe unos 700 millones de dólares anuales por derechos de televisión en su mercado doméstico, LIV apenas generó 3,2 millones por ese mismo concepto fuera de Estados Unidos en 2024. Aun así, su estructura internacional —que incluye eventos en Australia, Singapur, España o Arabia Saudí— continúa siendo una prioridad estratégica, en parte por su valor simbólico y su papel en la expansión global del proyecto.
Detrás del músculo financiero sigue estando el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudí, que no muestra señales de retirada. The Athletic informó que LIV Golf Investments Ltd, la sociedad matriz que controla tanto la operación estadounidense como la británica, ha recibido inyecciones de capital cercanas a los 4.000 millones de dólares (3.906 millones) hasta finales de 2024. Y ese flujo no se ha detenido: en 2025 ya se han emitido 983,5 millones adicionales en nuevas acciones, de los cuales más de 300 millones fueron aprobados el pasado 22 de septiembre.
Estas rondas de financiación —respaldadas directamente por el PIF— son las que permiten sostener la maquinaria. Según Sports Business Journal, el fondo ha exigido para 2025 una serie de condiciones mínimas para seguir apoyando el proyecto: mantener un número concreto de torneos, garantizar ciertos niveles de ingresos y cerrar un acuerdo televisivo estable con Fox Sports, algo que aún no se ha concretado. En paralelo, Reuters calcula que la inversión total del PIF en LIV Golf ya ronda los 5.000 millones de dólares desde su creación.
Los principales beneficiarios, de momento, han sido los jugadores. LIV ha repartido casi 1.400 millones en premios desde su lanzamiento, y ha atraído a 95 golfistas, muchos de ellos con contratos de ocho y nueve cifras. El ejemplo más mediático es Jon Rahm, quien fichó a comienzos de 2024 con un acuerdo que ronda los 300 millones de dólares y que ya ha ganado cerca de 75 millones más en premios en apenas dos temporadas.
Pese al desequilibrio financiero, hay señales positivas para el futuro. El nuevo CEO, Scott O’Neil, aseguró que el valor de los contratos de patrocinio se ha multiplicado por diez en el último año, lo que podría traducirse en una mejora sustancial de ingresos en 2025. Además, acuerdos recientes con HSBC y Salesforce refuerzan la estrategia de internacionalización de la marca. Y en términos deportivos, la respuesta del público en sedes como Adelaida —con récord de asistencia— demuestra que existe un mercado creciente para este formato alternativo.
Aun así, el gran reto de LIV sigue siendo el mismo que en 2022: convertir el gasto en negocio sostenible. Tres años después de su debut, el circuito mantiene la atención del mundo del golf y la chequera de Arabia Saudí sigue abierta, pero los números aún no reflejan rentabilidad. Mientras el PIF siga dispuesto a financiarlo, el proyecto no parece en riesgo, aunque el interrogante permanece: ¿cuánto tiempo se puede sostener una revolución deportiva con pérdidas de medio millar de millones por temporada?



