Lee Westwood volvió a sentirse protagonista esta semana en el LIV Golf Singapur, firmando una semana muy sólida que confirmó su buen momento tras un inicio de temporada complicado marcado por lesiones y contratiempos logísticos. El veterano inglés terminó el torneo con una gran actuación en la ronda final, con una tarjeta de 69 golpes, dos bajo par, para cerrar el domingo como tercero en solitario, a dos golpes del campeón, mostrando que aún tiene mucho que decir en el circuito saudí.
Westwood reconoció después del torneo que el resultado tiene un valor especial por todo lo que ha tenido que afrontar en los últimos meses. «Estoy muy orgulloso. He tenido que lidiar con algunas cosas. La lesión de muñeca no fue ideal para empezar la temporada entre Arabia Saudí y Australia«, explicó.
A esos problemas físicos se sumaron dificultades en sus desplazamientos que limitaron su preparación. «Luego me quedé atrapado en Dubái y llegué tarde a Hong Kong, así que tuve que lidiar también con el cambio horario y con muy poca práctica», añadió.
Aun así, el inglés asegura que las sensaciones con el juego eran positivas incluso cuando apenas había podido competir. «Sentía que estaba pegando bien a la bola, pero había jugado muy poco antes de Hong Kong. La semana pasada jugué bien y ahora lo he confirmado con una gran semana aquí», señaló.
La última jornada en Singapur tuvo además un sabor especial para Westwood, que volvió a encontrarse en un escenario competitivo que hacía tiempo no vivía. «Ha sido fantástico. Hacía tiempo que no estaba en el partido final cuando realmente estaba en juego algo importante», confesó.
El inglés compartió partido estelar con dos de los grandes pegadores del circuito, Bryson DeChambeau y Joaquín Niemann, una circunstancia que condicionó su estrategia sobre el campo. «Intentaba centrarme en mi propio juego. Estoy ahí con Bryson y Joaco, dos de los pegadores más largos del mundo, así que muchas veces soy el primero en jugar», explicó.
Lejos de intentar competir en distancia, Westwood optó por una estrategia más clásica y precisa. «Simplemente traté de ganar mi propio torneo. Intenté meter el mayor número de bolas en calle y dejarme golpes lo más cerca posible de la bandera para tener oportunidades», relató.
Con 51 años, Westwood demuestra que aún puede competir con los grandes nombres del golf mundial. Y después de una semana tan completa en Singapur, el inglés se marcha con la sensación de que su temporada en LIV Golf acaba de encontrar el impulso que estaba buscando.



