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La Número Uno del Mundo tiene claro el hoyo más desafiante de la semana

El «diabólico» test de Erin Hills

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Hoyo 9 de Erin Hill
El green del hoyo 9 de Erin Hill

Faltan solo unas horas para que arranque el segundo major de la temporada en el circuito femenino. El US Women’s Open celebra su 80ª edición en el imponente recorrido de Erin Hills Golf Club. El mítico recorrido de Wisconsin, que ya acogió el US Open masculino en 2017, será sede de diez campeonatos de la USGA de aquí a 2039, una declaración de amor en toda regla hacia un campo que apenas lleva 19 años abierto al público.

La elección de Erin Hills no es solo sentimental. El recorrido es un test en toda regla. Se puede estirar hasta lo imposible, pero al mismo tiempo exige creatividad, juego corto sólido y resistencia física. Una de las particularidades del campo es su longitud. El recorrido es tan largo que el tiempo recomendado para una ronda normal de golf es de 4 horas y 55 minutos. Curiosamente, el objetivo de tiempo para las dos primeras rondas del U.S. Women’s Open es de 4:54, apenas un minuto menos… aunque, tal y como reconocen los propios organizadores, será todo un reto cumplirlo si el viento entra en juego.

En 2017, Brooks Koepka ganó allí el U.S. Open con -16, una cifra que no gustó a los más puristas. Esta vez, el factor climático podría jugar un papel muy diferente. El pronóstico apunta a lluvia el miércoles y jueves, y vientos de hasta 30 millas por hora el viernes, con riesgo de tormentas eléctricas.

“Este campo pone a prueba cada parte de tu juego”, explicó la número uno del mundo, Nelly Korda. “Es firme, rápido y exigente en cada golpe. Incluso el clima tiene un impacto decisivo”.

La estadounidense ha querido detenerse ante lo que se presume el gran desafío de este recorrido. Korda no ha dudado en calificar el par tres del hoyo 9 como «diabólico», especialmente si entra en juego el viento. Anticipa que va a ser uno de los grandes puntos críticos de este US Women’s Open: “Va a ser una prueba muy interesante. Es un hoyo corto desde el tee (apenas 120 metros) pero extremadamente exigente en todos los aspectos. No ves la pendiente del green hasta que estás sobre él”, explicó la estadounidense, que incluso se preguntó cuántos grupos se acumularán esperando su turno en el tee.

La preocupación de Korda no es infundada. En el US Open masculino de 2017, este mismo hoyo causó estragos en la ronda final cuando solo se hicieron cuatro birdies entre 68 jugadores, mientras que se registraron 20 bogeys, tres dobles bogeys y un triple. En total, el hoyo se jugó con una media de 3,368 golpes, siendo el segundo más difícil del campo. La complejidad radica en su tee elevado, numerosos bunkers, un green amplio pero ondulado y donde acabar en el green desde el tee no garantiza los dos putts.

La posibilidad de esperas prolongadas recuerda a lo ocurrido el año pasado en el US Women’s Open en Lancaster, cuando Korda y su grupo tuvieron que esperar casi media hora para jugar el par 3 del hoyo 12. Aquella pausa terminó con un desastroso 10 para la número uno del mundo, que acabó fallando el corte. Ahora, con Erin Hills como escenario, la historia podría repetirse.

El campo no lo ha tenido fácil en los últimos meses. Un invierno especialmente duro y una tormenta reciente con granizo obligaron al equipo de mantenimiento a emplearse a fondo. Incluso recurrieron a una aplanadora de tonelada y media, normalmente usada en carreteras, para nivelar los greens tras las depresiones provocadas por el granizo. El resultado es un campo en óptimo estado y preparado para lo que se espera sea una de las ediciones más exigentes del U.S. Women’s Open.

El campo aún luce en tonos verdes, pero que nadie se confíe, serán condiciones firmes, greens rápidos y un campo tan abierto como desafiante, todo apunta a que las jugadoras vivirán un verdadero test… y una auténtica batalla contra el reloj.