Primer torneo como profesional. Una Escuela nada menos. El LPGA Tour, por si aún les pareciera poco. Anteayer, en la Universidad de Mississippi State. Hoy, rodeada de 98 profesionales con el cuchillo entre los dientes para cumplir un sueño. Resultado: décima posición y tarjeta en el bolsillo. Así, con naturalidad. Como si fuera fácil.
Pero no lo es. Ella lo sabe. Todas y todos los que se dedican al golf profesional lo saben. Lo que ha hecho Julia López, 21 años, tiene un mérito extraordinario. La malagueña atiende a Ten Golf desde el aeropuerto de Frankfurt donde hace escala en su camino a casa, a Benahavís. Está feliz. No hay quien le borre la sonrisa de la cara en los próximos tres meses.
Y eso que todo no fue rodado… Julia se confiesa. «La primera jornada de la Escuela fue algo así como bienvenida al mundo profesional. Recuerdo que nada más acabar hablé con Lauren (Whyte, su caddie), habíamos hecho +2, día complicado, con viento… Estábamos contentas. Pensábamos que estaríamos bien colocadas. De pronto, el liderato está en -9… Fue como un zasca que me dio la vida. Ya sabes, tienes que espabilar, me dije», cuenta riéndose la joven andaluza.
Y espabiló, vaya si espabiló la muchacha. «Está claro que las profesionales no se andan con tonterías, no hay bromas. Nadie regala nada. Había que ir a saco. Estaba tranquila porque me encontraba jugando bien, pero tenía que sacar el buen golf», explica. Dicho y hecho. A partir de ahí, todas las vueltas bajo par y un remate galáctico de 64 golpes, ocho bajo par. Una de esas rondas que quedan ahí, grabadas para siempre en la retina.
«Acabar -8 fue impresionante. Fue como un sueño hecho realidad», asegura. Y es que lo importante es conseguir la tarjeta, pero si una lo hace con estilo como ella, pues mucho mejor. «Es una vuelta que voy a recordar durante toda mi vida», señala. Hace bien. Por lo pronto, haría bien en tener muy presente esa ronda cuando aterrice en el LPGA Tour, recordándose, sobre todo si llegan los malos momentos, de lo que es capaz de hacer bajo presión.
Hay que recordar que Julia marchaba como un tiro, tres bajo par en siete hoyos, cuando la ronda se tuvo que suspender hasta el día siguiente por lluvia. «Aquello me molestó mucho. Empecé muy tranquila y me notaba muy cómoda, con un ritmo muy bueno. Estaba triste. Después, más tranquila me di cuenta de que es lo que había, no merecía la pena lamentarse y había sido para todas igual. Al final, casi me dio más fuerzas para volver al día siguiente. La clave es que conseguí ir hoyo a hoyo, muy centrada, muy enfocada y algún putt que otro que entró. Estoy súper contenta con la vuelta. Noté los nervios en los dos últimos hoyos, pero ya estaba hecho, fue impresionante», recuerda.
Lo de Julia el martes fue una exhibición. Sin más. Un aviso de lo que puede lograr en el LPGA Tour. Aunque habrá que esperar para verla debutar. Igual puede jugar la Founders Cup en febrero, de lo contrario habría que esperar a finales de marzo. Es tiempo de sobra para organizar su cabeza, sus cosas, su futuro y prepararse lo mejor posible para el aterrizaje en la meca del golf mundial. «Me tomaré seguro una semana de descanso porque ha habido mucho golf en los últimos meses. Después, toca mucho trabajo de oficina, de organizar, ordenar cosas y tomar decisiones», señala.
De momento, sólo tiene billete de ida a España, a su Málaga. Aquí va a pasar un tiempo y después su idea es volver a Mississippi y estar allí al menos hasta mayo. Tiene las puertas de la universidad abiertas para entrenar cuánto y cómo quiera. Conoce las instalaciones como la palma de su mano y es donde más cómoda va a estar. El resto toca organizarlo junto a Duncan, su manager, de Hambric, la misma empresa que lleva a Scottie Scheffler. Tienen buen ojo. La caddie, en principio, seguirá siendo Lauren. Se entienden de maravilla. Y en cuanto a la parte técnica, más allá de Manuel Araújo, su entrenador de siempre y un miembro más de la familia, combinará la Federación Española con el coach de Mississippi.
Julia tiene muchas ganas de empezar su aventura en el LPGA. Para ello, como decimos, quiere llegar bien preparada. Tiene claro en lo que quiere hacer hincapié en las próximas semanas. «En golf siempre hay cosas que se pueden hacer mejor, pero creo que donde más margen de mejora tengo es en el juego corto, con los wedges, alrededor del green, el chipping, pienso que es una faceta que puedo mejorar», asegura.
Para su estreno en el circuito americano tendrá la mejor cicerone posible, su paisana Azahara Muñoz. «Verla en la Escuela para mí fue una locura. Le tengo mucho respeto. Hablamos el día de entrenamiento y me dio un abrazo y me felicitó por la tarjeta y por la vuelta del último día. Me dio su teléfono y me dijo que la llamara para lo que hiciera falta. Fue muy amable y me ayudó mucho… Es muy fuerte que hayamos tenido el mismo profesor en el colegio, muy fuerte, don Paco», recuerda con más risas Julia en referencia a la historia que Azahara contó a Ten Golf.



