María José Marín ganó en Augusta y, al explicarse después, fue dejando un retrato de quién es, de dónde viene y cómo entiende el golf. La colombiana no habló de paciencia, de su padre, de Colombia, de Arkansas, de su caddie bombero y de un principio fundamental: “soñar en grande”.
La vuelta que la coronó en el ANWA, contó, fue una montaña rusa. “No empecé tan sólida”, admitió. Miraba el marcador, veía que por detrás había movimiento y se obligó a no perder la calma. “Me recordé a mí misma que tenía que seguir siendo muy, muy paciente porque aquí puede pasar cualquier cosa”. Cuando metió el último putt, lo resumió así: “Lo logré. Todo mi trabajo duro ha dado sus frutos y estoy extremadamente orgullosa de mí”.
También explicó dónde sintió que tuvo que agarrarse con uñas y dientes al torneo. “La decisión más difícil que tuve que tomar fue en el hoyo 10”, dijo. No había pegado bien el segundo golpe, tampoco el tercero y viendo “todo lo que estaba pasando atrás” se dijo: “Tengo que hacer algo, no sé cómo, pero tengo que hacer algo”. Ahí apareció una de las claves de su victoria: “Salir con tres pares del Amen Corner fue la clave”. Menudos putts embocó en los hoyos 10, 12 y 14.
En esa secuencia fue viendo señales. Ella misma las llamó así. “Una fue la bola quedándose en esa loma en el 12. Nunca había visto una bola quedarse ahí”, contó. Lo interpretó a su manera: “Creo que fue Dios sujetando la bola: ‘No te muevas. Esto está pasando por algo’”. Luego llegó el 13, donde se salió del plan. Tenía pensado asegurar, pero pensó que había que apretar el acelerador. “Le dije a Darren: voy a por ello. Es ahora o nunca”. Pegó con el híbrido y lo bordó. Otro paso más.
Ese Darren es Darren Woo, su caddie esta semana, un bombero local de Augusta. Marín lo señaló sin rodeos como una pieza fundamental. “Fue mi mayor apoyo durante toda la semana y una de las claves de la victoria”, dijo. Cada vez que llegaba un mal golpe, ahí estaba su voz: “Respira, cálmate, lo vas a sacar, no pasa nada, date una oportunidad”. María José repitió varias veces la idea de la calma. Y dejó claro que Darren fue quien le ayudó a sostenerla cuando más apretaba el torneo. Además de bombero, Woo trabaja como caddie local en distintos campos de Augusta.
En esa historia también aparece su padre, casi desde el principio de todo. “Mi papá es el que me trajo al deporte, el que me inculcó el amor por el deporte y sin él no estaría hoy aquí sentada”, explicó. Después contó otra escena muy reveladora: este año su padre decidió no llevarle la bolsa. “Me dijo: necesitas a alguien que sepa manejar un torneo de este nivel”. Marín lo describió como “una de las decisiones más bonitas” que pudo tomar, precisamente por lo desinteresada que fue. “Voy a estar ahí apoyándote”, le dijo. Cero egoísmo.
Cuando le preguntaron por su origen y el alcance de la victoria, no se escondió. “Por supuesto que esta es una victoria para mi país y me siento orgullosísima de representarlo”. Añadió además otro matiz personal: “También soy mitad mexicana, así que con mucho orgullo represento a México en el fondo de mi corazón”. A las niñas de Colombia y de Latinoamérica les dejó un mensaje: “Sueñen en grande. Nunca renuncien a sus sueños”.
Ese mensaje conecta con su propia historia. “A la María José de nueve años le diría gracias por nunca rendirse”, contó. Habló de momentos duros, de caídas y de una constante: “Siempre he encontrado la manera de levantarme y de confiar en mi proceso”. Y extendió esa idea a cualquiera que empiece: “Que nunca dejen de soñar, que siempre disfruten lo que hacen. Hoy, la verdad, disfruté toda la ronda, hasta los bogeys los disfruté, porque es un privilegio estar acá”.
Parte de ese camino pasa por Arkansas, una universidad con una huella muy marcada en el golf latinoamericano. Marín lo explicó con naturalidad. “La Universidad de Arkansas ha tenido muchísima influencia en Latinoamérica y ha tenido muchísimas jugadoras y jugadores exitosos”. Sintió muy cerca a sus entrenadores toda la semana, habló de ese vínculo casi familiar y mencionó a María Fassi como una inspiración concreta. “Su última ronda me inspiró totalmente a poder lograr algún día una victoria o estar en el último grupo aquí en Augusta”.
También se dibuja en sus palabras qué puede ser en el futuro. No porque ella lanzara una promesa grandilocuente, sino por cómo coloca esta victoria en su carrera. “Esto solo me va a ayudar a impulsar mi confianza”, dijo. Cada vez que tenga un momento malo, se podrá acordar de que fue capaz de ganar en Augusta, de soportar toda esa presión. “Usarlo a mi favor para seguir trabajando duro y nunca rendirme”. Y añadió otro objetivo que repitió varias veces: “Inspirar a las generaciones más jóvenes siempre va a ser mi principal meta”.
No parece que esta victoria le cambie el rumbo, sino que le refuerza el camino. “Sí cambia un poco mis objetivos”, reconoció la vigente campeona de la NCAA, “pero sigo por el mismo camino de terminar mi último año en Arkansas y coger toda la experiencia posible”. Augusta, de hecho, no lo coloca como punto final, sino como un impulso más.
Al final, cuando le pidieron una palabra para resumir lo que sentía, fue simple y directa. “Felicidad extrema”, respondió. Y volvió al mismo sitio: el orgullo por todo el trabajo y por haber sabido manejar la presión. Luego dejó una frase que explica bastante bien cómo ve este triunfo y el escenario donde lo consiguió: “Este es el templo del golf”.



