
Una de las reflexiones de Gonzalo Fernández Castaño después de perder ante Tiger venía a significar que, ante estos grandes jugadores, debes aprovechar ese día tonto en el que no terminan de salirles redondas las cosas. Tiger, en efecto, no estuvo deslumbrante y el madrileño sentía que podía haberle hecho mucho daño…
Y algo así debe pensar Miguel Ángel Jiménez después de caer en octavos de final ante Rory McIlroy por 3 y 1. Porque en realidad el malagueño se ha despedido jugando su ronda más irregular, la menos consistente, ante un grandísimo rival que tampoco terminaba de cerrar las puertas.
El joven norirlandés ha dejado algunas muestras de su capacidad extraterrestre, por supuesto. Es tanto su talento que lo difícil es que no ocurra. Pero la realidad también señala que le ha bastado jugar al filo del par para batir al español. Es muy curioso: McIlroy, de momento, no se ha enfrentado a ningún rival que haya sido capaz de jugar bajo par. Más bien al contrario: George Coetzee, Anders Hansen y Jiménez hicieron frente al genio de Holywood con vueltas por encima del par. Demasiada ventaja. Nadie dude de que se trata de una mera casualidad, y además seguro que Rory aún tenía una marcha guardada. Pero no deja de parecer un embrujo.
Miguel no ha podido producir esta vez un inicio eléctrico. Antes bien, perdía el primer par 5, hoyo 2, con bogey. No era su día. Los hierros no andaban tan precisos como en jornadas anteriores. No estaba a gusto.
Una de las claves del duelo se dio en el hoyo 12. Venía el español de ganarle el hoyo anterior, situándose dos abajo. Ambos fallaban la salida en este par 3, sin duda uno de los cocos del día con una bandera puñetera y esquinada. Pero el norirlandés terminaba llevándose el hoyo con un bogey… Demasiadas concesiones.
Aún volvió a la carga Miguel con su primer birdie del día, en el 13. Dos abajo de nuevo. Y todavía le quedaba por ofrecer un drive perfectamente diseñado sobre el tee del 15 para dejar de uno la bola en green, amenazando con eagle a su rival. En la hora de la verdad, Churriana tocaba a rebato.
Pero justo a partir de ese momento se vio al mejor McIlroy: respondía con otro tirazo en el 15 (él con madera 3), de donde ambos salieron con birdie. Y no sólo eso: hierro 4 de otra galaxia en el 16, par 3, y otra madera 3 supersónica desde el tee del 17, para finalmente liquidar la partida con un wedge medido a esa penúltima bandera. Tres hoyos al más puro estilo Congressional para evitar sorpresas de última hora ante un zorro como Jiménez.


