El mundo del golf lamenta la pérdida de Fuzzy Zoeller, dos veces ganador de majors y una figura tan brillante como carismática en el mundo del deporte. El estadounidense falleció a los 74 años, según informó la agencia Associated Press y confirmó posteriormente la USGA. Aún no se ha hecho pública la causa de su muerte, pero la noticia ha provocado una oleada de homenajes hacia un jugador cuya huella permanece indeleble en la historia del golf.
Zoeller escribió su nombre con letras mayúsculas en 1979, cuando conquistó el Masters de Augusta en su primera participación, un hito que entonces solo habían logrado dos golfistas antes que él y que todavía nadie ha repetido desde entonces (fue el primer debutante en ganar la Chaqueta Verde ya que ni Horton Smith ni Gene Sarazen, los otros dos jugadores que ganaron en su primer intento, la recibieron al instaurarse años más tarde). Cinco años después volvería a tocar la gloria en el US Open de 1984, consolidándose como uno de los grandes talentos de su generación. A lo largo de su carrera sumó otras ocho victorias en el PGA Tour y defendió los colores de Estados Unidos en la Ryder Cup en tres ocasiones: 1979, 1983 y 1985.
Su figura, sin embargo, también vivió momentos controvertidos. En 1997, un comentario de carácter racial hacia Tiger Woods dañó gravemente su imagen pública, algo que él mismo reconoció años después, admitiendo el peso emocional que aquel episodio arrastró durante mucho tiempo. Aun así, Zoeller logró mantener un lugar relevante dentro del golf y continuó siendo una presencia apreciada, siempre recordado por su humor, cercanía y estilo único dentro y fuera del campo.
La USGA y el PGA Tour han encabezado los mensajes de despedida. «Fuzzy era único. Estamos agradecidos por todo lo que entregó al golf», expresó el director de la USGA, Mike Whan, enviando condolencias a su familia. Jay Monahan, comisionado del PGA Tour, destacó su talento y carisma, señalando que «dejó una marca imborrable en el juego». Zoeller, que fue el encargado de ponerle la Chaqueta Verde a Seve Ballesteros un año después de su triunfo en Augusta, deja atrás a su esposa Diane, sus hijos Sunny, Heidi, Gretchen y Miles, y una generación de nietos que conservarán su recuerdo, al igual que miles de aficionados que crecieron celebrando su particular forma de entender el golf.



