Inicio Grandes Circuitos Ni el poder de la superstición puede con Tiger Woods

Ni el poder de la superstición puede con Tiger Woods

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El abarrotado green del 18 de Southern Hills atronó con la fuerza de un huracán cuando Tiger Woods embocó el putt de par que le daba la victoria en el PGA Championship 2007. Los miles y miles de aficionados al golf que han soportado durante cuatro días temperaturas superiores a 40 grados estaban allí, de pie, extasiados ante una nueva exhibición de su ídolo, del ídolo de cualquier amante a este deporte…

Le rendían pleitesía mientras se abrazaba con la fuerza de la amistad a su caddie, Steve Williams. Nadie quería perderse un detalle. Bueno, nadie no. Sólo una persona en el campo permanecía ajena de todo lo que estaba sucediendo. Su mayor preocupación no es el golf, sino cuando toca la siguiente toma. Pero claro, Sam Alexis Woods puede estar tranquila porque tiene toda la vida por delante para admirar a su padre. Ya ha vivido el primer grande, pero pocos dudan de que se puede hartar…

Tiger no lo tuvo tan fácil como se esperaba. Ernie Els y Woody Austin se encargaron de animar el cotarro. El número uno del mundo llegó a tener cinco golpes de ventaja en su vuelta, pero cuando más de uno daba cabezazos en el sofá convencido de que poco o nada iba a pasar, pasó. Austin encadena tres birdies, Els despliega su magia con un tirazo en el 14 y la clasificación se comprime. Tiger pone de su parte con un bogey en el 14 y a los apostantes más conservadores empiezan a temblarles las piernas. ¿Fallará Tiger? ¿Le temblará el pulso? ¿Podrá la presión alguna vez con él?

Desconocemos si en el futuro las respuestas a esas preguntas serán de otro color, pero de momento el NO es absoluto. Con todo el peso que supone ganar un grande sobre sus espaldas afronta el hoyo 15 con un solo golpe de ventaja. Es además la última oportunidad más o menos clara que ofrece Southern Hills para hacer birdie. Pues nada, Tiger va y lo hace. En un deporte tan complicado, este señor lo hace así de fácil: salida perfecta al centro de la calle con un hierro largo, hierro medio-bajo exacto a tres metros del hoyo y putt que entra por todo el medio. Tiger aprieta el puño y señala la bola. Está diciendo: "ahí está el PGA".

Pero aún le quedaban hoyos, tres de los más difíciles para ser más exactos. El 16 tenía trampa. Fallar la calle te condenaba al bogey o a algo peor. Els podía dar fe de ello. El sudafricano se dejó aquí todas sus opciones de ganar el PGA. Muchos pensaban que Tiger, con dos golpes de ventaja sobre Austin en ese momento, se inclinaría por un hierro y asegurar la calle. Pues no. Sólo un número uno puede tomar la decisión que el tomó y que encima le salga bien. Cogió el Driver, un palo que apenas había utilizado durante el día en tres hoyos y cuyos resultados no habían sido buenos. Con la velocidad de un tornillo de la rueda de un Fórmula Uno durante una parada en boxes, Tiger giró y desgiró para plantar su bola en el centro de la calle, ajena a cualquier peligro, serena, consciente de que el trabajo ya estaba hecho. Tiger acabó con tres pares y sacó dos golpes de ventaja sobre el bravo Austin, un jugador de gestos hiperbólicos, con un gusto más que discutible para elegir el vestuario, pero con la raza de un gran luchador. Els quedó tercero y ofreció al mundo una gran noticia: 'Big easy' ha vuelto…

Tiger ha ganado su cuarto PGA, el segundo de forma consecutiva. Ha evitado una temporada en blanco (de grandes, por supuesto) y ha evitado que por tercera vez en la historia los cuatros ganadores de los cuatro grandes en una misma temporada sean primerizos.

El PGA no pasará a la historia para los españoles. Miguel Ángel Jiménez y José María Olazábal no pasaron el corte, mientras que Sergio García fue descalificado tras la tercera jornada por un error en su tarjeta. El error fue de su marcador Boo Weekley, que le apuntó un golpe de menos, y del propio Sergio por firmar la tarjeta sin comprobarla.

Por cierto que la victoria de Tiger en el PGA hace, en número de grandes, la 13… Pues nada, ni por esas…

 

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