– Lo primero es lo primero: ¿ha acertado el capitán estadounidense, Keegan Bradley, al no incluirse como una de las seis elecciones? Con la cabeza fría y con mayúsculas: SI. Su decisión es gasolina emocional para el vestuario, un golpe de liderazgo y una razón más para seguir a ciegas a un gran capitán que ha hecho semejante sacrificio, pues es muy improbable que vuelva a tener la ocasión de jugar la Ryder Cup, con la voraz competencia y la abundancia de efectivos que hay en el bando estadounidense. Por otro lado, se antoja muy complicado administrar el estrés de un capitán-jugador a la hora de resolver problemas en los que él iba a ser juez y parte y cualquier detalle se miraría con lupa: su compañero de juego, el número de partidos a disputar… No es lo mismo salir a jugar con Scheffler que con un novato, si se permite el ejemplo más grosero y simple.
– A Bradley se le rompió el corazón cuando se quedó fuera de la Ryder de Roma habiendo terminado en 2023 en el puesto undécimo de la clasificación Ryder y habiendo elegido el capitán, Zach Johnson, hasta a tres jugadores que estaban por detrás de él en dicha clasificación: Burns, Fowler y Thomas. Pues bien, eso es exactamente lo que él ha hecho con Maverick McNealy, que en esta ocasión estaba por delante de otros como Burns (de nuevo), Young y Cantlay. Nadie dice que su decisión no sea acertada, de hecho a simple vista parece que sí lo es, pero se ve que, visto desde el lado del capitán, al final no todo es tan sencillo como pudiera parecerle a él hace dos años…
– Sólo seis jugadores del equipo estadounidense coinciden respecto al de Roma 2023 (Scheffler, Schauffele, Thomas, Morikawa, Cantlay y Burns), pero es que eso es una norma casi habitual en el bando de las barras y estrellas. De hecho, del equipo de 2021 al de 2023 también cambiaron seis jugadores.
– Paradojas curiosas: Zach Johnson fue en su día un capitán que no mostró ningún apego por los chicos americanos de LIV Golf, pero al final incluyó a Brooks Koepka entre sus seis elecciones. Bradley, sin embargo, se mostró mucho más abierto a la posibilidad de elegir a jugadores de la liga saudí, pero al final en su equipo sólo va uno, Bryson DeChambeau, que se había ganado la plaza por sus propios medios. Pues eso, una simple curiosidad, porque lo real y cierto es que Koepka se había ganado a pulso su presencia en el equipo por su desempeño aquel año en los Grandes (segundo en el Masters y primero en el PGA), y ningún americano de LIV realmente ha deslumbrado en 2025, más allá de DeChambeau.
– Tiene mucho más sentido pensar que Sam Burns está dentro del equipo por sus magníficas estadísticas de putt que por ser el íntimo amigo del estandarte, Scottie Scheffler. Después, nada te garantiza que el mejor pateador en la actualidad del PGA Tour vaya a ser un arma letal en match play, pero quién iba a imaginar tampoco que Scheffler y Koepka serían apalizados en aquel foursome histórico hace dos años ante Hovland y Aberg (perdieron por 9 y 7).
– Sería interesante conocer el tiempo que han dedicado Bradley y sus vicecapitanes a valorar la opción de dejar fuera a un Collin Morikawa que anda desangelado… Pero nunca lo sabremos.
– Patrick Cantlay puede llegar a ser desesperante por su juego lento. Que levante la mano quien haya ‘zapeado’ alguna vez cuando el californiano aparece en imagen, no digamos ya si es en un green… De alguna manera incita al zapping, en efecto. En la Ryder, afortunadamente, no ocurrirá. Es demasiado emocionante. Ahora más en serio: seguramente hace dos semanas no estaba tan clara la elección de este jugador, pero se ha hecho hueco a codazos. Y volverá a ser un dolor de cabeza para el equipo europeo, y no precisamente (o no sólo) por su lentitud.
– Todavía había analistas en Estados Unidos que concedían alguna posibilidad a Jordan Spieth… Algo nos hemos perdido a este lado del charco, por más que se admire y hasta se quiera tanto al texano.
– Cameron Young suena a todo o nada. Héroe o villano. Uno se lo imagina ganándolo todo, pero también perdiéndolo casi todo. En Roma hubo un novato, Max Homa, que acertó a cargar sobre su espalda el peso del equipo en momentos complicados. Ese papel parece que ni pintado en este caso para J. J. Spaun. A Young tenemos que verlo gritar y sacar puños en Bethpage para certificar que corre por sus venas sangre caliente. Si no ocurre en una Ryder no ocurrirá nunca.



