Inicio Otros Circuitos Alps Tour «Mi ídolo es Rory, mi sueño ser el Número Uno del Mundo»
Entrevista con Javier Barcos, reciente ganador del Alps Tour de New Giza

«Mi ídolo es Rory, mi sueño ser el Número Uno del Mundo»

Compartir
Javier Barcos
Javier Barcos

Javier Barcos ya sabe lo que se siente al ganar como profesional. Este lunes se impuso en el Alps Tour de New Giza para levantar su primer gran título. Nada más llegar el martes a mediodía a Estella, y con las maletas todavía sin deshacer, atiende la llamada de Ten Golf. Reconoce que está muy cansado. Salió del hotel en Egipto a las 23:20 de la noche y apenas ha pegado ojo en los dos vuelos que ha cogido

«Ahora mismo la alegría puede con todo. Estoy cansado, pero muy contento. Es mi primera victoria como profesional y lograrlo tan pronto en la temporada es un extra de confianza. Sabía que tenía nivel para lograrlo y estoy muy feliz», sostiene el jugador de 23 años.

Javier Barcos afronta en 2025 su primera temporada completa como profesional tras dar el salto el pasado septiembre. El navarro volvía en junio de cinco años estudiando en Estados Unidos, en Utah Athletics, y daba el salto al profesionalismo. El verano pasado tuvo tiempo para debutar en el Challenge Tour firmando un gran 12º en Suecia y fallando dos cortes (Suiza y República Checa). Además, superó la primera fase de la Escuela del DP World Tour y se quedó a las puertas de pasar a la etapa definitiva.

«En esos torneos del Challenge me di cuenta lo bueno que son los jugadores aprochando. Cuando tienen opción de birdie y están a menos de cien metros no fallan. Van a por todas. Yo me di cuenta que tenía que trabajar en eso. Es lo que llevo haciendo estos últimos seis meses y creo que es la clave de la victoria de esta semana».

A pesar de llevar tan solo seis meses como profesional, Javier estima que lleva muchos años viviendo como tal. «Si algo me dejó claro mi coach en Utah es que yo no era profesional simplemente porque no podía, pero que toda mi vida debía comportarse como si ya lo fuera. Yo tiendo a ser despistado y estoy trabajando mucho en la disciplina y el horario». Capacidad de trabajo y mentalidad ganadora: «Donde yo entreno habitualmente no hay nadie que aspire a ser profesional y allí me han inculcado un modo de ver las cosas. Además tenía un gran entrenador y un montón de gente a la que podía acudir siempre que lo necesitase».

Eso sí, el chico de Estella ha vuelto a casa y no tiene intención de mudarse. Lleva siete años fuera (dos en la BLUME y cinco en Utah) y quiere disfrutar de su gente y su familia. La tarea no es sencilla ya que le obliga a moverse a 50 minutos de su casa para entrenador con David Valls en Logroño. Está a gusto y si no hay cambios así quiere seguir de momento. Sí que hay un pero: «Quizás el año que viene haga un mes de pretemporada en Andalucía. Con las heladas y el frío se complica entrenar bien. No lo tengo decidido, pero probablemente tenga sentido irme algunas semanas al sur», confiesa Barcos.

Continúa en su Navarra, pero con metas altas. Muy altas. No se arruga el español. A sus 23 años tiene claro los pasos que quiere ir dando en su carrera: «Este año el objetivo es conseguir la tarjeta del Challenge, en tres o cuatro temporadas me gustaría verme consolidado en el Circuito Europeo» No son pocas las aspiraciones del joven jugador que sin embargo piensa bastanta a lo grande: «Mi sueño sin duda es ser Número Uno del Mundo, creo que es lo más grande que me podría pasar, y si tengo que elegir un Grande me quedo sin duda con el Masters, me encanta ese torneo. Muchos amigos me dicen que debería soñar con el Open, pero para mi Augusta es lo más grande». Se dice pronto. Se dice rápido, pero el joven jugador de Estella sueña lo grande. «De Rory lo que me encanta es la consistencia que tiene. Yo empecé a jugar cuando ganó sus cuatro Majors y me encanta. Es increíble como cada semana que juega está siempre arriba. Es difícil verle fallar cortes o no pelear por victorias».

Sabe Javier que es un sueño muy grande que ojalá se cumpla, pero que es muy difícil conseguirlo. Lo que tiene meridiano es que ese gran ideal se construye paso a paso: «Este año me toca centrarme en el Alps Tour. Jugaré todos los torneos menos uno que coincide con el Challenge de España y que me hace ilusión poder jugarlo. Voy a jugar algún torneo más del HotelPlanner Tour y ojalá pueda lograr algún buen resultado también ahí.»

Sobre su juego Barcos lo tiene claro: «Me considero un tipo que falla muy poco. Me gustan los campos complicados, porque es dificil que yo falle una calle por mucho. No soy un jugador que haga muy pocas y, aunque ayer lo hice, es raro que yo haga un doble bogey. No soy un gran pegador, me gusta mucho aprochar y considero el 60º grados mi palo favorito. Disfruto mucho pateando y creo que soy bueno calculando la velocidad y la fuerza, pero me cuesta leer las caídas», reconoce con humildad.

Volviendo a lo ocurrido el lunes en Egipto cuenta como vivió la jornada decisiva. Partía colíder. «Empecé bastante tranquilo, más de lo que me esperaba, de hecho hice cuatro birdies seguidos, pero es verdad que según avanzaba la jornada me fui poniendo más nervioso. En el 16 cometí un error de cálculo, me equivoqué hice un approach para apurar a la bandera cuando tenía que haber jugado largo a final de green y ver si era capaz de sacar el par o asegurar un bogey. Apuré demasiado, la bola no terminó de subir la primera plataforma del green hacia la bandera y bajó rodando veinte metros». Cometió un doble bogey y perdió toda la ventaja que tenía con el francés Debove.

De hecho, este error reconoce que le descuadró. «Pude salvar los dos hoyos finales con dos pares para irme al desempate, pero estaba realmente enfadado conmigo, no por el golpe en sí, si no por la decisión de dar ese golpe. En esos dos hoyos no conseguía volver a concentrarme. Una vez que salvé el par en el 18 cambié de mentalidad. Ahí me situé, acepté lo que había pasado y me recordé lo bien que había jugado estas semanas. Enfócate, tienes juego de sobra, hice reseteo e intenté centrarme en cada golpe al 100%».

Lo hizo a las mil maravillas con una buena salida y un segundo golpe mágico: «Estaba a 127 metros con algo de viento de derecha a izquierda. Según la pegué supe que era buena, que era muy buena y la dejé dada a muy pocos centímetros. Estaban todos los jugadores españoles en el green y empezaron a gritar como locos. Creo que eso también ayudó a que mi rival sufriera algo más de presión y no pudo sacar el birdie que yo había hecho y me hice con el triunfo.

De Egipo 2025 a Ulzama 2006. Esta es la primera gran piedra profesional, pero Javier no olvida como empezó a jugar. Cuando mi abuelo dejó el restaurante que tenía y se jubiló comenzó a juugar al golf en Ulzama, que está a más de una hora de mi casa. Así fue como entró el golf en mi familia. Mis primeras bolas fueron con mi abuelo cuando yo tenía apenas cinco o seis años». Jesus Mari puede estar muy orgulloso de ver a su nieto que ya empieza a triunfar en la mesa de los mayores.