Rocco Repetto miró la pizarra de resultados en el hoyo 15 del The Residence Golf Tunis. Era la última jornada del Tunisian Golf Open y sabía que se estaba quedando atrás. Un bogey en el hoyo 13 lo había colocado a cuatro golpes de un huracán llamado Álvaro Hernández Cabezuela. Las cuentas le salieron rápido en la cabeza. «Necesito cuatro birdies para darme una opción de victoria», se dijo el golfista malagueño de padre italiano y madre irlandesa que está disputando este año el Alps Tour.
Pasó el 15 y no hubo birdie. Pasó el 16 y tampoco. No se alteró. Tiró a la basura el primer plan y recalculó ruta. Hay que adaptarse a lo que viene, pero siempre con la actitud de que pueden ocurrir cosas. Es optimista y cree en sus posibilidades. Dos virtudes que casan de maravilla con el golf. Acabar una ronda con cuatro birdies es ya algo muy especial, pero ahora necesitaba ya una vuelta de tuerca, algo muy gordo. Mientras hay vida, hay esperanza.
Lo primero era abrir una puerta y lo hizo con un putt soberbio. En el hoyo 17. «Tenía unos diez o doce metros y rodé la bola de maravilla. Fue un tubaco», asegura a Ten Golf desde la cancha de prácticas de La Cigale Tabarka Golf, donde mañana empieza el quinto torneo de la temporada del Alps y el último de la gira por el norte de África. Con ese birdie se ponía con -8 y Álvaro, que había hecho birdie al 16, estaba con -12.
Lo siguiente fue pegar una gran salida en el hoyo 18. De camino a la bola volvió a recalcular ruta en su cerebro. Son cuatro golpes de desventaja, pero a Álvaro le quedan dos hoyos. Quién sabe pero en el hoyo 17 puede caer un bogey y quizá en el 18 haga par. Entonces, si hago albatros, todavía puedo tener una oportunidad. «Fue un pensamiento fugaz, ni dos segundos, pero se me pasó por la cabeza», recuerda. Es su manera de pensar. Siempre de frente. Siempre positivo. «Cuando llegué a la bola hice las cuentas y tenía 178 metros. La distancia era perfecta. Un hierro 8. Soplaba viento de derecha a izquierda y la bandera estaba muy metida a la izquierda. Planteé un golpe con draw (efecto de derecha a izquierda), sacándola por el borde derecho de green para que fuera cerrando. Si cerraba mucho la podía dejar cerca. El golpe salió perfecto, cerró, la cogió el viento y cerró más, botó fuerte a siete metros de la bandera y empezó a rodar hacia el hoyo… De pronto, dejé de verla. Gritos. Surrealista», explica el golfista de 22 años. Tres menos. Miran si es extraordinario un albatros que en el online del Alps Tour ni siquiera existe un color para ese resultado…

De golpe, y sobre todo porrazo, Rocco acabó con -11. Premio a la fe. Homenaje al déjà vu. Álvaro no dio opción. Terminó con par en el 17, otro birdie en el 18 y se llevó el triunfo, pero el andaluz no va a olvidar lo que sucedió allí. Se aseguró la segunda posición, su mejor resultado en un torneo valedero para el ranking mundial. Sólo lleva seis disputados en su carrera y suma tres top 6 consecutivos.
«Nunca en mi vida había hecho un albatros, como tampoco he hecho un hoyo en uno», admite. Quién sabe, será cuestión de empezar a plantearlo. «Eso es, ahora cada vez que esté en un par 3 voy a pensar en el hoyo en uno, a ver qué tal va», bromea por el teléfono. La lata de los milagros está abierta. «Ahora ya puede pasar de todo», dice con un fabuloso posibilismo.
El inicio de temporada de Repetto ha sido casi tan extraordinario como su albatros. Ahora mismo es cuarto en el orden de mérito del Alps. Es el mejor entre los que aún no han ganado. Ha sido señalado por Álvaro Hernández como gran candidato a coger una de las cinco tarjetas del HotelPlanner Tour cuando termine el año. «Antes del primer torneo planteé como objetivo con mi equipo (Dani Colomar y la familia de la Fundación Fairways & Green, apoyados por Airzone y su máximo responsable Antonio Mediato) acabar entre los doce mejores, ya que suponía una buena evolución. Sin embargo, después de este comienzo la idea es acabar el año entre los cinco primeros», señala.
La madre de Rocco nació en Dublín y el padre en un pueblo al norte de Milán. Cuando se le pregunta si se identifica más con Irlanda o con Italia, no pestañea. «Soy español, español, de Málaga, y nada me haría más ilusión que representar a España allí donde pueda», remata un golfista criada en una cantera tan extraordinaria como la del Real Guadalhorce Golf Club.



