Javier Calles (2002) es el flamante campeón del Alps Tour de Lacanau. Suena irreal, pero es la séptima victoria española en ocho torneos en el circuito satélite. Una auténtica barbaridad.
Con semejante racha ya hasta puede parecer sencillo ganar, pero Javier sabe perfectamente lo que significa. «Es mi primera victoria profesional y la alegría que he sentido es incomparable. También algo de alivio, porque los nervios estaban ahí. Ver al resto de españoles en el green fue una pasada. No lo olvidaré», relata todavía emocionado en una victoria que ha sido toda una sorpresa.
Vayamos un poco hacia atrás. Javier nació en Madrid hace 23 años y gracias a su padre empezó a jugar al golf con ocho años. En Madrid empezó en el Club de Campo y ahora lo combina con La Finca. Todo sea dicho, su pasión por el golf llegaría más tarde: «Con once años me fui a vivir a Inglaterra y allí el deporte y el golf se vive de otra manera. Fue allí donde realmente me enganché con el golf, estuve allí tres años». Años más tarde, el joven nacido en 2002 daría el salto al otro lado del charco. Stetson University Athletics le esperaba para cuatro años apasionantes y un grado en Business Management. Tras terminar la universidad tocaba ganarse el jornal. Hace exactamente un año que daba el salto y ya sabe lo que es ganar como profesional.
Siempre supo que quería dedicarse al golf: «Desde que me fui allí siempre quise dedicarme a esto, no he tenido momentos de duda, lo he tenido muy claro». Hay un ejemplo que demuestra este convencimiento. Septiembre de 2021. Javier está en su primer año de universidad y está sentado con su entrenador. «¿Cuáles son tus sueños a largo plazo? le pregunta su coach, «Yo quiero jugar la Ryder de 2029», le contesta el soñador Calles. «Y la verdad es que cuatro años después ese objetivo sigue estando encima de la mesa», sostiene sin dudar y añade entre risas: «Sabiendo que la Ryder de 2031 quizás sea en España tampoco me importaría que debutase ahí, pero la Ryder sigue siendo mi sueño». Septiembre de 2029, Hazeltine National Golf Club. Esa es la fecha y el lugar grabados a fuego en la cabeza de Javier.
Para ello tiene claro que hay que ir un pasito detrás de otro: «Primero fue sacar la tarjeta del Alps el año pasado cuando no tenía más opciones de juego, ahora el objetivo es quedar entre los cinco primeros del ranking y ascender al Challenge. De ahí al DP World Tour y al PGA Tour». Ahora mismo el madrileño es octavo a tres puestos de una de las ansiadas tarjetas.
Su calendario en el corto plazo es claro: «Toca centrarme todavía más en el Alps Tour, de hecho superé la previa para jugar dos torneos del Challenge Tour en Francia, pero hay uno que coincide con el Alps. Es probable que no lo juegue para intentar sumar el máximo de puntos».
Hablando de golf se le ilumina el rostro. La respuesta es clara: «Me gusta este deporte, la verdad es que me encanta. Yo puedo entrenar doce horas al día y la realidad es que ahora no me cuesta. Hago dos horas de físico y después entre salir al campo y entrenamiento puedo hacer entre diez y doce horas al día».
No duda cuando se le pregunta por sus ídolos en el golf: «Por un lado, Rory McIlroy. Me fijo en todo lo que hace, en su swing, en su modo de approchar, es mi gran referencia. Yo desde pequeño era un loco de Nike y Rory siempre estaba ahí, eso unido a mi etapa en Inglaterra, pues hizo que se convirtiera en mi ídolo» Sin embargo, tiene claro que quiere mencionar a otra persona: «Álvaro Salto es mi otro gran ídolo. Con él empecé desde pequeñito y es el espejo en el que mirarme y el que mejor me conoce. Ahora trabajo también con Martin Cummins, pero Álvaro es sin duda alguien que me inspira».
Sobre sus puntos fuertes señala una de sus grandes virtudes: «Considero que soy bueno estratégicamente. Más allá de mi juego creo que juego soy inteligente dentro del campo. Me gusta competir y creo que maximizo mis golpes dentro del campo».
En lo que a su juego se refiere, tiene perfectamente identificado su talón de Aquiles: «No hago mucha distancia desde el tee, soy de los que juegan más corto y con diferencia. Poco a poco estoy trabajando en ello y es verdad que sí que juego bastante recto, pero ahora mismo es algo en lo que tengo que trabajar. Me sostiene mi juego corto y mi putt, que creo que son buenos la verdad. Ahora mismo hago unos 250 metros de vuelo, pero en el medio plazo me gustaría volarla 30 metros más». Tiene faena por delante el joven golfista.
Para muestra un botón de su capacidad de estrategia y el conocimiento de sus posibilidades: «En el hoyo 16 de la última jornada de la semana pasada todos los jugadores estaban tirando a green, es un par cuatro corto y se podía llegar. Yo decidí jugar un hierro cinco para tener después un approach cortito. La verdad es que pegué un buen primer golpe bueno y dejé el segundo golpe dado, empaté en cabeza y después pude hacer el birdie en el 18 para ganar».



