La tercera jornada del Charles Schwab Championship, la gran final del PGA Tour Champions, ha situado a Miguel Ángel Jiménez en una posición realmente complicada para ganar el ranking. Se le ha puesto todo muy oscuro, casi negro. No sólo se ha dejado mucho terreno en el moving day en el Phoenix Counttry Club, sino que sus más inmediatos rivales lo han bordado.
Jiménez, con una vuelta de 70 golpes, ha caído al puesto 13º con un total de -9. Ha sido un sábado muy irregular para el malagueño. Ha hecho cuatro birdies y un bogey en un día donde las vueltas bajas han sido una tónica. Los problemas han empezado desde el tee, donde sólo ha sido capaz de coger cinco calles. Ha ido toda la jornada a remolque.
A su día gris se han unido las grandes actuaciones de Steven Alker y Stewart Cink, sus dos rivales más directos para ganar la Charles Schwab Cup. Los dos han hecho 65 golpes y mandan en la clasificación. Alker es primero con -17 y Cink es segundo con -16. Se le ha puesto en chino a Jiménez. Necesita una vuelta milagro este domingo en Arizona. Por lo pronto, él tiene que volar muy abajo y después que fallen Alker y Cink, algo realmente complicado a la vista del nivel de juego que están exhibiendo.
Jiménez había llegado a esta Final del PGA Tour Champions con las opciones intactas de ganar la Charles Schwab Cup. Es más, dependía de sí mismo. Si ganaba el torneo, se llevaba el premio gordo. La victoria ya parece imposible, a ocho y siete golpes de diferencia de Alker y Cink y con dos jugadores por delante. No queda otra que una alineación majestuosa de planetas en la última jornada.
Serán 18 hoyos a todo o nada. Miguel no tiene nada que perder. Tiene asegurado el puesto entre los cinco primeros del ranking, pero su gran objetivo era ganar la Schwab Cup a sus 61 años. Hasta el rabo todo es toro. Eso es lo que diría Jiménez. Y es la mejor manera de afrontar esta última jornada de golf.



