Cuesta creer que al fin se haya podido jugar sobre el vetusto recorrido del Sedgefield Country Club (Greensboro, Carolina del Norte) la primera jornada del Wyndham Championship. Cuesta, sobre todo, viendo según qué imágenes del caos provocado por la tormenta Debby (VER VÍDEO: imágenes del hoyo 15 durante el paso de la tormenta).
Pero ahí están las entrañas de este campo casi centenario para chupar lo que haya que chupar, además de la pertinente cuadrilla de magos de la intendencia para limpiar, desaguar y ordenar. Gente anónima haciendo pequeños milagros… El campo presentaba hoy un aspecto ciertamente desaliñado, sólo faltaría, pero más que practicable y dispuesto.
Cuesta también imaginar a Beau Hossler (-10) riendo a mandíbula batiente, o simplemente expresando satisfacción plena. Pero a buen seguro que habrá terminado más que plenamente satisfecho después de firmar un 60 y andar flirteando con la posibilidad de entregar un 59. No habrá luz suficiente para terminar hoy, viernes, esta primera jornada al completo, pero habrá que ver si no hay algún iluminado más que ronda y hasta iguala el registro de Hossler, porque al cierre de la edición de esta crónica venía Ben Taylor con un parcial de siete menos en nueve hoyos, o Billy Horschel, con uno de seis menos en ocho hoyos. El rough, muy pesado con toda el agua que ha recibido, llega a intimidar, pero si uno va por el sitio, luego los greenes, tan receptivos, ayudan a dejarla más cerca.
Jorge Campillo (-2) ha sido de los que ha podido terminar su ronda, saliendo a jugar en el turno matutino con un retraso de cerca de tres horas. Y lo que ha ocurrido nos suena de algo. Cada ronda tiene sus particularidades, por supuesto, pero en realidad la actuación del extremeño se ha parecido mucho en líneas generales a otras muchas que ya ha jugado esta temporada en Estados Unidos: un juego más bien estable, un resultado más que decente (registro de 68 golpes) y una sensación de haber podido sacar una renta mayor. Le cuesta cerrar vueltas sobresalientes.
El español ha estado sólido con el driver y curiosamente mucho más errático con el híbrido en las manos. Ha pateado bastante bien, pero no ha estado del todo fino en las recuperaciones alrededor de green… “He fallado tres calles con el híbrido y desde este rough está complicado, pero el juego ha estado ordenado. Es un poco la historia de siempre: me voy con la sensación de poder haber hecho cuatro o cinco menos sin grandes complicaciones, aunque me he quedado con buenas sensaciones”, explicaba.
En principio, el plan heroico del PGA Tour pasa todavía por tratar de terminar las cuatro rondas con el último rayo de sol del domingo, en vista de que las condiciones mejoran sensiblemente durante el fin de semana y siempre teniendo en cuenta que el domingo tendrían que jugarse 36 hoyos. Para que ello sea posible el último partido que ha salido al campo este viernes debería completar al menos once hoyos, lo que en principio parece posible, porque de este modo las salidas de la segunda ronda no tendrían retrasos.



