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A Justin Rose se le pone cara de British

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Justin Rose no podía pensar en una mejor manera de llegar al Open Championship. El golfista inglés aterrizará en Royal Liverpool dentro de dos semanas en modo ganador tras imponerse ayer en el Quicken Loans National.

Que sea el torneo de Tiger Woods tiene su punto emocional interesante, pero lo realmente importante es que Rose ha ganado en un campo que el domingo alcanzó la exigencia de una cita grande. Sólo seis jugadores bajaron del par y apenas tres rompieron la barrera de los 70 golpes. Congressional preparó una jornada final devastadora. Las calles y los greenes estaban duros como el mármol y el rough penalizó casi como un US Open, al menos un US Open de los de antes.

Hasta el gran Patrick Reed y su fabuloso récord de los domingos cayó en esta tupida tela de araña. Hizo 77 golpes y perdió por primera vez saliendo el último día de líder, y de rojo. Acabó undécimo, rascándose y moviendo la cabeza, como si no entendiera lo que había ocurrido, no para un jugador que se autoproclamó tras el Cadillac como uno de los cinco mejores del mundo.

Rose sí superó el test de Congressional. Su victoria en el US Open de Merion el año pasado lo avala. Al inglés le van las situaciones límites. Quizás por eso tuvo el arrojo y temple necesarios para embocar un fantástico putt de bogey de unos cinco metros en el hoyo 18 tras marcharse al agua. Ese putt lo metió en el desempate ante el inexperto Shawn Stefani.

La victoria se decidió en el segundo golpe del playoff. Stefani falló el drive por la izquierda de forma estrepitosa y se le quedó un golpe de funambulista. Por delante no tenía más que árboles, un enorme lago protegiendo el green del hoyo 18 y una carpa de hospitalidad entre medias. Tuvo reflejos y al ver la carpa supo convencer a los árbitros de que estaba en su línea para dropar sin penalidad. Fue un gran alivio. Pasó de estar cuarenta metros a la izquierda de la calle y sin visibilidad a green a colocarse a dos metros de la calle, en el rough, viendo el green, aunque eso sí, bajo los árboles.

El destino hizo que Stefani se quedara tras el dropaje en una situación parecida a la que minutos antes tuvo Rose y que acabó con el inglés en el agua. Claro que Stefani venía jugando por detrás y no pudo ver el golpe de su rival. El norteamericano arriesgó, trató de llegar a green con una bola ratonera, pero el tiro se cerró, como le pasó a Rose, y acabó en el agua.

El campeón del US Open 2013 lo tenía en bandeja. Estaba en el centro de la calle y amarró el par sin demasiadas dificultades para conquistar un triunfo más en el PGA Tour, el sexto. Acumula ya cinco años seguidos ganando. Sólo Phil Mickelson y Dustin Johnson mejoran esta racha en el circuito americano.

A Rose se le ha puesto cara de British, un major que juega de forma ininterrumpida desde 2007, un año después de la última vez que se celebró en Royal Liverpool. “Entonces no era lo suficientemente bueno para jugarlo”, señaló ayer. Ahora, ocho años después, es lo suficientemente bueno como para ser uno de los rivales a batir.

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