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El capitán del equitpo estadounidense en Bethpage Black se confiesa

Bradley abre en canal su herida de la Ryder: “Ha sido el momento más oscuro de mi vida”

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En Albany, sede del Hero World Challenge que organiza Tiger Woods, el capitán del equipo estadounidense en la última edición de la Ryder, Keegan Bradley, ofreció una de las ruedas de prensa más sinceras y emocionalmente cargadas de su carrera. Aunque acudía al torneo tras un largo parón competitivo y con la frescura de haber ganado recientemente el Skins Game, no tardó en girar la conversación hacia un asunto que aún le pesa enormemente: la derrota del equipo que comandaba y la responsabilidad personal que siente por ella.

Bradley no maquilló nada. «Cuando el factor de la Ryder Cup entra en juego, mi temporada es una…», sentenció sin rodeos, pese a reconocer que, en muchos aspectos, había sido uno de los mejores años golfísticos de su vida. Para él, ninguna victoria individual compensa la decepción de no haber conseguido el objetivo mayor: ganar.

El capitán profundizó asegurando que el impacto emocional posterior al torneo le dejó en un estado que nunca había experimentado. «Ha sido el momento más oscuro de mi vida, sin duda de mi carrera», confesó. Bradley habló del llamado «Ryder Cup ‘hangover’ (la resaca de la Ryder)», ese desplome de adrenalina y energía que ocurre siempre tras el evento, tanto si se gana como si se pierde, pero afirmó que en esta ocasión el golpe fue especialmente duro: «Estaba exhausto, hundido… todavía lo estoy».

Keegan no quiso apuntar excusas ni señalar a terceros, a pesar de que Justin Thomas había mencionado recientemente fricciones con el equipo de mantenimiento del campo respecto a la velocidad de los greenes. Bradley fue tajante: «Los europeos jugaron de forma extraordinaria. Ojalá pudiéramos culpar a alguien, pero no podemos. Culpadme a mí. Yo me culpo por la derrota». Según explicó, una vez que comienza la Ryder Cup el equipo local pierde gran parte del control sobre la preparación del campo, pero se negó a refugiarse en ese detalle para justificar el resultado.

Respecto a una posible revancha, Bradley mostró una mezcla de deseo y resignación. «Tengo un agujero enorme en mi carrera que no sé si podré llenar jamás», admitió. Ser capitán, recordó, no es algo que uno pueda ganarse trabajando más duro: es un cargo que se otorga y no depende del propio deportista. Aun así, reconoció abiertamente que le encantaría repetir como capitán para tener la oportunidad de redimirse, aunque confesó que probablemente no suceda. «Si preguntas a cualquier capitán que haya perdido, todos querrían otra oportunidad», dijo.

En paralelo, Bradley fue preguntado por las palabras de Tiger Woods, quien había señalado que «nadie le había preguntado todavía» sobre asumir el cargo en el futuro, y no dudó en respaldar al californiano: «Si Tiger quiere hacerlo, lo hará. Es un héroe para todos nosotros y un líder increíble. Todos querríamos jugar para él».

Pese al peso emocional que arrastra, Bradley aseguró que en las últimas semanas empieza a sentirse más como es en realidad él mismo. La preparación de nuevos torneos y la vuelta a la competición le están ayudando a recuperar energía. Incluso dejó caer un mensaje cargado de ambición: tiene la posibilidad, única en la historia, de volver a clasificarse como jugador en un futuro equipo estadounidense, algo que le motiva profundamente. «Lo desearía con todo mi corazón», concluyó.

En Albany, Bradley habló como golfista, como capitán y, sobre todo, como ser humano. Y lo que quedó claro es que la Ryder Cup no solo fue una competición para él, sino una cicatriz abierta que aún busca cerrar.