– Jacob Bridgeman (-18) ha ganado el Genesis Invitational. El joven de Carolina del Sur, con una tarjeta final de 72 golpes, una sobre el par en el día, estrena así su palmarés, no sólo en el PGA Tour, sino en cualquier circuito valedero para el ranking mundial. No era un killer, un rabioso ganador, pero habrá que ver si le coge gusto, porque tiene mimbres más que suficientes. Es, sobre todo, un jugador sólido. Y un pateador más que solvente. Además, y en esta parcela es donde ha dado un salto importante, esta semana ha mostrado en Riviera una alta eficiencia y brillantez con los hierros y wedges. Dice el estadounidense que ha trabajado mucho estos palos con su entrenador, Scott Hamilton, sobre todo en los últimos meses, conscientes de que necesitaba una vuelta de tuerca en esta parcela para de verdad competir con los mejores. Pues bien, aquí están los frutos de tanto trabajo. Y no son frutos cualquiera…
– Porque Bridgeman ya es un nuevo top 50 mundial, que no deja de ser el club exclusivo de la élite del golf, la llave maestra a todas las grandes citas. Y lo va a ser por mucho tiempo, puesto que a partir de mañana rondará el top 20 mundial. Este año va a jugar los cuatro Grandes, que se van a convertir en un test de confirmación excelente para este jugador. Además, siempre podrá presumir de que Tiger Woods le entregó el trofeo del ganador en su primera victoria profesional…
– Bridgeman, que salía con seis golpes de ventaja, todavía tenía que embocar un putt de un metro en el hoyo 18 para salvar el par y evitar salir a un desempate a tres bandas frente a Kurt Kitayama (-17), que había venido desde ninguna parte con un tarjetón de 64 golpes, y Rory McIlroy (-17, tarjeta de 67), que unos segundos antes había enchufado un purazo de birdie, después de no haber metido nada en todo el día y de dejarse muy buenas opciones por el camino, pero que todavía se enganchaba a una opción remota terminando con birdies en los hoyos 17 y 18 (a punto estaba también de hacerlo en el 16: así es Rory, cuando parece que ya no está, resulta que sí que estaba).
– Ha sufrido, pero no se ha deshecho. Es cierto que los ataques más importantes vinieron desde muy lejos, los de Adam Scott (-16), que se sacaba de la manga el mejor registro del día (63), y el citado de Kitayama, ese jugador imprevisible del que nunca te puedes fiar. Y es cierto también que su compañero de partido estelar, el más ilustre de los candidatos, Rory McIlroy, no ha ejercido una presión asfixiante hasta ese momento final en el hoyo 72 del torneo, ya descrito. Pero Bridgeman realmente ha manejado con templanza la situación. Se le estaba haciendo la vuelta un poco larga y su bogey en el 16, par 3, después de un mal golpe desde el tee, podía haberlo noqueado, pero todavía se le iba a ver muy entero en la salida del 18 y, sobre todo, en el segundo golpe, perfectamente ejecutado desde 180 metros, que no es precisamente una distancia menor, en línea a bandera.
– Rory también puede marcharse tranquilo: sin haber trasladado casi en ningún momento la sensación de haber puesto sobre el tapete su mejor versión se ha llevado un segundo puesto que lo pone de verdad en marcha en este 2026. Y hasta Scheffler (-11) ha hecho al final los deberes con una excelente tarjeta final de 65 golpes, y aunque se haya quedado fuera del top ten por un suspiro. Tampoco va a echarse a llorar el texano por este duodécimo puesto en Riviera, pero, aunque él niegue alguna preocupación, sí debería hacerse mirar este nuevo fenómeno en su carrera de los ‘jueves tenebrosos’, porque ha encadenado tres primeras rondas (Phoenix, Pebble y Riviera) que prácticamente lo dejaban ya fuera de cualquier ecuación ganadora, aunque él después se las ingeniase, incluso para acechar el triunfo (en Phoenix y Pebble). Así, a bote pronto, lo que parece es que, después de ganar en su primera comparecencia del año, luego le han podido las prisas por mantener en marcha el contador. Pero los torneos no se ganan los jueves (sí se pierden) y, qué cosas, incluso a extraterrestres como Scheffler se les pasa por alto semejante principio fundamental.



