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Crónica de la jornada final del THE PLAYERS Championship

Young termina de confirmarle al mundo que ya es de otra dimensión

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Cameron Young, ganador del THE PLAYERS Championship 2026. © PGA Tour
Cameron Young, ganador del THE PLAYERS Championship 2026. © PGA Tour

– Cameron Young (-13) ha firmado un excelente 68 en la última ronda del THE PLAYERS y se ha llevado el torneo con un golpe de ventaja sobre su compañero de partido, Matthew Fitzpatrick (-12) y ante la debacle del líder al inicio del día, Ludvig Aberg (-9), al que habría bastado una vuelta al par del campo para mantener sus opciones, pero entregaba un pobre 76 dominical. Un triunfo que, aunque siga pareciendo mentira, es sólo el segundo de este jugador en el PGA Tour. Cualquiera diría por su celebración en el green del 18 del Stadium course, tan discreta, tan moderada, que su cuenta de victorias supera la docena, pero es que el neoyorquino es así. Muy para adentro. No es un tipo que exteriorice demasiado sus emociones y está bien que sea así. Tiene que haber de todo y Young parece venir de una estirpe más antigua de jugadores y no tanto de la de su generación, más dada al show y a la viralidad audiovisual.

– Young, se mire por donde se mire, es hoy, en Ponte Vedra Beach, donde ha terminado de confirmar su lugar en el mundo, que no es otro que el que se le auguraba hace ya unos cuantos años, cuando irrumpió en la primera línea del golf mundial. Lo tenía todo para ser una estrella de primerísimo nivel y se le consideraba, por ejemplo, un potencial ganador de Grandes, aun sabiendo lo arriesgados que son siempre este tipo de augurios. Era en cualquier caso un tipo destinado a una larga y exitosa carrera en el PGA Tour, pero muy pronto mostró un flanco vulnerable y proceloso, uno que además nada tiene que ver con la técnica, como era el de toparse con excesivas dificultades para rematar, para cerrar torneos, para dar un paso al frente cuando el margen de maniobra ya es diminuto. Hoy, aquel jugador empeñado en cometer errores flagrantes en el momento en el que se decidían los títulos, ha sido otra cosa diametralmente opuesta. Hoy Young se ha jugado un drivazo en el 15 y ha puesto la bola en calle; ha pegado otra gran salida en el 16 (aunque luego fallara el segundo tiro, es cierto), el último par 5 del recorrido; se ha jugado los bigotes en el vertiginoso 17, el par 3 más popular del mundo, donde sacaba un birdie a la postre decisivo; y de nuevo ha pegado una salida descomunal en el 18, desde uno de los tees más intimidantes del universo golf. En definitiva: en el momento en que Aberg ha abierto las puertas ha ido a por todas, ha buscado desesperadamente el birdie en cada hoyo, no ha medido tanto los riesgos y ha actuado con enorme determinación, salvo en ese citado error desde la calle del 16. Ha hecho exactamente lo que hubiera hecho el Tiger Woods más exuberante, el de aquellos primeros años, el del año 2000 para ser más exactos, porque además llevaba a su lado, en el mismo partido, a un jugador que no se iba a arrugar, Fitzpatrick, de tal manera que el mano a mano entre ellos ha resultado un duelo épico, verdaderamente bello.

Digamos que esta victoria de enorme prestigio supone el final rotundo de un largo proceso de maduración de un extraordinario jugador, al que ahora no va a quedar más remedio que colocar como gran favorito en todas las grandes citas. Un proceso cuya larga recta final comenzaba con su primer triunfo en el PGA Tour, el pasado mes de agosto (Wyndham), ganaba fundamento con una actuación estelar en la Ryder de Bethpage, donde fue el mejor del equipo estadounidense, y ha quedado finiquitado con esta victoria, que además, de un modo muy significativo y puede que definitivamente premonitorio, sitúa a Young dentro del top ten y del top 5 mundial por primera vez en su carrera. Hasta ahí, hasta ese top ten mundial, lo habían proyectado muchos analistas y aficionados hace ya tiempo, y no se equivocaban, aunque le haya costado algo más de la cuenta llegar. Oiga usted, tampoco hay que ponerse tan estupendos: al fin y al cabo sólo tiene 28 años y esta es su quinta temporada consecutiva en el PGA Tour, así que la espera ha sido larga, pero no tediosa, sobre todo si tenemos en cuenta que sus primeros cuatro años al máximo nivel estuvieron salpicados de segundos puestos (hasta siete), que al menos nos seguían recordando lo bueno que era y podía llegar a ser.

– Ludvid Aberg ha sido el gran derrotado del domingo en el TPC Sawgrass. El esfuerzo de Young, Fitzpatrick o Schauffele (-11) ha sido importante, pero también habrá que reconocer que ha sido el sueco quien ha dejado la pista libre al resto de candidatos en un tramo dramático de juego que arrancaba con un segundo tiro espantoso en el hoyo 11, par 5 (se iba al agua por la derecha, pero es que su bola se pegaba el chapuzón en el mismísimo centro del lago), y continuaba con otro mal tiro en el tee del 12 desde donde de nuevo enviaba la bola al agua sin remisión ni suspense alguno. Aunque también hay que apuntar que ni antes de los hoyos 11 y 12 se le había visto afilado y en modo dominador, ni después mostraba ninguna capacidad de reacción.

Al sueco quizá le falta todavía encontrar con mayor naturalidad una sexta marcha que afile su competitividad cuando se traspasa la raya del ahora o nunca. Young la encontró en Bethpage. Y también en este desenlace en Ponte Vedra Beach. Van a coincidir muchas veces Young y Aberg los domingos, ahí arriba, en las grandes citas. De eso podemos estar seguros. Puede que incluso en el primer Grande del año 2026, el Masters que aguarda ya a la vuelta de la esquina.

Resultados finales del THE PLAYERS Championship