
Los responsables de Torrey Pines encargaron ayer un nuevo cartel para colocarlo a la entrada de la propiedad: «cuidado, Tigre suelto»…
Tiger Woods se convirtió ayer en el primer jugador de la historia en ganar ocho veces en el mismo campo. Una marca más para un deportista sobrenatural que ha convertido en sana costumbre aquello de ‘ser el primero en…’. Sam Snead ganó ocho veces el Greensboro Open entre 1938 y 1965, pero lo hizo en campos diferentes. Otro debate de largo recorrido sería determinar qué hazaña tiene más mérito. De lo que no hay duda, en cualquier caso, es de que ambas son hazañas.
La victoria quedó empaquetada el pasado domingo, cuando Tiger se fue a dormir con seis golpes de ventaja a falta de siete hoyos. Realmente, sólo quedaba ponerle el lazo: resultado final y diferencia con el segundo. Hubo que esperar al lunes por la niebla salvaje que suspendió la jornada del sábado. Woods ganó con -14 y sacó cuatro golpes a Brandt Snedeker y Josh Teater. Preso de la desesperación por un exasperante juego lento, el californiano terminó sus últimos cinco hoyos con dos bogeys y un doble bogey. Una anécdota.
Lo más importante es que Tiger consiguió su vicoria número 75 en el PGA Tour y ya se encuentra a sólo siete triunfos de las 82 de Sam Snead. Cada día más de cerca de ‘volver a ser el primero que’ llega a 83 en la historia.
La pregunta del millón que todo el mundo se hacía mientras el ganador recorría el largo paseo triunfal que duró casi cuatro horas (sí, casi cuatro horas para siete hoyos) es cómo hay que interpretar esta victoria. Qué significa. Qué podemos esperar de Tiger en 2013. ¿Ha vuelto el gran Woods de mediados de la pasada década?
Evidentemente, no hay respuesta. Sólo se puede especular. El dato objetivo dice que es la séptima vez que gana en su estreno competitivo en el PGA Tour. En las seis ocasiones anteriores logró un total de 37 victorias. Es decir, una media de algo más de seis trofeos por año. ¿Veremos algo parecido en 2013?
Hay que esperar. Igual que Tiger se ganó a pulso durante una carrera extraordinaria que nadie lo pusiera en duda cuando empezó su época negra tras la ruptura con Elin, ahora también se ha ganado a pulso ponerlo en cuarentena. Hay motivos suficientes para ello. Han pasado casi cinco años desde su última victoria en un Grande (US Open 2008, curiosamente en Torrey Pines); viene de no pasar el corte en Abu Dhabi, más allá de su penalidad de dos golpes; y sus últimas cuatro victorias han sido en ‘cotos privados’ de caza del Tigre: Bay Hill, Muirfield, Congressional y Torrey Pines. En cualquier caso, sólo pensar en la temporada que se nos viene por delante ya emociona.
Sus rivales están convencidos de que la mejor versión de Tiger ha vuelto. “Yo no sé si algún jugador habría sido capaz de plantarle cara esta semana. Desde luego, yo necesitaba la mejor versión de mí mismo y no la he tenido”, aseguró Nick Watney. Hunter Mahan, que comparte entrenador con Woods, fue mucho más ‘holliwoodiense’: “creo que él ha querido mandar un mensaje. Se ha hablado mucho de la rivalidad con Rory, que ahora está en Nike. Todo esto es una gran motivación para él”.
Tiger, simplemente, avisa: “estoy realmente emocionado con lo que me depara este año. Me encanta el trabajo que estoy haciendo con Sean Foley y lo que estamos construyendo. Es una manera fantástica de empezar la temporada”.
Próxima parada de esta maravillosa batallas: WGC Accenture Match Play.


