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Diario de un superviviente (y su caddie) en la Escuela Americana

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Por Jorge Parada (*)

Así comenzó todo…

La idea de que Alfredo García Heredia jugara la escuela del circuito americano viene ya de muy atrás, casi desde que llegué yo a Estados Unidos.

Todos los años hablábamos sobre los campazos que hay aquí, la cantidad de dinero en sponsors y bolsas de los torneos, e incluso el hecho de que tanto el circuito, como los campos americanos se adaptaban a su juego muchísimo más que los de Europa. El gran obstáculo a superar era poder jugar ambas escuelas (europea y americana) sin que las fechas coincidiesen. Este año, después de entrenar aquí durante el invierno, y de mucho trabajo en España el resto del año, creíamos que estaba más preparado que nunca, técnica, física, y mentalmente para disputar ambas escuelas, y que un posible fallo en una no tendría ningun tipo de efecto negativo en la otra. Una vez que salió la circular con las fechas se tomó la decisión. Este era el año de intentarlo, todas las fechas eran compatibles y su juego daba sensación de solidez, así que me puse manos a la obra, elegí los campos y llevé la inscripción a la sede del PGA Tour.

Las vueltas de prácticas…

Llegamos a Pinehurst el sábado 23 de octubre para comenzar las vueltas de prácticas al día siguiente. Pinewild Country Club es un campo que yo ya había jugado en varias ocasiones durante mis años en Carolina del Norte, así que fue más sencillo a la hora de elegir golpes y rellenar el libro del campo con las anotaciones pertinentes. Las primeras sensaciones de Alfredo: Gran campo, largo, con mucho peligro desde el tee, y unos greenes muy bien protegidos. En resumen, ´aquí hay que jugar bien al golf, y no se pasa con pocas´.

El primer día…

El primer día salimos por el tee del 10 a las 10:10. Llegamos al campo, y como estaba previsto, el viento aparecía como un rival dispuesto a arruinar muchas vueltas, sobre todo al arremolinarse entre los miles de pinos que rodean el campo. La primera vuelta se desarrolló de una forma tranquila, jugando de manera controlada y sin muchos problemas, pero nos quedamos con la sensación de que podíamos haber aprovechado un poquito más las oportunidades que tuvimos. 50 bolas en la cancha, 20 minutos en el putting green, y de vuelta al hotel.

El segundo día…

La segunda jornada se presentaba interesante, el viento seguía siendo del suroeste (al igual que el primer día), pero esta vez con mayor fuerza. Salimos a las 9:10 por el tee del 1. Para empezar, buen par 5 de 562 metros, fuera de límites por la izquierda y por la derecha, dos bunkers a la caída del driver, y una calle de 15 metros de ancho. Acabamos la vuelta bastante drenados tanto física, como mentalmente. Este campo tiene muchísimas cuestas y el viento nos lo ponía peor, pero sobre todo nos marchamos con la sensación de haber jugado mucho mejor que el día anterior, pero con 5 golpes más. ¿Cómo puede ser esto posible? Pues dos hoyos, el 4 y el 10 con golpes de mala suerte que básicamente arruinaron una vuelta que podría haber sembrado el camino para conseguir la clasificación a la segunda fase. Por el contrario, conducíamos al hotel con la idea de que tocaba remar, y bien remado, como mi vecino gallego David Cal.

El tercer día…

La mañana del Jueves se presentaba interesante por varias razones. Como ya había augurado el meteorólogo de la televisión americana, no sólo el viento había desaparecido casi en su totalidad, sino que una ligera lluvia hizo acto de presencia. Situación incómoda para la práctica del golf ya que los vientos predominantes en días anteriores ayudaron a subir la temperatura, y ahora nos encontrábamos con lluvia y calor, una combinación extraña. Después de un buen calentamiento nos dirigimos al tee del 10 para empezar la tercera vuelta. La idea era arrancar fuerte y recortar los golpes perdidos en la jornada anterior. Los primeros 8 hoyos se desarrollaron sin mayor problema, con buenas sensaciones y golpes prometedores. Llegamos a nuestro noveno hoyo, el 18 del Magnolia Course, un par 5 con una salida tensa, pero suficientemente corto como para poder tener una posibilidad de birdie sencilla. Cinco minutos después parecía que el hoyo se nos iba a complicar y asu vez la vuelta.
El primer drive se dirigió directamente a la zona del fuera de limites de la parte izquierda. Tras golpear una bola provisional a la calle nos dirigimos a buscar la primera como si de un tesoro se tratase. Se encontraba en una zona de clara visibilidad por lo que éramos capaces de verla desde la lejanía. Llegué primero a la estaca del fuera de límites y le grité a Alfredo, por menos de una cuarta, pero ¡¡¡ESTÁ DENTRO!!!! Debió haber tocado un árbol… Pero nos dijimos, así es el golf,  unos días te quita y otros te da.
Lo que marca la diferencia es cómo usas la suerte cuando el campo te la proporciona. Salimos a calle avanzando sólo unos metros, nos reagrupamos y casi le sacamos un birdie. Dando gracias y con la moral por todo lo alto nos dirigimos a la segunda vuelta, donde los golpes de Alfredo se convirtieron en dardos envenenados al centro de una diana. Su juego corto demostró una solidez digna de una vuelta bajo par. Así fue. Acabamos con un 71, una bajo par, para un total de dos arriba.

El cuarto día…

Durante el desayuno del viernes no queríamos jugar a adivinos, pero ambos sabíamos que uno arriba sería suficiente. Eso sí, teníamos la sensación de que con el campo tan complicado, las banderas dignas de un último día, y el  viento del noreste (exactamente opuesto a las primeras jornadas), el corte podría subir a  +2. Nos tocaba salir por el tee del 1, lo cual era preferible ya que nos dejaría el hoyo 18 para terminar.

Pasamos los 15 primeros hoyos sin muchas complicaciones y nos dirigíamos al tee del 16 con ganas y optimismo. Llevábamos un resultado de +1 en la tarjeta (+3 al total). El viento cada minuto. Estamos en la calle a 124 metros. Sopla fuerte y a favor. Pegamos un pitching wedge. En cuanto la bola sale despedida por la cara del palo, un cambio en las ráfagas hace que el viento se pusiese en contra… La bola no llega al green y cae en un bunker. Además, se queda bastante mal. Bogey al 16, lo que nos ponía +4, dos o tres golpes por detrás del número necesario.

Necesitábamos un birdie al 17 y esa fue la mentalidad desde el golpe de salida. Desde el medio de la calle, Alfredo pega un golpazo con un hierro 7 a un green estrechísimo que nos dejó una opción de birdie de medio metro. Una vez más, la tranquilidad y la garra salieron a relucir en el momento más importante.
Salimos al 18 y comentamos la posibilidad de que un birdie nos sirva. Sin embargo, tenemos que ir a por el eagle. Tarea complicada, ya que el cambio en el viento, había convertido este par 5 en un hoyo casi imposible de llegar con dos golpes. Drive a calle, gran madera tres que bota un metro corta y la llegada al green en subida hace que la bola baje y se nos quede un approach de nueve metros con un gran desnivel y la bandera muy corta.

Alfredo tira con la idea de meterla, pero con la precaución de dejarse un putt de birdie en el caso de que no entrase. Alfredo pegó un gran golpe, que no entró por centímetros. Se nos quedaba un putt de metro y medio cuesta abajo con un poquito de caída, necesario si queriamos tener alguna posibilidad. Lo miramos, coincidimos en la caída y después de ejecutar un gran movimiento de putt… ¡VAMOS!

Grandísimo putt en un momento muy tenso y necesario. Caminando hacia la zona del ´scoring´, le digo a Alfredo que estos dos últimos hoyos han sido dignos de la tarjeta del PGA Tour, y de un jugador con garra y tesón.

La vuelta…

De camino hacia Ponte Vedra Beach, Florida, miramos los resultados cada cinco minutos en mi Blackberry, viendo nuestra posición cada vez más cerca de convertirse en una clasificación a la segunda fase. La celebración fue en el coche. Muchas llamadas de felicitación. La alegría no nos la quitaba nadie.

Ahora nos ha tocado la segunda fase en el TPC Craig Ranch, en Dallas, Texas. Allí nos encontraremos con otros dos compatriotas, Pablo Martín y Rafael Cabrera, con un deseo inmenso de que se consume el pleno español.

(*) Jorge Parada, nuestro profesor de cabecera en Ten-Golf, hizo de caddie a Alfredo García Heredia en la primera fase de la Escuela Americana. Además de entrenador y alumno, son primos.