– Nico Echavarría (-17) ha ganado el Cognizant Classic con todo merecimiento: está al alcance de muy pocos jugar 72 hoyos en el Champion course del PGA National y entregar tres de las cuatro tarjetas limpias de bogeys, incluyendo la última, la del domingo, la decisiva (66 golpes). Pero hay que reconocer, y no deja de ser una extraña paradoja, que el colombiano de alguna manera se ha encontrado de sopetón con su tercera victoria en el PGA Tour cuando ya menos lo esperaba y por gentileza de Shane Lowry (-15)…
El irlandés iba disparado hacia el triunfo y ni siquiera a este Echavarría de cemento armado le salían ya las cuentas en el tramo final, justo en la mítica Trampa del Oso. Lowry había cambiado el paso en el meridiano de la vuelta decisiva, de un trote ordenado a un galope desaforado (parcial de cinco menos entre los hoyos 9 y 13, con eagle incluido en el 10), e incluso había pasado ya seguramente lo peor de la trampa del oso, el tiro del 15, par 3, después de pegar un tiro perfecto desde el tee y patear para birdie desde unos seis metritos… Y entonces, cinco minutos después, pegaba un tiro horroroso desde el tee en el 16 y se iba al agua sin remisión.
– Todavía iba a salvar un grandísimo doble bogey después de verse obligado a dropar a 275 metros del green, pero ya subido al tee del 17, el segundo par 3 de la Trampa, veía como Echavarría hacía el birdie e igualaba en lo alto de la tabla con él. Ahora le tocaba al irlandés… Y de nuevo se iba al agua con un tiro casi tan horroroso como el del 16. Otro doble bogey. Un auténtico dramón. Un colapso en toda regla cuando verdaderamente menos se esperaba ya, porque Lowry venía jugando y controlando como los grandes campeones.
– Es un caso extrañísimo: Lowry tiene en su palmarés victorias de enorme peso, como el WGC que ganaba en 2015 y el Open de 2019. También ha ganado dos torneos de las Rolex Series en Abu Dhabi y Wentworth… Pero es un hecho patente que a Shane le cuesta rematar, le cuesta sumar triunfos, engordar todavía más ese palmarés tan potente, sobre todo teniendo en cuenta su talento. De hecho, todavía no ha ganado un torneo regular en el PGA Tour. Viene a la cabeza también su pequeño drama de hace unas semanas en el Dubai Invitational, donde facilitaba la victoria a Nacho Elvira con un doble bogey en el hoyo 72, yéndose también al agua desde un bunker…
– Echavarría se ha ganado una plaza en el Masters con este triunfo y de nuevo jugará este año los cuatro Grandes, como en 2025. Es la asignatura que le queda por pasar: hacerse notar en un major. No ha jugado tantos hasta la fecha, pero seguro que en 2026 supera en alguna de las cuatro citas el puesto 41º que firmaba el año pasado en el PGA, su mejor resultado. Es de ley que así ocurra; hace mucho tiempo que dejó de ser un meritorio.
– Dos apuntes finales. El primero tiene que ver con Austin Smotherman (-15), que se ha visto la mayor parte del día superado por su compañero de partido estelar, Lowry, hasta que llegaba la debacle del irlandés, circunstancia que aprovechaba para, con un birdie postrero en el 18, terminar en segunda posición, igualado con el propio Lowry y con Taylor Moore (-15). Smotherman se ha ganado el respeto y la admiración esta semana, por su golf, por supuesto, pero también por su discurso templado, honesto y humilde. Sabio, en definitiva. Y ya de paso también se ha ganado una plaza en el Arnold Palmer Invitational de la semana que viene, el primer Signature Event de su carrera. No ha ganado, pero el final también ha sido feliz.
Y el segundo apunte se refiere obligatoriamente a Brooks Koepka (-10), que ha terminado dentro del top ten con una vuelta final de 65 golpes. El de Florida coge vuelo en su tierra y ahora sí que habrá que irle haciendo un hueco en las quinielas de las grandes citas. Empezando por el Masters, claro.



