Por Billy Bondaruk, profesor del año de Northern California en 2006
(Recogemos ‘prestada’ esta clase publicada en Cybergolf por su interés. Es algo densa, pero merece la pena la reflexión que realiza Bondaruk sobre la capacidad de concentración del golfista. Si a medida que vaya leyendo identifica como suyos algunos de estos síntomas, alégrese, es un Ben Hogan del golf).
Distanciamiento: alejamiento o separación en el tiempo o en el espacio. Otros lo llaman capacidad de abstracción o poder de concentración; y para todos es, sin duda una de las cualidades más importantes de un jugador de golf…
A continuación le ofrecemos una clase magistral que intenta explicar lo inexplicable. No se trata de velocidades del palo ni de colocación de los pies. Es algo mucho más importante, más mental. Aunque pueda resultar un tanto farragoso, merece la pena leerlo. Billy Bondaruk, director de instrucción del Catta Verdera Country Club de Lincoln (California) y Profesor del Año de Northern California en 2006, lo explica así en sus clases de cybergolf. Alguien me contó una historia del famoso actor Lawrence Olivier. Representaba el papel de Hamlet en un conocido teatro de Oxford. Olivier destacaba por una dedicación tan intensa al estudio de sus personajes que se transformaba en el propio personaje.
Cuando terminó su representación inaugural recibió una ovación de 20 minutos. Un buen amigo fue a su camerino y le dijo: “Lawrence, ha sido la representación más increíble que hemos visto”. Olivier respondió nervioso, caminando de un lado al otro de la habitación, “¿Qué crees? ¿Que no lo sé?”. Su amigo, perplejo, preguntó: “¿Qué te pasa? Ha sido la representación más increíble de Hamlet”. Olivier, desde su profundo pensamiento, replicó: “Ya lo sé, pero no sé como lo he hecho y no sé si lo podré hacer de nuevo”.
Esta historia es aplicable a los deportistas de élite de cualquier deporte. Es Michael Jordan metiendo cinco triples seguidos, mirando a la cámara de televisión y encogiéndose de hombros como incapaz de explicar lo que sucedía. Una vez le preguntaron a Tiger Woods cómo había podido golpear una bola con un hierro 6 desde un profundo rough y llevarla 220 yardas cuesta arriba para meterla en el green del 5 en Pebble Beach durante un U.S. Open. Su respuesta: “No lo recuerdo. Nunca recuerdo esos golpes”.
Lo que estoy describiendo es el distanciamiento; el distanciamiento del pensamiento en el resultado. Es una capacidad casi invencible de permanecer en el aquí y el ahora, sin distracción alguna. Cuando la gente lo describe como un estado de inconsciencia, se equivoca. Es pura conciencia sin interrupción del pensamiento.
La gran cuestión es cómo se aprende a llegar a ese lugar que se conoce como “La zona”. ¿Qué es? Es una presencia tan intensa en el momento que ningún pensamiento puede distraerla. Por eso Tiger no lo recuerda; porque esa parte de su cerebro no está en funcionamiento cuando da esos golpes tan famosos. La parte de nuestra mente que usamos para los pensamientos conscientes, simplemente deja de funcionar. Esa parte a la que me refiero es la misma en la que reside el ego.
Este no pensar es lo que algunos llaman magia cuando un jugador ejecuta el golpe imposible. Y digo ‘no pensar’ porque es la única forma de alcanzar el rendimiento máximo. Vivo, en cada deseo consciente, se encuentra el potencial de cumplir ese deseo. Cualquier deseo se puede realizar de alguna forma cuando se consigue esa desconexión o distanciamiento del pensamiento en el resultado. Cuando el deseo nace en nosotros, podemos dejar de controlarlo permaneciendo en el aquí y el ahora, sin pensar en el resultado futuro y sin referencia al pasado. Nos dejamos ir y recibimos ese momento por su intemporalidad.
Es ahí donde se encuentra la verdadera magia, tanto en la vida como en el golf. Perder la conexión con el pensamiento en el resultado futuro es permanecer en el momento: aquí y ahora. No se define la forma en que se quiere obtener el resultado; simplemente sucede y es desconocido hasta que sucede.
No me había percatado del uso que algunos de los grandes jugadores de golf han hecho de este principio. Hasta que empecé a escuchar detenidamente lo que decían. Jack Nicklaus visualizaba su golpe. Decía que sentía como si una parte de sí mismo se encontrará físicamente detrás cuando se preparaba para dar un golpe. ¿Estaba describiendo, tal vez, el distanciamiento?
Una vez vi a Bruce Lietchzki, en Golf Channel, durante un episodio de “Playing Lessons from the Pros”. Se colocó detrás de la bola en un hoyo y describió vívidamente cómo veía la bola caer del cielo y botar contra una ladera para regresar al centro de la calle. Comenzó a preparar el golpe y cuando ya había adoptado la postura, dijo algo así: “Es posible que crean que lo que voy a decir es un poco raro. Pero, en este momento siento como si parte de mí saliera de mi cuerpo y observara desde arriba”.
Ahora creo que lo que quería describir era esa desconexión o distanciamiento del pensamiento en el resultado. Ambas descripciones muestran un cierto desinterés por lo que vendrá, como si se golpeara la bola hacia lo desconocido. Eso es lo que a todos nos gusta del golf: llegar a ese lugar en el que es divertido estar, sin distracciones del pasado, del futuro, ni del propio pensamiento. Lo definiría como esa parte intemporal de cada uno que sólo quiere jugar. Los profesionales del circuito conectan con este mundo como niños pequeños. ¿Han observado alguna vez cómo juegan los niños pequeños? Están siempre en esa zona.


