Inicio Grandes Circuitos PGA Tour El drive de Gay ya no viaja en un dos caballos

El drive de Gay ya no viaja en un dos caballos

Compartir


Que se haya convertido en algo parecido a una tradición en los últimos meses en el PGA Tour no quita que sea llamativo y doloroso para el que lo sufre. La última víctima se llama Scott Stallings…

El norteamericano andaba ufano por la calle del hoyo 5 del Palmer Course del complejo de La Quinta, en California. Se disputaba la cuarta y última ronda del Humana Challenge. Había empezado con tres birdies en los primeros cuatros hoyos. Casi, casi, iba silbando en lo que apuntaba a paseo triunfal hacia su segunda victoria. Parecía imposible que alguien pudiera desperdiciar tanta ventaja en un campo donde los birdies se reparten a manojitos. Pero el asunto de las remontadas y los cataclismos en el PGA Tour está a la orden del día y volvió a suceder.

A Stallings se le atascó la máquina de hacer birdies y no fue capaz de ponerla en marcha de nuevo. Sus rivales vieron en el horizonte una alfombra roja. La diferencia se fue derritiendo a cuenta gotas. Aquello pintaba mal. Cayó un bogey en el hoyo 16 y aún mandaba en el torneo, pero algo decía que aquello olía a desastre. Y así fue. Salió al 18 (par 5) empatado con el segundo. Un par le garantizaba el desempate, un birdie le daba el triunfo. El hoyo se había jugado así: 42 birdies, 26 pares y ocho bogeys. Todo seguía a su favor menos su cabeza, demasiadas dudas. Su tiro a green con un hierro 6 (segundo golpe) se marchó a las piedras, junto al agua. Dropaje y bogey. Agur.

Pese a la decepción, lógica y natural, Stallings dio una lección de cómo encajar la adversidad en un deporte que puede ser tan adverso como el golf. “Si piensas que todos y cada uno de tus golpes son a vida o muerte no puedes durar mucho en este juego”. Esta hay que apuntarla. Es una buena teoría. Al final, la conclusión para Stallings es que eligió un mal día para hacer 70.

Abierta la puerta del corral, la batalla se desató despiadada por detrás. Lo que empezó como una carrera por quedar segundo se transformó en otra cosa con mucho más glamour. “Jamás pensé en el triunfo, daba por hecho que sería imposible dar caza a Scott”, aseguró Charles Howell III, uno de los tres que acabaría disputando el desempate. Los otros dos fueron Brian Gay y el rookie sueco David Lingmerth. Fue una loca carrera en la que cada par sabía a bogey. Gay hizo 63, con nueve birdies en los primeros 13 hoyos; Lingmerth hizo 62 y Howell III rubricó 64.

La victoria final fue para Brian Gay, 41 años, el más veterano de los tres, el mejor pateador del Circuito Americano y un hombre que ha conseguido subir su juego un escalón tras un arduo y oscuro trabajo durante 2012. “Yo sabía que alrededor de green y con el putter iba bien, pero era uno de los jugadores más cortos del circuito y eso debía corregirlo. Pensaba, si ahora soy ya muy corto, conforme pasen los años lo seré más y más. Así que trabajé duró el año pasado con Grant Waite y Joe Mayo para ganar distancia y ahora soy un jugador más completo”, explicó.

Concretamente, Gay se ha puesto a 300, algo impensable para un golfista cuyo drive viajaba en un ‘dos caballos’. Ahora, se ha subido a un Lamborghini. La muestra, ayer. Salida de 300 yardas en el segundo hoyo de desempate y hierro 9 donde antes habría tenido que pegar mínimo un 7 o un 6. Dejó la bola a poco menos de dos metros del hoyo y dentro. Eso ya para él es coser y cantar.

En el primer hoyo de desempate cayó el sueco Lingmerth, que víctima de la presión mandó su bola al agua. En el segundo hoyo, el 10 del Palmer Course, Howell III sucumbió ante la nueva pegada de Gay. Eso sí, poco después de claudicar dejó otra frase que habrá que añadir al libreto imprescindible del golf. “Este deporte es un espantoso desafío mental”, comentó tras encadenar en dos semanas un tercero y un segundo puesto.

Gay consigue su cuarta victoria en el PGA Tour, la primera desde que hiciera un gran doblete en 2009. Y de paso abre la lata de las grandes remontadas. Comenzó el día a seis golpes de Stallings. En 2012 siete victorias fueron para jugadores que empezaron a seis golpes o más del liderato. Una tradición definitivamente insana.

Resultados Finales