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El golf se atasca en Estados Unidos

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A continuación les ofrecemos un artículo que el New York Times publicó en febrero de este año que trataba el estado de la afición al golf en Estados Unidos…

Escrito a principio de año, cuando la crisis económica todavía no se había manifestado en toda su magnitud, tal vez no refleje con exactitud lo que la industria del golf en Estados Unidos deberá enfrentar durante los próximos años. Pero al sector español, un mercado creciente pero menor en comparación con el norteamericano, le puede servir de guía. 

Un grupo de hombres se reúne en la casa club de un campo de golf de Hauppauge (New York). Analizan un problema desde todos los ángulos, como un grupo de caddies tratando de alinear un golpe desde el rough.

“Tenemos que cambiar nuestra mentalidad”, dice Richard Rocchio, consultor de relaciones públicas.

“El problema es el tiempo”, añade Walter Hurney, promotor inmobiliario. “No hay tiempo suficiente. La gente ya no quiere pasar un día entero sin su familia”. 

William A. Gatz, propietario del campo de golf Long Island National de Riverhead, dice que la cuestión es fundamentalmente económica: demasiada oferta e insuficiente demanda.

Parecía que el problema no era un día de golf, sino el golf en sí mismo.

Durante la última década, la actividad de recreo más asociada con el éxito corporativo en Estados Unidos se ha sumido en una especie de recesión. El número total de jugadores de golf se ha reducido o permanece estacionario anualmente desde 2000, reduciéndose de 30 a 26 millones de jugadores según la National Golf Foundation y la Sporting Goods Manufacturers Association.

Aún más preocupante es el número de personas que juega más de 25 veces al año, que se ha reducido de 6,9 millones en 2000 a 4,6 millones en 2005, una pérdida de casi un tercio. En la actualidad, la industria cuenta como jugadores a aquellos que juegan ocho o más veces al año. Esa cifra también se ha reducido, aunque más lentamente: de 17,7 millones en 2000 a 15 millones en 2006, según la National Golf Foundation. 

Los cinco hombres reunidos en el Wind Watch Golf Club, todos aficionados al golf, se preguntaban cuáles eran las razones. ¿Era la economía? ¿Un cambio en la dinámica familiar? ¿Un exceso de campos de golf? ¿Las nuevas normas de comportamiento en el campo, como la que prohibe el uso de teléfonos móviles durante las cuatro horas que normalmente dura una ronda de 18 hoyos de golf?

 

¿O el problema son las cuatro horas de una ronda?

En Long Island, donde hay más de 100 campos de golf privados, los propietarios han probado diferentes estrategias: cupones o aceptación de miembros a prueba, marketing agresivo de torneos corporativos o para recaudación de fondos con fines benéficos, e incluso incursiones en el negocio de las bodas. 

Los propietarios de cuatro campos de golf se reunieron para tomar café con un representante de la National Golf Course Owners Association, y tratar la formación de una cooperativa de propietarios para reactivar el mercado del golf en Long Island y, quizás, para comprar más económicamente productos básicos como fertilizante o coches de golf.

 

Establecieron estrategias para acercar el mercado a las mujeres, que representan el 25 por ciento de los aficionados a nivel nacional; captar jóvenes jugadores con un torneo para institutos; atraer a las familias con precios especiales; adaptar los campos para que se puedan jugar rondas de seis hoyos, en lugar de nueve o 18 hoyos; y solicitar deducciones fiscales basándose en que los campos de golf, incluso los privados, proporcionan espacios abiertos de beneficio público.

 

“Cuando el barco se hunde, es hora de ser imaginativos”, comenta Hurney, propietario mayoritario del Great Rock Golf Club de Wading River, que el año pasado construyó una tienda de 400 metros cuadrados para celebrar acontecimientos sociales, como bodas, bautizos y comuniones.

 

La desaparición de jugadores de golf durante los últimos años forma parte de un declive más amplio de actividades de recreo al aire libre, que incluye el tenis, la natación, el montañismo, el ciclismo y el esquí, según indica una serie de estudios académicos y de la industria del ocio.

 

Un estudio del 2006 realizado por la United States Tennis Association, que ha combatido con cierto éxito esta tendencia con una fuerte campaña para captar nuevos jugadores, llegó a la conclusión de que la dura temporada de huracanes que sufre cada año el sur del país era un factor que influía en el declive del golf en esas áreas, mientras que la creciente popularidad de los juegos electrónicos, y la aparición de nuevos deportes como el skateboarding, estaba reduciendo el número de nuevos jugadores de tenis en todas partes.

 

Rodney B. Warnick, profesor de estudios sobre ocio y turismo de la Universidad de Massachussetts, asegura que la creciente edad de la población en Estados Unidos es, probablemente, parte del problema, y que nos enfrentamos a “una generación más joven que simplemente no es tan activa”.

 

Pero el golf, un deporte de inversores a largo plazo –tanto de los que compran equipo caro como de los que construyen las magníficas propiedades donde se juega–, parecía existir en un mundo independiente de los irregulares cambios demográficos. Eso ya no es así.

 

Jim Kass, director de investigación de la National Golf Foundation, grupo perteneciente a la industria, asegura que el declive gradual, pero prolongado, del golf, ha desafiado incluso al viejo refrán: “Una vez jugador de golf, jugador de golf para siempre”. Cada año, unos tres millones de aficionados dejan de jugar al golf, mientras que unos pocos menos comienzan a jugarlo. Una campaña de dos años emprendida por la fundación para captar nuevos jugadores “no ha conseguido mucho a nivel de resultados”, señala Kass.

 

“El ciudadano promedio le dirá que el golf está en expansión porque ve a Tiger Woods en televisión”, explica Kass. “Pero nosotros hacemos un seguimiento de la realidad. Y la realidad nos dice que aunque no hemos tocado fondo, las cifras llevan tiempo siendo decepcionantes”.

 

Las encuestas patrocinadas por la fundación preguntan a los aficionados qué es lo que les mantiene alejados del golf. “La respuesta es normalmente económica”, añade Kass. “No tienen tiempo. Tienen dos empleos. Los salarios no suben. Las pensiones de jubilación se esfuman. Las empresas recortan los gastos de pertenencia a clubs de ocio … todas esas cosas que suceden en momentos económicos difíciles”.

 

En muchos puntos del país, las grandes expectativas que ligaban el éxito del golf a la jubilación de los denominados ‘baby boomers’, se ha convertido en lo que actualmente se considera una superpoblación de campos de golf.

 

Según la fundación, entre 1990 y 2003, los promotores construyeron más de 3.000 campos de golf nuevos en Estados Unidos, llevando el total a 16.000. Varios cientos de ellos han cerrado en los últimos años, la mayoría de ellos en Arizona, Florida, Michigan y North Carolina.

 

(En la actualidad hay una gran cantidad de campos de golf a la venta en la página Web de la National Golf Course Owners Association, que incluye, por ejemplo, una propiedad en North Carolina, que se describe como “un campo con dos recorridos de 18 hoyos de campeonato, excelente ubicación en las montañas, con beneficios e ingresos de 1,5 millones, calles de Bermuda, hierba Bent, dos casas club agradables, una por 5,5 millones y la otra por 2,5 millones; con posibilidad de financiación por parte del propietario)”.

 

En esta reunión de aficionados, todos coincidían en que los cambios en la dinámica familiar habían afectado profundamente a este deporte.

 

“Hace años, los hombres no se lo pensaban dos veces a la hora de pasar todo el día jugando al golf; a veces, incluso, el sábado y el domingo”, recuerda Rocchio, el consultor de relaciones públicas que también es director regional para New York de la National Golf Course Owners Association. “En la actualidad tienen que llevar a sus hijos a su partido de fútbol. Tal vez juegan una ronda pronto por la mañana. Pero tienen que volver a casa a comer”.

 

Hurney, el promotor inmobiliario, añade algo más: “Esa es la razón por la que, si no reconvertimos nuestras instalaciones, dándoles una orientación más familiar, estamos perdidos”.

 

Para mantener el Great Rock Golf Club a flote, el verano pasado los propietarios erigieron una gran tienda con aire acondicionado cerca del hoyo 18. La colocaron cerca del restaurante Blackwell, que ya estaba abierto. Según la mayoría, ha sido de gran ayuda para el club … aunque no se trate precisamente de un hoyo en uno.

 

Los vecinos se han quejado de las ruidosas fiestas y el año pasado, más de 40 firmaron una petición para que el municipio de Riverhead interviniera. Los responsables municipales están estudiando si la tienda cumple las ordenanzas locales, pero no han hecho ninguna citación por el ruido. Hurney les dijo que había comprado un medidor de decibelios y que trataría de contratar grupos de entretenimiento menos ruidoso.

 

Una de los vecinas, Dominique Mendez, cuya vivienda se encuentra a 300 metros del hoyo 18, decía: “Compramos nuestra casa aquí porque queríamos vivir en un lugar tranquilo, y pensamos que sería agradable ver el campo de golf por la ventana. Ahora tenemos que cerrar las ventanas y poner el aire acondicionado o ponernos tapones en los oídos por la noche debido a la música”.

 

Mendez asegura que en algunas bodas se oye al animador decir “Ahora va el ramo” … es demasiado.