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Ese último zarpazo

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Tiger Woods dejó pasar el campo más asequible de la rotación del AT&T Pebble Beach Pro-Am sin dar un zarpazo. Era un día para atacar, para dejarse ver arriba, para enseñar los dientes… Nada. Una buena jornada que no supera el calificativo de aprobado…

Tiger jugó en Monterey Peninsula, un campo corto, par 70, que está dando muchas vueltas bajas. No lo hizo mal, pegó buenos tiros, se dejó opciones de birdie, pero no fue capaz de rematar la faena. O sea, en plan Tiger. Este Tiger.

El californiano no encuentra la inspiración con el putter. Ayer volvió a quejarse de los greenes. Se lamentó porque estaban blandos. Llovió en los alrededores de Pebble Beach, lo que permitió que los greenes estuvieran receptivos, pesados y, cierto, con alguna pisada traicionera.

La realidad de Tiger a día de hoy es la de un felino que ha perdido la práctica de cazar. Ha recobrado la salud, la energía, incluso la velocidad punta, pero torpea. A la hora de soltar el último zarpazo se queda corto.

Su vuelta de 68 golpes en Monterey, la decimosegunda mejor, no le ha permitido escalar en la tabla. Más bien al contrario. Le ha frenado. Tiger (-6) está a seis golpes del líder, Charlie Wi, y a tres de la segunda posición, ocupada por Dustin Johnson.

El torneo sigue ahí. Está en distancia. Pero se ha quedado sin margen de maniobra. Ya no puede fallar más en el último zarpazo. Las dos últimas jornadas jugará en Pebble Beach, un escenario que le trae buenos recuerdos. Igual es aquí donde recupera ese instinto asesino. Quién sabe.

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