
Gonzalo Fernández Castaño (-3) ha finalizado en quinta posición la primera jornada del Arnold Palmer Invitational en un más que correoso Bay Hill (Orlando, Florida), tras entregar una notable tarjeta de 69 golpes.
Una señal más del madrileño en su progresiva escalada en el ranking mundial, porque vuelve a darse en un escenario de campanillas y ante una nómina de rivales de primerísimo orden. En sus tiempos y a la manera de quien se sabe marchando por el buen camino, el jugador español sigue empeñado en hacerse un hueco en el mejor circuito de golf del mundo, en hacerle un hueco a la ‘eñe’. La de Castaño. Y la de España, por qué no: que no todo el peso recaiga hoy sobre las espaldas de Sergio García (PAR).
Este recorrido no es un cualquiera. Siempre supone un duro test, aunque no lo parezca si uno se fija en el líder, Justin Rose (-7), que llegaba hasta ese resultado con un parcial de siete menos por sus últimos doce hoyos (comenzó la ronda junto a Tiger Woods (-3) por el hoyo 10). Pero tampoco resulta una novedad en los últimos tiempos que el inglés borde el golf.
Gonzalo ha comenzado su vuelta con dos buenas recuperaciones. A partir de ahí ha templado para terminar cogiendo diez calles y trece greenes. Buenas cifras y buena cintura para capear los erorres. Por ejemplo, salvando un gran bogey en el hoyo 11 después de irse al agua y embocando un putt de más de tres metros. Su eagle del 16, catapulta final de su resultado, ha sido de libro. También Sergio arreglaba un día complicado en ese hoyo, pateando desde poco más de dos palmos para eagle. El de Borriol venía jugando con Phil Mickelson (+1) y Brandt Snedeker (+4). No, las cosas no estaban sencillas en Bay Hill y García ha salvado algo más que los muebles. Es posible, incluso, que su juego (algo irregular, ciertamente) hubiera merecido un resultado final bajo par.
Tiger, por su parte, ha arrancado al estilo del mejor Tiger, al margen del resultado final y casi de las sensaciones que haya dado su juego, porque el caso es que se ha colocado ahí arriba, como en los viejos tiempos, desde el principio. Que se me vea, que estoy ahí. Además, para eso está en uno de sus templos sagrados, Bay Hill, donde siempre encuentra el modo de hacer resultado. Y una vez más ha vuelto a dar la sensación de ir ciertamente sobrado, lo que no ocurría con tanta frecuencia años atrás.


