
Tiger Woods (-11) ya es el líder en solitario del Arnold Palmer Invitational, siguiendo el manual general de estrategia que le hizo tan grande y según el cual el sábado es el día del movimiento, el día en el que hay que meter el torneo en la coctelera y agitarlo, o bien, según se mire, el día en el que los mejores hacen la selección…
Y tanto movimiento ha sido el suyo como queramos ver en un resultado de 66 golpes, que es asunto serio tratándose de un campo como Bay Hill. No en vano, la del Tigre ha sido la mejor tarjeta del día, aunque no la única. Cuesta imaginarse ahora mismo otra cosa que no sea a Woods enfundado de nuevo en el maillot de Número 1 del mundo, lo que ocurrirá si mañana gana por octava vez este torneo.
El Tiger del hoyo 16, donde ha firmado el eagle en la primera y tercera ronda de la semana, nos devuelve la imagen de ese jugador poderoso que gobernó con mano firme el golf mundial. Cómo no. Pero es el Tiger del hoyo 18 el que realmente ha recuperado todas las dimensiones del mega campeón: ahí ha firmado el par embocando un último putt de unos dos metros y había sido precisamente en esa delicada parcela donde había cedido terreno.
Jugando a su lado, Gonzalo Fernández Castaño (-8) ha ascendido decididamente otro escalón más, rumbo a ya veremos dónde, pero en las alturas. Cada jugador debe afrontar por etapas o niveles su irrupción, acomodo y mantenimiento en la élite y, aunque no todas las sendas son iguales, no cabe duda de que el examen de una ronda de golf de sábado junto a Tiger Woods, superado con buena nota, supone el acceso a otro nivel, el cierre de una etapa. Y el madrileño, en efecto, no solo ha aprobado, sino que ha rondado la Matrícula con un registro de 68 golpes, manteniendo el tipo y hasta dando la réplica sin arrugarse. Recordemos que junto a Tiger no abundan los grandes resultados, porque es demasiado el estré que genera su ilustre y prestigiosa compañía.
Pero lo cierto es que Fernández Castaño ha encontrado también su propia burbuja y la fórmula con la que desdramatizar y teñir de naturalidad las situaciones que, de ahora en adelante, deben ser cotidianas. Por si quedaba alguna duda de la actitud con la que afrontaba hoy este apasionante reto, Gonzalo firmaba de entrada un birdie de libro en el hoyo 1, embocando desde casi cinco metros.
Sergio García (-2), por su parte, no ha podido realizar la carga prevista. Un final accidentado (trató de pegar en el 16 una bola que sobresalía ligeramente en el agua, sin poder sacarla y salvando finalmente un buen bogey) y errático (bogeys en el 15 y 17) acabó con sus opciones.


