
Sergio García se asegura el top ten con una faena de dos orejas y rabo y Gonzalo se faja con clase para meterse en el top 25
Sergio García, de blanco y fucsia; Gonzalo Fernández-Castaño, de fucsia y gris.
Delante, un morlaco con una cornamenta de aúpa. Apareció el viento en el PGA National y el bicho daba miedo.
Faena redonda de los españoles. Fiesta Nacional en el PGA Tour. Los dos jugaron bajo par y subieron como la espuma en el escalafón. Una gozada para la grada del 7, esa que en golf se va moviendo y que se sitúa más allá de las cuerdas.
Sergio y Gonzalo jugaron juntos y se fueron alimentando. García lo bordó (67). Toreó al viento por alto, por bajo, por la derecha, ahora un punch, ahora apunto al agua, seguro, convencido de cada golpe, dibujando cada pase, al natural o de pecho, como es el de Borriol. Puro talento. Cada golpe era una oportunidad de birdie.
Un niño rubio con una gorra de los yankees choca su mano con la cara del palo de Sergio camino del green del hoyo 5 y le dice “great shot”. Lo que no sabe ese niño, es que ese tiro a green, a unos diez metros del hoyo, fue de lo menos buenos del día.
El recital de Sergio ha sido extraordinario, soberbio con el capote y la muleta, y sólo le faltó brillantez con la espada para dar un susto a los líderes. Sin exagerar, el de Borriol bien podría haber hecho hoy un 62, casi sin despeinarse. El único hoyo en el que no ha tenido oportunidad de birdie ha sido el 17 y se le han escapado hasta ocho opciones claras de menos de tres metros (2, 3, 4, 7, 8, 14, 15 y 18). Ha sido una faena de dos orejas y rabo, pero a punto estuvo de salir a hombros por la puerta grande. El top ten está más que merecido. La tarjeta de Sergio.
Gonzalo Fernández-Castaño fue un fantástico compañero de cartel. Su faena fue más difícil, más agarrada, pero de un mérito extraordinario. Se fajó en cada hoyo, plantó cara a su drive, que a día de hoy, aunque acabó mejor, tiene más peligro que un Miura, y supo firmar bajo par (69) con un birdie final en el 18 de alta escuela. Tauromaquia. Se marchó a la grada de dos, jugándose el bigote, buscando ese birdie, y lo consiguió con un fantástico putt de nueve metros. Se hacía justicia.
Primero lo pasó mal con el capote, pero brilló con la muleta. Gonzalo ha dado otra exhibición de hierros y, después, cuando alrededor de green no anduvo tan fino, apareció la espada, ese putter que cada vez funciona mejor y que transmite una fantástica energía positiva. Una faena de oreja por aclamación. La tarjeta de Gonzalo.
Jugar bajo par hoy en el PGA National es una asignatura peliaguda. De momento, sólo lo han hecho quince, y no esperen muchos más, quizás uno, y es que los cuatro últimos hoyos, tal y como está el viento, sobre todo en el 17 y el 18, en contra y de la derecha, y con las banderas en las esquinas de la derecha, son auténticas pruebas de fuego. El torneo se resolverá ahí y les auguramos que habrá drama, incluso alguna cogida de gravedad.
Los españoles caminan por la calle del hoyo 14 y desde una casa se escucha “viva España”. Son un grupo de unos 30 aficionados veteranos y dos perros. Están de barbacoa, disfrutando, saboreando un domingo de golf de máximo nivel en Palm Beach Gardens. Ellos, lógico, no han visto lo que han hecho Gonzalo y Sergio en el resto de hoyos, pero da igual, tienen razón, hoy tienen toda la razón, viva España.


