
Gonzalo Fernández Castaño sigue abriendo camino a machetazos en su carrera.
Esta semana le toca debutar en el THE PLAYERS y examinarse en un duro test como el Stadium course del TPC Sawgrass (Ponte Vedra Beach, Florida).
Un recorrido ya legendario, aunque abriera sus puertas hace relativamente poco, a principios de los ochenta del pasado siglo. Un diseño de Pete Dye que generó alguna controversia desde la primera edición del THE PLAYERS que se jugó allí (1982), sobre todo porque algunos de los grandes nombres se quedaron entonces fuera del corte (Jack Nicklaus, sin ir más lejos, que había ganado tres ediciones de este torneo, años 74, 76 y 78, en tres campos distintos, y también otros como Gary Player, Ben Crenshaw, Johnny Miller, Arnold Palmer…).
Dye se había adelantado a su tiempo, como suele ocurrirle a los genios. Hoy casi nadie pone en duda la condición de campo ‘cinco estrellas’ del Stadium course, pero al mismo tiempo sigue tratándose de un recorrido que aún provoca terribles dolores de cabeza a algunos profesionales. Ocurre con todos los campos: o te entran por el ojo, o te adaptas poco a poco si no quieres perder la primera batalla, que es la psicológica. Pero esta característica se subraya en Sawgrass. Tiger Woods, por ejemplo, sigue sin tenerlas todas consigo cuando se pone en el tee del hoyo 1. «Este es uno de esos campos donde te enfrentas a líneas de tiro muy exigentes y, si no estás jugando muy bien, quedas muy expuesto», explicaba ayer el Número 1 del mundo. «Algunos hoyos me entran por los ojos y otros no», añadía, «aunque también depende mucho del viento que sople y el tiro concreto que necesite dar en cada momento». Respecto a la influencia del viento, Tiger sentenciaba con un ejemplo muy expresivo: «yo he tenido que pegar un hierro 5 en el hoyo 17 (desde un tee que no está a más de 125 metros…) y fue uno de los golpes más duros que he tenido que afrontar jamás. No es el mejor hoyo para pegar un hierro 5…”.
No, Woods nunca se ha sentido muy cómodo en este campo, aunque ganó una vez (2001). Pero desde entonces sólo ha firmado un top-ten (fue 8º en 2009). Las cifras cantan, vistas eso sí, desde la excelencia de su palmarés.
Fernández Castaño, de entrada, se ha apuntado al club de José María Olazábal y Sergio García, que siempre han defendido y admirado especialmente el diseño y, en general, todas las particularidades del Stadium course. El madrileño jugó el lunes los primeros nueve hoyos y ayer martes hizo lo propio con los nueve segundos, así que a vuelapluma le pedimos que nos transmita sus primeras sensaciones:
«Es un campazo. De entrada y como primer golpe de vista hay algo curioso que me ha ocurrido: me he puesto a jugarlo y resulta que tiene muchos más árboles de lo que yo recordaba de haberlo visto tantas veces por televisión. La verdad es que las condiciones del campo son espectaculares, sobre todo teniendo en cuenta el diluvio que cayó aquí la semana pasada. Otra cosa que te llama la atención son estos greenes tan pequeños y movidos. Creo que para el domingo, además, se ponen muy duros y rápidos, aunque por ahora están muy bien».
Ni que decir tiene que el final del recorrido es de los más movidos, tensos e interesantes que existen. Ese hoyo 16, un par 5 mas bien corto, en el que la tentación de llegar de dos a green suele ser invencible; el 17, el par 3 más famoso del mundo con el green en isla, y el exigente 18 con todo el agua amenazante por la izquierda. Al respecto, Gonzalo reconoce que «el final del campo me parece brutal. El 17 y el 18 son realmente muy intimidantes desde el tee. Y hay otra cosa con la que no contaba después de verlo por la televisión: el green del 18 es mucho más movido de lo que parece en las imágenes de la tele».
Ni que decir tiene que el ‘flechazo’ a primera vista no aporta ninguna garantía de éxito. De hecho, siete de los últimos ocho ganadores en este campo necesitaron un mínimo de siete participaciones para cantar victoria. La experiencia resulta muy importante.


