Inicio Grandes Circuitos PGA Tour Aquella revelación en los viejos ‘leaderboards’ de Bay Hill
¿De verdad han pasado sólo dos años desde que se produjo esta historia?

Aquella revelación en los viejos ‘leaderboards’ de Bay Hill

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Clasificación a la antigua usanza del Arnold Palmer Invitational de Bay Hill.
Clasificación a la antigua usanza del Arnold Palmer Invitational de Bay Hill.

Hace dos años y un día, el 3 de marzo de 2023, un joven amateur, risueño y espigado jugador nórdico caminaba por el hoyo 8 de Bay Hill cuando por primera vez vio su nombre en el leaderboard de un gran torneo del PGA Tour, y eso que acababa de hacer un bogey en el hoyo 7. Había arrancado su vuelta aquel día por el hoyo 10 y todavía tenía que rematar la dura faena. “Sí, estaba caminando por el hoyo 8 y por primera vez vi mi nombre en esta gran tabla de clasificación de la vieja escuela. Fue realmente genial. Pero todavía me quedaban el 8 y el 9, así que no podía despistarme porque probablemente eran hoy los dos hoyos más difíciles del campo. Todavía tenía que pegar algunos buenos tiros de golf y, por suerte, lo hice”.

Es cierto: en el Arnold Palmer Invitational, en Bay Hill, todavía se ven esas imponentes tablas de clasificación a la vieja usanza, estilo Augusta National, manejadas literalmente por la mano del hombre, y a Ludvig Aberg se le erizaron los cabellos cuando se vio en una de ellas, según explicaba nada más terminar aquella segunda ronda del Arnold Palmer de 2023.

Esta semana llega a la misma cita como Número 1 de la Fedex Cup, Número 4 del mundo y máximo favorito al triunfo, con permiso de Scottie Scheffler y de alguno más. Entonces, aquel 3 de marzo de 2023, ‘sólo’ era un amateur distinguido que estaba exprimiendo a conciencia la invitación que había recibido para jugar el torneo, pues no sólo pasaba el corte sobrado, sino que remataba aquellos primeros 36 hoyos con un acumulado de -4, en novena posición, ante los mejores jugadores del mundo. Como para no verse en aquella vetusta tabla de clasificación.

Era el primer corte que pasaba en un torneo del PGA Tour, aunque antes sólo había jugado otro, el Valero Texas Open de 2022, donde no pudo meterse en el fin de semana. De todos modos, no fue aquella exactamente su primera experiencia religiosa. En el Dubai Desert Classic ya no se usan las viejas tablas de clasificación, es verdad, pero unas semanas antes de aquella experiencia en Bay Hill el sueco llegó a liderar el torneo en el emirato (enero de 2023) después de la primera ronda, en la que firmaba un 65. Por cierto, lo hizo jugando junto a Edoardo Molinari, que ya venía siguiéndolo muy de cerca.

Allí, en aquel Dubai Desert Cassic de 2023, también estaba Luke Donald, que recibiría el pertinente y revelador informe de su vicecapitán, aunque algo, sin duda, pudo haber visto él, pues se había acomodado en el partido que marchaba inmediatamente detrás del sueco. Más presión no se le puede poner a un chaval. Y vaya si respondió.

También estuvo Donald en aquel Arnold Palmer de 2023, unas semanas después, donde Aberg terminaría en el puesto 24º. Allí mantuvo más de una conversación con Ludvig y es más que probable que allí, en Bay Hill, terminara de confirmar que a ese muchacho había que hacerle un hueco a codazos en el equipo.

Aquel viernes 3 de marzo de 2023 Aberg iba jugando en Bay Hill junto a Adrian Meronk, entonces estrella emergente del circuito europeo, y Eric Cole, que venía de quedar segundo en el Honda Classic la semana anterior, tras perder un desempate con Chris Kirk. El polaco entregaba una tarjeta de 81 golpes y el estadounidense otra de 80… No, las cosas no estaban sencillas aquel día en la casa del señor Palmer, con rachas de viento que rondaban los cuarenta kilómetros por hora y greenes firmes y rápidos. De hecho, el registro final de 70 golpes del sueco aquel día fue el undécimo mejor.

Es muy curioso: a juicio de no pocos profesionales de golf y analistas, Meronk mereció sobradamente aquel año una de las seis elecciones del capitán para jugar la Ryder Cup en Roma. No se había metido en el equipo por sus propios medios, pero estaba arriba en las clasificaciones, desde luego mucho mejor colocado que un tal Ludvig Aberg… Pero al sueco, como ha quedado dicho, había que hacerle un hueco, aunque fuera a codazos. Sólo han pasado dos años, pero la determinación de Donald (y Edoardo Molinari) ha sido suficientemente respaldada por los hechos.