
Sergio García (-10) se asemeja hoy al gran corredor de fondo que no mira hacia los lados. Que no vuelve la cara atrás…Que controla sus reservas y aguarda sin inmutarse el momento de flaqueza de sus rivales. Que corre, corre y corre a un ritmo infernal.
Una semana después, repite. Líder después de 54 hoyos en el Barclays como lo fuera en el Wyndham. Entonces eran tres golpes de ventaja los que atesoraba antes de la ronda final. Hoy son dos sobre Nick Watney (-8), que mañana volverá a acompañarlo en el partido estelar.
El resultado de su vuelta ha sido el que ha sido, un 69 sólido y potente, dos menos en el día. Pero las sensaciones que transmite son superiores. Nadie está libre del error, y mucho menos en un Bethpage Black que presentaba hoy unos greenes antárticos. Las secuencias de tripateos han sido una constante en la jornada, hasta el punto que el mismísimo Tiger (-4, hoy uno más) ha gestionado hasta cuatro greenes a tres putts. Lo nunca visto. Y no es un modo de hablar: jamás le había ocurrido en toda su carrera.
Nadie está libre del error, decíamos, y Sergio tampoco. Pero en estas dos últimas semanas a veces ha dado la sensación de que falla por una mera razón estadística. Porque la perfección no existe. En semejante estado su repertorio parece inagotable y todas las comparaciones con él resultan odiosas.
Su resultado ha sido el que ha sido, y de hecho se han visto un puñado de tarjetas mejores que la suya. Pero es imposible no preguntarse si no está haciendo por momentos lo que quiere, cuando quiere y como quiere. De acuerdo: cualquiera sabe que no es así, que estará sudando la gota gorda, que el campo y los rivales aprietan, y más que lo van a hacer… Pero no lo parece. Y no lo parece por ese modo suyo de andar ahora por el campo, de focalizar en cada momento el objetivo preciso, de discernir la estrategia adecuada, de pegar misiles tierra-tierra o bombazos a las nubes a antojo, de ejecutar el efecto diseñado segundos antes en la cabeza…
Contemplar a Sergio García estas dos últimas semanas pueden reconciliarle a uno con la más pura y noble esencia del deporte: ganar es maravilloso, pero no cabe duda de que ni es lo único ni lo más importante.


