Inicio Grandes Circuitos PGA Tour ¿Hasta qué punto son preocupantes los números de Aberg?
El sueco atraviesa un pequeño bache de resultados

¿Hasta qué punto son preocupantes los números de Aberg?

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Ludvig Aberg, en el Scottish Open © Golffile | Steve Flynn
Ludvig Aberg, en el Scottish Open © Golffile | Steve Flynn

No es ningún desastre. No hay que llevarse las manos a la cabeza. No hay incendio, pero quizás sí hay una pequeña humareda en torno a Ludvig Aberg. Hace doce meses lograba en Riviera su mejor triunfo profesional y se colocaba cuarto en el ranking mundial, igualando la mejor posición de su carrera. Este lunes, con 26 años, amaneció en el puesto 23º, su escalafón más bajo desde principios de 2024 cuando todavía era un novato profesional.

El sueco fue, durante su primer tramo como pro, una especie de metrónomo moderno: pegaba largo, pegaba recto, no se complicaba la vida con el putter y, sobre todo, parecía inmune a los altibajos que suelen acompañar a los novatos. No olviden que Luke Donald no dudó en llevárselo a la Ryder apenas unos meses después de hacerse profesional. No se olviden tampoco que en su debut en el Masters no se limitó a pasar el corte y llegó a tocar el liderato el domingo en Augusta en lo que hubiera sido una hazaña impensable para un debutante.

Como se ha dicho, el punto de inflexión —o, al menos, el momento desde el que el relato cambia— está bastante localizado: hace doce meses, cuando ganó el Genesis Invitational (su segunda victoria en el PGA Tour) e igualó su mejor ranking mundial. Desde ahí, su rendimiento no se ha hundido, pero sí se ha vuelto menos fiable.

Si nos quedamos en su circuito habitual, el PGA Tour, el número que más llama la atención es el de los cortes. Desde su última victoria ha fallado seis cortes en 20 torneos. Traducido: un 30% (6/20), que para muchos jugadores entra dentro de lo asumible en una temporada larga, pero que en el sueco suena raro porque venía de un estándar altísimo.

Hasta su triunfo en Riviera, desde que se hizo profesional, había fallado tres cortes en 36 torneos. Es decir: una tasa bajísima del 8∞, impropia de alguien que estaba aprendiendo el oficio. Además, no era solo no fallar, era asomar arriba con una frecuencia, no Scheffleriana, pero sí muy muy alta.

  • Antes de ganar el Genesis:
    • 3 cortes fallados en 36 torneos (8%)
    • 16 top 10 en 36 torneos (≈ 44%)
    • 24 top 25 en 36 torneos (≈ 67%)

En este último tramo de 12 meses, la cosa se ha normalizado… pero para él es una bajada significativa:

  • Desde la última victoria:
    • 6 cortes fallado en 20 pruebas (30%)
    • 4 top 10 en 20 (20%)
    • 10 top 25 en 20 (50%)

Es decir, en un año ha fallado el doble de cortes que en los dos años anteriores juntos. No es una catástrofe, pero sí una señal. La pregunta es si esto es simplemente la curva natural de un jugador joven —un bache de forma, un calendario que pesa, un par de semanas torcidas que deforman porcentajes— o si hay un factor de fondo.

Este último curso también ha tenido luces más que positivas. Ahí está el ejemplo de Bethpage: el domingo se movió como pez en el agua para dar un punto decisivo. y también su tercero en la Final de Dubái. Resultados más que notables.

En toda esta ecuación de altibajos entra un elemento que no parece menor: sus problemas intestinales. Lleva trece meses con molestias estomacales, que no le impidieron ganar el Genesis, pero en la que no está claro que le hayan encontrado una solución y ha comentado en algunas ocasiones que es algo en lo que están mirando con lupa. No parece que el diagnóstico esté siendo sencillo. Ludvig reconocía hace unos días que estaba mucho mejor, pero tampoco daba más detalles sobre el origen o sobre si el problema está solventado.

Probablemente todo quede en un bache. No grave, pero sí significativo porque venía de una versión muy premium de sí mismo. Digamos que ha pasado de ser casi infalible a ser “humano”. Quizás, en su caso, lo que más se echa de menos no es un resultado concreto, sino esa sensación de entereza. Las letras las carga el diablo y es probable que se vea su mejor versión muy pronto. La realidad es que con Aberg siempre tienes la sensación, muy real, de que cuando se enchufa —con driver en la calle y un putter mínimamente decente— puede ganar en cualquier semana.