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Hollywood, toma nota

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El desenlace del Greenbrier Classic deparó una Historia con mayúsculas. El desconocido Ted Potter Jr. logró su primera victoria en el PGA Tour tras derrotar al también desconocido Troy Kelly en el tercer hoyo de desempate. De película. Sería un reconfortante drama de lágrima fácil…

Una nueva escenificación del sueño americano que posiblemente acabaría con un plano de la bandera de Estados Unidos. Y todos saldríamos del cine con una sonrisa…

Los guionistas de Hollywood estuvieron ayer con los ojos abiertos de par en par y el lapiz afilado. Lo que se vivió en el recorrido Old White TPC de West Virginia era un cuento. La trama es la siguiente…

Un torneo de máximo nivel del PGA Tour en el que los dos mejores jugadores del mundo de los últimos 15 años (Tiger Woods y Phil Mickelson) no pasan el corte. Se llega a la última jornada con un líder sólido. A falta de nueve hoyos, Webb Simpson, flamante ganador del US Open y nueva estrella norteamericana, lidera con un golpe de ventaja. A su alrededor, un puñado de jugadores desconocidos que buscan la gloria.

Ocurre lo inesperado. Simpson, después de encadenar 59 hoyos sin cometer bogey, sufre un colapso. Lo mismo que le sucedió en este mismo campo el año pasado. Van cayendo los bogeys y cede el liderato. Entonces, emergen las figuras de Troy Kelly y Ted Potter Jr., dos absolutos desconocidos que ocupan los puestos 342º y 218º del ránking mundial, respectivamente. Y cuyo mejor posición este año había sido un 13º para Potter, y un 47º para Kelly. Todo apunta a que ganará Kelly, pero la historia vuelve a dar un giro inesperado. Potter, el verdadero protagonista del cuento, termina con eagle y birdie (17 y 18) y fuerza el playoff.

Las carreras golfísticas de Potter y Kelly son ejemplos de superación. Kelly se sometió en septiembre de 2010 a una peliaguda operación para colocarle un implante en la cadera. Una leve cojera le recuerda constantemente aquella intervención. Estuvo cinco meses fuera de los campos de golf. Pero volvió a tiempo para terminar undécimo en el web.com Tour (antiguo Nationwide) y ganarse la tarjeta del PGA Tour.

La historia de Potter es aún más ‘hollywoodiense’. Nació en Florida en el seno de una familia humilde. Su padre se encargaba del mantenimiento de un campo de golf, mientras que su madre trabajaba en un supermercado. El golf siempre fue la pasión del pequeño Potter, pero en casa no había dinero para pagarle las clases. Así, aprendió únicamente con la ayuda de su padre, a lo Mickelson, poniéndose enfrente suya y absorbiendo cada movimiento. Es la razón de que este diestro juegue a zurdas.

Empezó a destacar y ganar campeonatos locales muy pronto. Tenía mucho talento. Sin embargo, no tenía dinero para disputar las grandes citas. Estaba fuera del radar. No tuvo más remedio que pasarse a profesional con 19 años para tratar de costearse su soñada carrera como golfista.

Comenzó desde abajo y muy pronto empezó a ganar. Dominó los mini-tours americanos, logró victorias y consiguió el dinero suficiente para pagar la Escuela del PGA Tour. Su ‘leiv-motiv’. En 2004 llegó a la Final, pero no logró la tarjeta. Se quedó justo un escalón por debajo. Jugó el Nationwide y se estrelló de manera estrepitosa. Falló todos los cortes. 24 de 24. Volvió a los Mini-Tours, donde ganaba con asiduidad. De hecho, fue elegido dos años mejor jugador del Hooters Tour. Pero el Nationwide seguía siendo un muro. En 2007 jugó 20 torneos y falló el corte en 15.

“Son momentos difíciles. Cuando fallas tantos cortes te vienes abajo y piensas que quizás no tienes el nivel suficiente para llegar ahí. Pero lo seguí intentando porque era muy joven. En 2007 sólo tenía 23 años”, explicaba ayer con la voz temblorosa Potter después de ganar.

Finalmente, en 2011 supera el listón del Nationwide. Es un jugador irregular y falla muchos cortes, pero gana dos torneos y acaba segundo en la lista de ganancias. Al final llega al PGA Tour. Su perseverancia obtiene el premio.

En su primer torneo en el gran circuito este año (Sony Open) acaba 13º. En los catorce siguientes, falla el corte en nueve, entre ellos, los cinco anteriores a este Greenbrier Classic. Pero Potter ya sabe de qué va esta película. Está acostumbrado, tiene el cuerpo lleno de heridas y no tira la toalla así como así.

Y ayer ganó. En el tercer hoyo de desempate. Después de pegar un tirazo sensacional en el hoyo 18 (par 3) y dejar su bola a un metro. Después también de haber dejado escapar una oportunidad increíble en el segundo hoyo de desempate. Tenía un putt de metro y medio para ganar y se le escapó. Un drama de Hollywood.

“Lo mejor es que ahora tendré dos años de tranquilidad por delante para poder trabajar a fondo y mejorar mi nivel para conseguir más victorias”, señaló tras un triunfo que llega con un gran valor añadido: le abre las puertas del próximo British Open y del Masters de Augusta de 2013, el torneo con el que siempre soñó mientras lavaba los buggies del campo Lake Diamond de Florida con 18 años.

Ayer en el Greenbrier, la varita de Potter volvió a hacer magia.

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