Harris English, J.B. Holmes y Scott Stallings lo vieron muy claro cuando se subieron al tee del hoyo 18 para comenzar el desempate en el Farmers Insurance Open. «Este australiano no es un buen compañero de viaje», pensaron todos al mismo tiempo al ver la cara de felicidad de Jason Day, el cuarto miembro de este playoff con el que se dilucidó la victoria en Torrey Pines.
Day estaba feliz, en su salsa, jugando un match play, especialidad de la casa, y en un escenario grande, en el campo que acogió el US Open de 2008. Era como poner tres chuletones de ternera en la boca de un león hambriento. Day los devoró.
En el primer hoyo de desempate cayeron English y Stallings, que no pudieron hacer birdie como sus compañeros, y en el segundo cedió Holmes, que cometió un siempre inoportuno bogey. El segundo hoyo del playoff fue el 16, un par 3 que le dio la gloria a Day. Ahí consiguió en su hoyo 70 un birdie descomunal para plantarse en el desempate. Metió un putt de casi quince metros. Y ahí resolvió el torneo con un par rutinario.
Day ha vuelto. Atrás quedan meses muy duros marcados por las lesiones. Unas lesiones que frenaron por completo su asalto al Número Uno del mundo. Era el objetivo que se había marcado cuando conquistó en febrero del año pasado el WGC Accenture Match Play. Sin embargo, entre el pulgar y la espalda estuvo toda la temporada que sí, pero no, con apariciones esporádicas, apenas jugó once torneos, y más pendiente de los dolores que del golf. «Tuve muchas dudas, lo pasé mal. Realmente llegué a pensar si algún día volvería a jugar al golf como antes. Fueron tiempos duros porque, además, llegaron en el peor momento. Siempre he dicho que mi objetivo es ser Número Uno del mundo y creo que tras ganar el Match Play estaba preparado», señaló.
En el Farmers ha comenzado el segundo asalto de Jason Day. El australiano está dispuesto a convertirse en un serio dolor de cabeza para McIlroy. De momento, ya se ha colocado cuarto en el ránking mundial. «Es lo que quiero hacer y lo que quiero ser. Sé que Rory es un jugador excepcional, pero con trabajo y dedicación todo se puede conseguir. Antes de ganar el Match Play me visualicé el domingo con el trofeo entre las manos. La semana pasada hice lo mismo con el Farmers. Lo tendré que repetir más a menudo», señaló entre risas el último candidato a moverle la silla a McIlroy.



