
Sergio García acaba tercero en el THE PLAYERS, a dos golpes del alemán
Martin Kaymer (-13) ha ganado el THE PLAYERS. El alemán está de vuelta por las alturas. Venció después de pasearse por la cuerda floja y de embocar un putt en el 17 de Sawgrass que debe archivarse ya mismo en la carpeta de golpes legendarios.
Antes de una inoportuna suspensión por tormenta eléctrica, el alemán ya tenía medio torneo ganado (acumulado de -15, con una ventaja de tres golpes sobre el segundo). Pero la seguridad y aplomo mostrada hasta ese momento (le quedaban cuatro hoyos tras la reanudación), tornaron en fragilidad y dudas. Y estas cristalizaban en un doble bogey en el hoyo 15 algo más que inquietante: fallaba la calle, el segundo tiro, el approach de tercer tiro, la sacada de bunker posterior… Jim Furyk, entonces, uno de los mejores del día con un 66 espléndido, tomaba aire en la casa club, aguardando acontecimientos con su -12 puesto sobre la mesa. La liada del germano incluso dejaba una rendija abierta a Sergio (-11) y al propio Jordan Spieth (-10), pero estos hubieran necesitado un trío de birdies para terminar. Demasiado.
Kaymer tampoco hacía el birdie en el par 5 del 16 y se plantaba en el tee del carismático 17 con un golpe de ventaja sobre Furyk. Otra vez el green en isla más famoso del mundo en el papel de hacedor de suspense, el que mejor interpreta año tras año. El golpe de salida de Kaymer no fue bueno: botó en la chepa-talud del pequeño bunker que defiende este green y la bola tomó un efecto horroroso y descontrolado que casi la lleva al agua, reposando milagrosamente en un espeso collarín, a casi veinte metros del hoyo. El segundo golpe, pobre, apretaba aún más la soga, pues aún se dejaba un putt diabólico de casi nueve metros, con caída pronunciada de izquierda a derecha y cuesta abajo.
Pero Martin aún pudo meterse en la burbuja para dibujar su banana de leyenda, apuntando casi dos metros a la izquierda del agujero y tocando con primor la bola, que entraba por todo el centro. Después, en el 18, confirmaba la victoria con un gran cuatro, pegando el driver desde el tee, por si todavía tuviera que dar fe de su valor… Aquella banana de leyenda le mete de lleno y por derecho propio en un club también de leyenda. El alemán acumula en su vitrina de trofeos un major, dos WGC y un THE PLAYERS, una ‘triada’ de la que hasta el momento sólo podían presumir Tiger Woods, Phil Mickelson y Adam Scott. Además, Martin tiene también en su rico palmarés el honor y el orgullo de haber metido un putt decisivo para ganar una Ryder. Y todo esto con menos de 30 años.
A su vera, Spieth se había ido enfriando según pasaba la vuelta tras un inicio prometedor en el que llegó a liderar el cotarro. Pero al joven norteamericano le llegaba el primer bogey de la semana en el hoyo 5, después de 58 hoyos de currículo inmaculado, y a partir de ese momento perdía gas. El análisis más simple pasa por dejar caer que al texano le falta todavía un punto de cocción para convertirse en un gigante, pero semejante explicación no termina de convencer. La realidad también nos muestra a un jugador preparado para todo. Luego, por supuesto, se gana o no. Tampoco han sido capaces Scott, Stenson, Watson o Kuchar, vaya pléyade, de asaltar todavía el Número 1 del mundo y nadie se escandaliza por ello…
Sergio García había salido con la artillería cargada y dispuesta, desplegando un juego soberbio. Pero, aún jugando bajo par (tarjeta de 70), se le nublaban las cuentas después de mandar su bola al agua en el 11, par 5, de segundo tiro y de firmar otro bogey en el 14. Y se le venían abajo definitivamente tras la suspensión después de errar un putt de birdie en el 16 de unos dos metros.
Vista su vuelta en conjunto, es muy probable que alguno de estos errores, sobre todo el del 11, tuviera algo que ver con unos nueve primeros hoyos jugados de forma primorosa y en los que el botín no fue tan abundante como debiera, a pesar de haber jugado este tramo con un parcial de dos menos. Nadie, en los partidos importantes, las dejó tan cerca en los hoyos 4, 6 y 8, por poner algunos ejemplos. Pero ya se sabe: el botín se recoge en los greenes y sólo en los greenes, no hay otra, y el español no estuvo todo lo certero y afortunado que hacía falta. De otro modo quizá habría dado caza a los líderes y no se hubiera jugado esa delicada madera, tras fallar la calle y desde la pinaza, al green del 11. Nunca lo sabremos con certeza, pero la sospecha tiene su lógica…
Gonzalo Fernández Castaño (-2), por su parte, terminaba con una vuelta notable de 70 golpes. Aún le falta cuadrar ‘esa semana’ en la tierra de las oportunidades, pero sigue dejando pistas con rondas de altura aquí y allá. Por tanto, el patrón de golf de altura está ahí, y sólo hace falta coser con mano paciente el traje.


