
Billy Horschel (-14) ha ganado el BMW, su segunda victoria en el circuito americano y, por supuesto, la más importante: por la calidad del evento, porque se va a disparar hasta el top-25 del mundo y también hasta el segundo puesto de la FedEx Cup, siendo por tanto serio aspirante al cheque millonario de los diez millones de dólares.
Ryan Palmer (-9) acertó a meter presión a Horschel hasta el último tercio de la vuelta, cuando se derrumbaba irremisiblemente tras pegar un cañazo desde el rough en el 12 que le costaba un doble bogey. El testigo lo recogía Sergio García (-9), que venía labrando una formidable remontada hasta que perdía pie trágicamente en el 17: cinco menos en los primeros siete hoyos, seis menos en el tee del 17 y allí, en el green en isla de este par 5, triple bogey y fin de la historia tras errar un tiro de unos ochenta metros y enviar luego un chip al agua.
De todos modos, el norteamericano de 28 años, el chico de los pantalones atrevidos y trazas de actor hollywoodiense, se había mantenido arriba toda la última jornada con equilibrio e inteligencia. Sin alardes, pero con temple y, sobre todo, sacando a pasear de nuevo su centelleante putter en los momentos más delicados.
Estos dos errores encadenados en el hoyo 71 del torneo, cuando todavía aspiraba a ponerle las cosas difíciles al líder, abrirán de nuevo el eterno debate (el twitter echaba humo). Si le cuesta un potosí rematar, si le falta instinto asesino, si debió jugar el hierro 3 desde el fairway… Es su eterna condena. Sergio García (-9) es víctima de su propia excelencia: este debate sólo puede reabrirse una y otra vez precisamente porque el jugador español rema y rema para ponerse de nuevo en disposición de ganar muchos domingos al año.
Si alguien quiso (quiere) ver en Sergio García un deportista empeñado en no exprimir todo su talento, está seguramente en su derecho, que tampoco se trata de dramatizar y al fin y al cabo cada cual modela su subjetividad como le da la gana. Pero es posible también que se equivoque de cabo a rabo.
Porque Sergio tiene sus limitaciones, como todos en la élite del golf mundial (salvo el mejor Tiger, quizá, cuyo poder llegó a parecer ilimitado), y la gracia de este jugador es precisamente esa: la batalla que viene librando desde hace quince años por estar siempre en la brecha. Cae y se levanta. Y entre medias aún le queda tiempo de ganar algún torneo ‘menor’ (sólo suma 19 en los dos grandes circuitos mundiales).
Ya lo dijo José María Olazábal el pasado mes de mayo, durante el Open de España, sin que nadie le preguntara específicamente por ello: «a lo mejor algún día se valora a Sergio García como se merece porque a veces parece que no sabemos lo que tenemos».


