Scottie Scheffler tiene un máxima que cumple siempre a rajatabla: el trabajo se hace en casa, no en las semanas de torneo. El Número Uno del mundo no es amigo de dar cientos y cientos de bolas los días de práctica en las semanas que compite. Esas jornadas se dedican a conocer el campo, entender la hierba, la dureza de los greenes, cómo se va a comportar la pelota en según qué situaciones, las líneas desde el tee… En definitiva, nada de cosas técnicas de swing y todo estrategia y plan de ataque para jugar ese campo en cuestión de la mejor manera posible. Esta filosofía es innegociable.
Así las cosas, imaginen lo mal que se sintió el jueves, en la primera jornada del WM Phoenix Open, cuando firmó una tarjeta de 73 golpes (dos sobre par) y con el corte en la nuca, para traicionarse a sí mismo. Como excepción que confirma la regla, Scottie fue directo al campo de prácticas nada más firmar la tarjeta. «Estaba tan desanimado que casi ni quería ir a entrenar. Pero fui allí y mereció mucho la pena. Sentí que había pegado muchísimas bolas para empezar la semana, más de lo que normalmente haría; y la verdad es que no dio resultado», explicó este viernes al acabar el segundo día con una magnífica tarjeta de 65 golpes, ocho mejor que el jueves. Una situación extraña, como él mismo asegura. «no recuerdo la última vez que me sentí tan mal como para no tener ganas de entrenar».
Es la gran paradoja de Scheffler esta semana en el TPC Scottsdale. La doble traición. Primero al confesar que pegó más bolas de lo habitual los días antes del torneo y segundo por acudir de nuevo a la cancha de prácticas para tratar de resolver lo que había ocurrido el primer día. Lo segundo sí dio resultado. Aunque no le apetecía, funcionó. «Siempre he sido partidario de decir que realmente no puedes “encontrarlo” durante la semana del torneo, pero el jueves di con una pequeña cosa en el grip que pareció ayudarme mucho a colocar las manos de forma más segura en el palo. A ratos el jueves me sentí un poco perdido ahí fuera, así que hoy fue mucho mejor. Me sentí más en control de mi juego. Obviamente se puede ver en la tarjeta», sentencia.
No entró en mucho detalle para explicar lo que había sucedido o cómo lo había arreglado, pero sí lo suficiente para entenderlo. «Es un poco difícil de explicar. Lo describiría como conseguir que las manos estuvieran un poco más seguras en el palo. Ayer por la tarde fue un día de esos de picar piedra. Intento evitarlos todo lo posible en los torneos, pero después de cómo me sentí sobre la bola, era totalmente necesario». Una traición obligada.
Del mismo modo, Scheffler admitió que había caído en la trampa que siempre te prepara el Phoenix Open. Es algo similar a lo que ocurre en Augusta. Es un campo en el que debes encontrarte con los birdies, no ir a por ellos. «Es un campo en el que, cuando estás en juego, cogiendo muchas calles, puedes ir agarrando una buena inercia y hacer muchos birdies seguidos, especialmente en los segundos nueve. Sin embargo, en cuanto empiezas a meterte en problemas puede ser muy duro, sobre todo este año con el rough más alto y los greens empezando a ponerse más firmes. No puedes forzar este campo. Hoy la bandera del 1 estaba durísima, a la del 2 prácticamente no puedes ir… Si empiezas a ir a cazar a la desesperada, te vas a quedar atrás muy rápido. Quizá por eso cometí tantos errores ayer. Hoy hice un trabajo muy bueno manteniéndome paciente incluso cuando las cosas no iban a mi favor y luego jugué sólido en el tramo final».
Por último, Scheffler desveló que aún no ha metido en la bolsa el nuevo driver de TaylorMade. «Soy una persona difícil para meter un palo nuevo en la bolsa. Ya de por sí soy un poco reacio a los cambios, mucho más si tengo un driver con el que he ganado un montón de torneos; he tenido mucho éxito con él. No voy a meter nada en la bolsa a menos que sienta que es mejor. Estamos muy cerca. He visto algunas mejoras, seguro, en el driver nuevo. Simplemente todavía no ha llegado exactamente a donde tiene que llegar para que yo lo ponga en competición».



