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Cameron Young explica sus sensaciones en los dos últimos hoyos tras conquistar el THE PLAYERS

Así se gestó el que probablemente es el mejor drive de la historia del THE PLAYERS

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Cameron Young abraza a uno de sus hijos mientras sostiene el trofeo de campeón del THE PLAYERS.
Cameron Young abraza a uno de sus hijos mientras sostiene el trofeo de campeón del THE PLAYERS.

Cameron Young ejecuta un tiro magistral en el hoyo 17. La presión es máxima. Es domingo. El estadio bulle. Gritos de «USA, USA, USA». Está un golpe por detrás de Matt Fitzpatrick. No es la Ryder Cup, ni mucho menos, pero se parece. El ganador del THE PLAYERS Championship se va a decidir en un puñado de los golpes. Los próximos cinco, seis, siete. No va más.

El golfista neoyorkino, con aspecto de trabajar en una fábrica metalúrgica de principios del siglo XX, se quita mérito. «Era un golpe difícil, pero tuve suerte. Había viento a favor y eso me ayudó a tener la distancia perfecta. Sabía que era un wedge de 57 grados, un sand wedge a tope. Si le pegaba bien volaría el búnker por uno o dos metros. Hubiera sido más problemátivo pegar un gap wedge recortado. La distancia era perfecta», explicaba este domingo a los periodistas escoltado por el reluciente trofeo dorado de campeón.

El golpe fue buenísimo y lo convirtió en extraordinario embocar el putt de birdie. Empataba con Fitzpatrick en el liderato. Todo se decidiría en el hoyo 18. Ahí ya no hubo suerte que valga, sino determinación, convicción y deseo. Young, mientras hacía los números con su caddie Kyle, trataba de limpiar de su cabeza la molesta sombra de lo que había sucedido el día anterior. Pegó un buen drive, pero se marchó al agua por un metro. «Es una salida muy intimidante», confesaba después.

Era una situación de ahora o nunca y Young lo sabía. Por eso, mirando al suelo, enfocándose unos segundos antes de ejecutar el golpe, se dijo la frase: «Voy a pegar el mejor golpe de mi vida». Nunca antes se había dicho algo parecido en un campo de golf. Jamás. Y lo explica: «Quizá porque nunca antes había estado en una situación así, saliendo empatado al último hoyo en un torneo de este calibre. Cuando gané en el Wyndham pasé por el hoyo 9 con nueve golpes de ventaja».

El hecho es que lo dijo y lo cumplió. Pegó el mejor golpe de su vida. Es más, pegó el que seguramente es el mejor drive que se ha pegado en la historia del THE PLAYERS Championship. Es imposible realmente hacer una afirmación de ese calibre de manera objetiva, pero si analizamos las circunstancias, no parece una conclusión desmesurada. El dato objetivo es que ese drive de Young ha sido el más largo que se ha medido en ese hoyo en la historia del THE PLAYERS. O lo que es lo mismo, desde 2003, año en el que empezaron a medirse estas cosas. Y además, la salida del 18 es objetivamente la más difícil del Stadium course de Sawgrass. Por no hablar del momento. Parece muy improbable que con anterioridad a esa fecha se pegara ahí un golpe más largo. Fueron 375 yardas de pura adrenalina y deseo. Un arrebato. «Voy a pegar el mejor golpe de mi vida». Y así fue.

El campeón del THE PLAYERS no es amigo de darse importancia, más bien al contrario. Se muestra como alguien tímido y reservado. «Mis hijos estaban más pendientes del dron que del trofeo, algo que te ayuda a poner los pies en el suelo», afirmaba ayer. De la ronda final se queda con su actitud mental. Después de Riviera, donde no le fueron bien las cosas, hizo borrón y cuenta nueva. «Sentía que mi cabeza no estaba en el sitio correcto. Decidí que en Bay Hill y aquí iba a centrarme completamente en el proceso y la ejecución durante dos semanas, sin pensar en el resultado. Intentar aceptar lo que ocurra y lo que hagas. Ese cambio de mentalidad creo que fue parte de jugar buen golf», aseguraba.

De nuevo el proceso y la aceptación, el gran mantra del golf profesional actual junto al manejo de las expectativas. «Estoy intentando dejar de pensar en dónde estoy respecto a dónde creo que debería estar en mi carrera. Mis expectativas han sido demasiado altas. Este es un juego muy difícil y hay muchísima gente muy buena».

A Young le costó ganar por primera vez en el PGA Tour más de 90 torneos. Ahora ha sumado su segundo triunfo en once salidas y ya está pensando en Augusta. Concretamente, «en llegar lo mejor preparado posible al domingo del Masters». Sí, dijo el domingo, como si ya diera por hecho que va a ser una buena semana y que tendrá opciones de ganar en la última jornada. Bonita batalla esa que libran en la cabeza de los golfistas la determinación contra las expectativas.

En este sentido, hablando de lo psicológico, Young se refirió al impulso que supuso la Ryder Cup de Bethpage. «Me ayudó mucho. La Ryder Cup fue una gran experiencia de aprendizaje sobre cómo manejo los nervios. Te da contexto de cómo puedes rendir y pensar cuando te sientes así. Los nervios son complicados. Tus sentidos se intensifican. Normalmente pego la bola más lejos. Es un equilibrio entre reconocer que están ahí y usarlos a tu favor. Hoy los nervios llegaron en el último putt del hoyo 18. Era muy corto, pero casi me derrumbo. No veía nada. Quizá me debía haber salido del putt, pero lo tiré y por suerte entró».

Todo es un poco más fácil cuando pegas el mejor golpe de tu vida en el momento que más importa.