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La historia más sangrante de la Final de la Escuela del PGA Tour

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Ben Kohles. (© Golffile | Fran Caffrey)
Ben Kohles. (© Golffile | Fran Caffrey)

La Escuela es así. Siempre así. En el PGA Tour, DP World Tour, Asian Tour o el Alps Tour. Lo mismo da. Cuando todo acaba sólo quedan un puñado de jugadores felices y una gran mayoría frustrados y decepcionados. No hay término medio. O sacas la tarjeta y tienes un puesto de trabajo al año siguiente, o te toca seguir picando piedra hasta la próxima oportunidad. Este domingo acabó la del PGA Tour, disputada en el Stadium course y el Dye’s Valley course del Sawgrass. Cinco, sólo cinco, se comieron las perdices. El resto, un total de 169, tendrán que seguir esperando para tener una categoría completa en el mejor circuito del mundo.

De esos 169, hay historias de todo tipo y condición. Los hay que perdieron cualquier esperanza tras una mala primera jornada, los que se fueron diluyendo con el paso de las vueltas, los que sólo tuvieron un mal día, pero fue devastador, aquellos a los que la presión les impidió ofrecer ese golf que sí sacan a menudo en las vueltas de entrenamiento, otros se retiraron a la vista de que ya poco podían hacer y después, como cada año, hay alguna historia sangrante. El protagonista de la de este año es Ben Kohles.

Es un jugador de 35 años nacido en Dallas. Un viejo conocido del PGA Tour. Ha tenido varios años la tarjeta y ha ganado en cuatro ocasiones en el Korn Ferry Tour. Es un golfista hecho, con experiencia, pero que por unas cosas u otras nunca ha conseguido asentarse en la primera división con continuidad. Kohles era líder del torneo a falta de 11 hoyos. Es decir, era uno de los cinco que en ese momento tenía la tarjeta en el bolsillo. Sin embargo, en 15 minutos todo saltó por los aires.

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Falló la salida en el hoyo 8 del Dye’s Valley a los árboles de la derecha. La bola se le quedó en una zona de hojas secas caídas, una escena propia de esta época del año. Tenía un golpe delicado y lo quiso preparar con mimo. Lo primero que hizo fue retirar las hojas y pequeños trozos de rama sueltos que rodeaban a la bola y que le molestaban para ejecutar el golpe. En un momento dado, al retirar una hoja, no se da cuenta de que es más grande de la cuenta y termina moviendo también su bola. Drama.

Llama a un árbitro, consulta la acción e inapelablemente recibe un golpe de penalidad. Es de primero de reglas. No había discusión. Con la sanción y teniendo en cuenta que la bola estaba en una situación complicada, Kohles termina resolviendo el hoyo con doble bogey. De pronto, pasa de la primera posición a la novena. Puñetazo directo al mentón, aunque sigue metido en la pelea por acabar entre los cinco primeros.

Todo se va al traste en el siguiente golpe. Manda al agua la salida en el hoyo 9. ¿Es este error consecuencia de la penalidad? Seguramente ni siquiera él mismo lo sabe, pero así parece. Firma un nuevo doble bogey y ahora sí ha sido devastador. Cae al puesto 22º de la clasificación. Todo en 15 minutos. Sólo un cuarto de hora. Kohles terminó con una tarjeta de 75 golpes en el puesto 29º. Se queda sin la tarjeta completa del PGA Tour. Tiene una categoría condicional que le permitirá jugar algún torneo, pero su hogar en 2026 será el Korn Ferry Tour. Así es la escuela. Todo puede cambiar de un momento a otro.